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Una luz de esperanza en la ONU

Lunes 20 de marzo de 2017
PARA LA NACION
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En Montevideo, hace menos de un año me encontré a tomar un café con Antonio Guterres. Su aspiración a la Secretaría General de las Naciones Unidas era una quimera, pues las chances no jugaban a su favor. Sin embargo, me trasmitió con pasión y convicción sus sueños y todo lo que haría si asumía esa responsabilidad. Me dio una enorme alegría cuando en Nueva York el Consejo de Seguridad lo eligió Secretario General.

Antonio ha asumido en un mundo que aprendió poco de sus tragedias del siglo XX y de estos años del siglo XXI. Nada nos sorprende: desde la animosidad étnica, la radicalidad religiosa, las intervenciones militares hasta el terrorismo sin fronteras. Siria e Irak son sólo casos paradigmáticos. En en lo económico en el pasado siglo XX, unos han querido eliminar el Estado para que prime solo el mercado, otros eliminar el mercado para que solo exista el Estado, y en esa dicotomía de tesis y realidades fracasadas, se ha colado el cáncer de la corrupción. El resultado es más pobreza. Hoy hay 65 millones de refugiados en el mundo. La cifra más alta desde que se creó la ONU. Con esto tiene que lidiar Antonio Guterres hoy.

El filósofo búlgaro-francés Tzvetan Todorov lo ha expresado: "En la sociedad actual estamos exagerando el miedo a los otros. Y ese terror a los que consideramos bárbaros nos convierte en bárbaros a nosotros. Este miedo a los inmigrantes, al otro, será nuestro gran primer conflicto en el siglo XXI".

Paradoja: los Estados Unidos, promotor máximo de la globalización, ahora se entusiasta "en protegerse" construyendo muros. Serán los pobres los más afectados de este proceso y aún no tienen conciencia de ello.

Trygve Lie, primer secretario general la ONU 1946-1952, describió dicho puesto como "el trabajo más imposible del mundo". Y, sin embargo, para su designación peleamos muchos, con todas nuestras fuerzas. La trayectoria de estadista de Guterres es extraordinaria. Ingeniero, parlamentario y primer ministro de Portugal. Fue presidente de la Internacional Socialista y ejerció, con honores y es su principal carta de presentación, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. Alto compromiso político y social.

El flamante secretario general lo ha expresado en más de una vez. "No hay paz sin desarrollo y no hay desarrollo sin paz, como tampoco hay desarrollo o paz posible si no hay respeto por los derechos humanos." "Las Naciones Unidas nacieron de la guerra. Hoy debemos cuidar la paz." Y: "Queremos que el mundo que hereden nuestros hijos venga definido por los valores consagrados en la Carta de las Naciones Unidas: la paz, la justicia, el respeto, los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad". ¿Había otro, u otra, mejor que él para enfrentar tales desafíos?

Que haya llegado al máximo cargo de la ONU una persona de las características de Guterres no es solo una excelente noticia, sino que es un mensaje de fe y esperanza en que se puede construir un mundo mejor. Uno donde impere el derecho, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, el desarrollo sustentable y la plena vigencia de los derechos humanos.

Aquella vez en Montevideo, pocos imaginaban lo complicado que se iba a poner el mundo meses después, pero reconforta saber que Antonio es una luz de esperanza en el camino, para que los ideales de libertad, igualdad, solidaridad y respeto a la persona humana no sean retórica, sino realidad.

Senador del Uruguay y vicepresidente de la Internacional Socialista

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