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Atlético de Madrid recuperó el colmillo y Sevilla se consume

Simeone le ganó a Sampaoli la batalla táctica en una suerte definal anticipada por la clasificación directa a la próxima Champions

Lunes 20 de marzo de 2017
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Enérgico, como siempre al borde del campo, Simeone siente que Aleti llega bien al final de la temporada
Enérgico, como siempre al borde del campo, Simeone siente que Aleti llega bien al final de la temporada. Foto: Reuters

MADRID.- Lo que cambia un mes. Antes de que llegara marzo, Diego Simeone sufría la temporada más gris desde que dirige el Atlético de Madrid. Jorge Sampaoli despertaba admiración, soñaba con títulos inimaginables para su Sevilla y lo deseaba el Barça.

Parecía que hubiera pasado una vida cuando los dos técnicos argentinos se enfrentaron ayer en un duelo decisivo de Liga. El Atlético vuelve a ser un bloque reconocible, efectivo, con apetito de hazañas; el Sevilla se desangra en el césped -agotado, sin alma- después de haber quedado eliminado de Europa y sentir cómo se esfuma la ilusión de la Liga.

El duelo en el Vicente Calderón dio la razón a quienes sostienen que el fútbol es un deporte anímico. El cuadro de Simeone aplastó al de Sampaoli desde el primer minuto. Sólo un exceso de displicencia en sus delanteros impidió una goleada humillante y clavó el resultado en 3-1.

Era una suerte de final alternativa. No se jugaba un campeonato, sino el tercer puesto, que da la clasificación directa a la Champions League, sinónimo de prestigio deportivo, pero sobre todo de ingresos millonarios para clubes que antes que nada son empresas con fines de lucro.

El Atlético quedó a apenas dos puntos del Sevilla (y el goal average a favor). Le descontó siete en estas tres semanas negras del equipo andaluz.

"Nos estamos reinventando otra vez después de un inicio de temporada muy complicado", celebró Simeone, con la voz afectada de tanto gritar.

Un tacticista empedernido como él no podía estar más satisfecho. Superó el planteo de Sampaoli en todas las circunstancias del partido. Y cada gol estuvo marcado por su sello: el primero de pelota parada (Diego Godín, de cabeza); el segundo, de tiro libre (Antoine Griezmann), y el último, después de un contraataque de libro (Koke).

Sabe Simeone que su mantra es pasión, garra, fe y mil sinónimos por el estilo. Pero también que sus jefes lo juzgan por su capacidad para cumplir objetivos. Y los objetivos son dos. Uno, casi mítico: ganar la Champions tras dos finales perdidas con el Real Madrid. Sigue en carrera. El otro, más mundano: asegurarse la clasificación para jugar en Europa el año que viene. La victoria de ayer lo hace factible.

El Atlético se embarcó en la mudanza a un estadio de clase mundial, prevista para septiembre, que le costará 300 millones de euros. Jugar la copa europea es primordial para solventar el proyecto. Sólo por clasificarse la UEFA le pagaría 15 millones de euros, con posibilidad de llegar a 100 millones en premios si avanza hasta el final. A eso hay que sumarle un plus en abonos, publicidad y marketing.

¿Será Simeone el técnico que estrene el banco del Wanda Metropolitano? Los rumores de su inminente salida se habían agigantado después del inicio pálido de temporada, a pesar de que su contrato vence en 2018.

En su entorno dicen que lo ilusiona dirigir al club donde es ídolo en su nuevo templo. Pero necesita sentir que los jugadores lo siguen. Los resultados (y el juego) positivo de las últimas semanas podrían significar el impulso que exige para seguir.

Hasta febrero el Atlético ni siquiera veía segura la cuarta plaza en el campeonato, que clasifica a un repechaje. Ahora les saca siete puntos a la Real Sociedad y al Villarreal, sus perseguidores.

La euforia de Simeone contrastaba con el rostro tenso de Sampaoli en la conferencia de prensa después del partido. ¿Dónde quedó el Sevilla alegre, valiente, de presión asfixiante y sólido en defensa?

"Hay que tener en cuenta lo emocional -dijo el técnico santafecino-. Estábamos en una posición muy expectante, peleando muy de cerca la Liga y cerca de pasar a cuartos de Champions. Todos esos intentos fallidos atentaron contra la ilusión de encontrar la chance de ganar estos partidos."

Dos empates contra equipos ganables en el campeonato local, la eliminación europea ante el Leicester (próximo rival del Atlético) y ahora esta derrota obligan a Sampaoli a trabajar mucho durante el receso por la fecha FIFA.

Ayer no le funcionó la línea de cinco defensas, le costó muchísimo hacerse con la posesión, fue inofensivo en ataque y sus jugadores cometieron errores inexplicables (la distracción de Gabriel Mercado en el gol de Godín; resbalones sistemáticos de los mediocampistas). Sólo el ingreso del argentino Joaquín Correa (autor del descuento) le aportó algo de peligro en el tramo final.

"Es una cuestión psicológica", insistió Sampaoli. Simeone podría haber dicho lo mismo de los suyos, a juzgar por cómo se dio vuelta una temporada en apenas un suspiro.

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