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El imprescindible de Real Madrid que estuvo bajo sospecha por haber sido barato

En un Real Madrid lleno de galácticos, pocos destacan a Casemiro, el medio centro brasileño

Santiago Segurola

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PARA LA NACION
Lunes 20 de marzo de 2017
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Casemiro, con CR7
Casemiro, con CR7. Foto: Reuters

MADRID.- "Algún día, cuando se hable del Real Madrid de los galácticos y sus posteriores derivadas, pocos recordarán a Casemiro, medio centro brasileño, experto vigilante defensivo y hombre discreto por naturaleza, en el campo y afuera. Casemiro, que es un excelente futbolista, es víctima de su precio. Le costó un millón de euros al Real Madrid hace cinco años. Durante el gobierno de Florentino Pérez, cualquier jugador tasado en menos de 30 o 40 millones de euros está bajo sospecha. Sin embargo, Casemiro , 25 años, encabeza un pequeño ejército de futbolistas imprescindibles en el equipo (Carvajal, Lucas Vázquez, Nacho y Asensio), todos ellos caracterizados por su profesionalidad, ejemplar rendimiento y vanidad controlada.

El sábado, en Bilbao, Casemiro fue decisivo en la victoria madridista. Hace mucho tiempo que el Athletic no representa un rival para el Real Madrid o el Barça en el combate por el campeonato. Su modelo está en las antípodas de la globalización que impregna por todos los costados al fútbol y al mundo. Decidió mantener la mayoría de sus viejas tradiciones y nadie se queja. Todavía hoy es difícil ver en Bilbao a un niño con la camiseta de Messi o Cristiano Ronaldo.

El rechazo a algunas de las principales fórmulas del fútbol actual no significa que sus viejos adversarios menosprecien al Athletic. Cada visita a San Mamés, antes La Catedral, ahora un estadio moderno, cómodo y elegante, se registra en el Real Madrid y en el Barça como un momento de gran importancia. Por fortuna, la historia pesa todavía en algunos ámbitos del fútbol. El Real Madrid sabía que Bilbao era una estación decisiva en su camino hacia el éxito en la Liga. Venció, no sin dificultades, en un duelo áspero y vigoroso, presidido en el Athletic por la excelente actuación del joven Williams y por el partidazo de Benzema y Casemiro en las filas madridistas.

Casemiro recordó, especialmente en el segundo tiempo, al gran Mauro Silva, la roca sobre la que se edificó buena parte del inolvidable Deportivo que llegó a derribar la supremacía del Barcelona y el Real Madrid. Brasileño como Mauro, Casemiro destacó como juvenil en el Sao Paulo. Integró la selección que ganó el Sudamericano sub 20, donde figuraban Neymar y Felipe Coutinho entre otras grandes promesas. Sin embargo, el rastro de Casemiro comenzó a perderse, primero en las alineaciones del Sao Paulo y luego en el bazar mercantil que es el fútbol actual.

Al joven centrocampista defensivo le rescató Ramón Martínez, jefe de los cazatalentos del Real Madrid durante los últimos años. Casemiro llegó en silencio, sin publicidad. No despertó el menor interés periodístico. Se habló de su prestigioso pasado como juvenil y poco más. El Sao Paulo lo traspasó en enero de 2013 por un millón de euros. Ni tan siquiera ingresó en el primer equipo del Real Madrid. En abril, frente al Betis, debutó en la Liga española. La hinchada madridista se encontró con un jugador muy alejado de los convencionales fichajes del Real Madrid. Ni era una estrella, ni jugaba como una estrella, ni pretendía ser una estrella. Fue su única participación en la temporada.

Casemiró jugó 12 partidos con el Real Madrid en el curso siguiente. Dirigido por Carlo Ancelotti, aquel equipo estaba gobernado en el medio campo por Xabi Alonso. No había sitio para el joven brasileño, traspasado al Oporto en el verano de 2014. No se escuchó una voz contraria a la operación. Le bastó una temporada para acreditarse como un centrocampista de cuerpo entero, el clásico medio de cierre que se distingue por una instantánea lectura defensiva y por una utilización insuperable del cuerpo como arma de combate.

Regresó una temporada después al Real Madrid, que pagó 7,5 millones de euros en una de las operaciones más baratas y productivas en los últimos 50 años. A Casemiro lo reclamó Rafa Benítez. No fue el mejor aval para el brasileño. En las altas instancias del club se prefería una línea más exquisita, integrada por Modric, Kroos y James. El despido de Benitez en enero de 2016 se interpretó como una pésima noticia para Casemiro. Sucedió lo contrario. Zidane tardó muy poco en colocar a Casemiro como titular y no tardó nada en convertirle en pieza básica del equipo.

No hay partido, y mucho menos partido importante, sin el concurso de Casemiro, que todavía hoy levanta alguna sospecha entre los exquisitos. Le consideran un poco tosco, sin la finura que se espera de un volante del Real Madrid. Casemiro no discutirá este argumento. Es un hombre de palabras. Se explica en el campo como se explicó en Bilbao, donde su despliegue, inteligencia, vigor, generosidad y un pie injustamente minusvalorado resultaron decisivos en la trabajosa victoria del Real Madrid. Por cierto, marcó el gol del triunfo. No fue el más bonito de los goles, pero así es Casemiro. Por encima de todo, le distingue la eficacia. Y el Real Madrid de las estrellas se lo agradece semana tras semana.

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