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Boca y el boicot de un equipo indescifrable

Lunes 20 de marzo de 2017
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Boca se mece en el confort de los indiscutidos. Porque los números lo respaldan. Porque los perseguidores -salvo Newell's- rastrean otras prioridades. Porque cualquier aspirante parece rendido. Porque el fixture, complaciente, le guiña un ojo a los xeneizes. Casi cómplices, las próximas semanas le propondrán adversarios que transitan de la mitad de la tabla para abajo: San Martín (San Juan), Defensa y Justicia, Vélez, Patronato, Atlético de Rafaela y Arsenal, uno tras otro. Serán 18 puntos a través de los cuales Boca podría blindar esa sensación de consagración inevitable. Hasta que se le cae la careta y se le descubren las costuras.

Porque Boca arruina sus planes. Confirma que su vuelo es apenas gallináceo, no despega, no convence. Ni con todo a favor: calendario, plantel y prioridad competitiva. Pero nadie gana en la víspera y el fútbol suele esconder trampas detrás de cualquier subestimación. Son esas tardes en las que aparece un Talleres y derrumba la supuesta lógica. El torneo, eléctrico, anárquico y distorsionado, recupera algo de vivacidad. Y a la vez devuelve un cachetazo de mediocridad: después de la interminable interrupción veraniega, del lote de punta ningún equipo consiguió hilvanar dos victorias consecutivas. Es la maldita paridad; asegurar que la argentina es una liga atractiva porque cualquiera puede dar el golpe es un triste reduccionismo. Es un torneo malo, y punto. El resto es un relato impostor.

Boca es el puntero de ese campeonato. Hay un aspecto del fútbol que depende exclusivamente de la voluntad: correr. Y Boca corre. Pero con transpirar no alcanza. Aunque generoso, el equipo del mellizo Barros Schelotto a veces es distraído, otras precipitado y por pasajes agresivo. Nunca desganado, pero en muy pocas ocasiones ofrece una estructura confiable. Amenaza con parecerse a un equipo roto, obstinadamente vertical, sin entender los tiempos del juego ni los espacios que debería explotar. Incuestionablemente solidario, pero atropellado. Con algunos recursos técnicos relampagueantes y sin demasiado sustento que invite al recuerdo. Piensa poco, los nervios traicionan a Boca. Y paga esa inmadurez.

Boca no perdía desde hace más de un año y 14 partidos en su casa. Durante varios minutos de la tarde, los xeneizes ampliaban a seis puntos la ventaja en la cima. Señales confusas, traicioneras. Boca tambalea hace tiempo: intimida y trastabilla. De todos modos es el candidato natural, a pesar de partidos como el de ayer. Por un puñado de méritos discontinuos y el gris de la manada. Quizá a la presunción de consagración pueda darle algo de contenido cuando deje de boicotearse.

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