Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Los secretos de la alegría, según Ignacio Apolo

A partir de un hecho personal, el director y dramaturgo encara un nuevo proyecto

SEGUIR
LA NACION
Jueves 23 de marzo de 2017
Apolo, con su elenco de virtuosos intérpretes
Apolo, con su elenco de virtuosos intérpretes. Foto: Hernán Zenteno
0

Están de moda los títulos cortos. Ignacio Apolo lo sabe bien, porque ve teatro, lee teatro, hace teatro, desde hace casi tres décadas. También están de moda los musicales, las "familias disfuncionales" y los livings. Su desafío es agarrar todo eso que tanto vio -como jurado de festivales y como espectador-, corrigió -como docente permanente de dramaturgia- y propuso como autor y director, y hablar de otra cosa. La alegría, su nuevo trabajo, tiene un nombre corto, cuenta la historia de una familia, tiene música y coreografías. Pero eso es sólo la punta del iceberg. Veamos por qué.

Apolo fue noticia un año y medio atrás, y nada tenía que ver con el teatro: su papá había sufrido un ACV en un viaje a Ecuador y el seguro médico que había contratado se negó a cubrirle los gastos. Su reclamo se hizo oír en los medios y ese ruido contribuyó en parte a que se lograra su traslado al país. La otra parte la hizo él: viajó a buscarlo y acompañó su enfermedad durante meses. En ese contexto nació La alegría, porque la vida no sería igual sin las paradojas. El papá de Apolo murió en enero, pero el duelo no paró los ensayos. Los resignificó.

"La alegría es una negación de la muerte. Lo único que sabe el ser humano es que se va a morir. No puede estar alegre -explica-. En el mundo de la conciencia, existen la enfermedad, la muerte, el dolor. Tenés que ser un niño, inconsciente, y conectarte con algo primitivo para sentir alegría. Hay una alegría idiota que es la simple negación de la muerte, y la otra es trascendente, es atravesar el dolor y responder con alegría." La obra, que se estrena hoy en El Extranjero, parte de una situación concreta: los hijos de Cristi vuelven a su casa en Chivilcoy para cuidarla después de un accidente que tuvo con la moto y conocen a su nuevo novio. Y no les cae bien. Lo primero que aparece es una forma de alegría obligatoria, alegría forzada. "Como el carnaval carioca -dice Apolo-. Una alegría de diseño es clavarse una Superman. Lo que te exige el capitalismo global de este momento hace cosas tremendas: ser joven, ser lindo, ser deseable, ser sexual, ser productivo y estar alegre. Diseñamos el mundo para que te triture de esa manera. La alegría obligatoria es un mal."

"La alegría política también, porque es una negación de la realidad. Tiramos globos. No podés estar de fiesta. La realidad no es la alegría. La alegría es momentánea, es corporal, es euforia, es manía. Pero es negadora. Es negar la vejez, negar la enfermedad, los defectos, la fealdad, la angustia, la tristeza. ¿Hay otra alegría posible que no sea idiota y negadora? Hay alegrías espontáneas. El baile, cuando deviene así, es alegría, incluso en situaciones tristes, realistas y dramáticas", dice. Y por eso en la obra hay música, hay euforia y baile. Montada con una estética pop, de colores y algo surrealista, donde es posible por ejemplo que el horno grite el eslogan Pro de "Sí, se puede" o la heladera se abra y suene el tribunero kirchnerista "Vamos a volver", que la misma heladera se transforme en puerta y las emociones, en coreografías de Tan Biónica y batucada, La Alegría conecta con un universo lúdico necesario para exorcizar dolores. Y trascenderlos, no negarlos.

Los encargados de ponerle el cuerpo a todo esto son Andrea Strenitz, Lucas Barca, Martina Viglietti, Matías Alarcón y Rosario Ruete.

En el marco de la difusión de la obra, el grupo armó videos con famosos dando su definición de alegría. El más "viral" fue el de Caruso Lombardi. "Tiene que ser a nivel salud, es lo más importante, porque cuando vos tenés bien a tus seres queridos, eso es impagable, es lo primero que te tiene que alegrar. Después está todo lo demás: seguramente tener una moneda en el bolsillo, tener un objetivo y lograrlo, tenés millones de cosas para alegrarte."

"Todos respondían con la misma lógica: la alegría como negación de aquello a lo que tienen miedo. A Caruso Lombardi le ves muy claramente los miedos: tiene miedo a la enfermedad, a quedarse sin familia y a lo último hace un chiste sobre la plata", reflexiona Apolo.

-¿Se puede entrenar la alegría?

-Hay que aprender a reconocerla. Y dejar que salga, así como la tristeza. Cuando no te la proveés, permitiéndotela, te afecta mucho. La melancolía es muy seductora. Así como hay una alegría impostada, también hay una pose melanco tristonga, quejosa, protestona, y uno dice "dejate de joder". La sociedad hace cosas tremendas con las emociones. Si vos reprimís el encuentro con el dolor, con el sufrimiento, con la realidad cruel, y lo reprimís mediante alegría, te va a explotar mal. Pero si vos te quedás en el pozo de la angustia, es porque ya explotaste solo. Por qué bailamos: para comprender el dolor humano. Bailamos para trascenderlo.

Para agendar

La Alegría, de Ignacio Apolo

En El Extranjero (Valentín Gómez 3378), los jueves, a las 21.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas