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RINCON GAUCHO

Un soguero de Areco que mantiene viva la tradición

Campo

Diestro en el trenzado de finas lonjas, Luis Gabriel Martínez muestra, mediante su historia, que la humildad es su mayor mérito

"Cuando contemplamos piezas artesanales meritorias no podemos dejar de considerar el encanto con que nos atraen, no sólo por su expresión artística, ya ingenua, ya complicada, sino por el hechizo del tiempo en ellas detenido, aunque hayan sido terminadas el día anterior; el tiempo no meramente cronológico, sino impregnado de contenido cultural que va fluyendo de generación en generación, que se infiltra en las mentes de quienes reciben esta herencia sin término dotándolas de una especie de "memoria ancestral" que actualiza y mantiene vigentes los valores, los estilos, las técnicas que fueron patrimonio de los antepasados", dijo alguna vez Augusto Raúl Cortázar.

Esa es la impresión que se tiene al contemplar la obra de Luis Gabriel Martínez, soguero que, a los 72 años, atesora incontables premios obtenidos en certámenes nacionales, figura en el registro del Fondo Nacional de las Artes y conserva la humildad del aprendiz.

Riendas, maneas, rebenques, fiadores, bastones, piezas que de su mano conservan diseños tradicionales, ostentan el juego de finos tientos que parecen multiplicarse entre sus dedos al tiempo que desafían su ingenio.

La infancia en un campo entrerriano bastó para curtirlo en los trabajos rurales y en la observación de la artesanía de las guascas.

"Cuando era chico, mis manos nunca se quedaban quietas. Así aprendí de la experiencia de otros, visitando museos y recopilando lo visto, pero también fue muy útil desarmar piezas viejas y rearmarlas siguiendo las marcas que le quedaban al tiento", relata Martínez, al tiempo que reconoce que aprender a lonjear el cuero y a crear trenzas patrias fueron dos aprendizajes fundamentales para afianzarse como soguero.

Varios trabajos se sucedieron hasta que la vocación por el arte ganó terreno en su vida y se instaló definitivamente en San Antonio de Areco. Entonces, la madurez no sólo resultó evidente en los cuarenta y pico que el artesano cumplía, sino también en las trenzas que diseñaba.

Tras participar de una exposición, en Pergamino, y conocer a Luis Alberto Flores se lanzó a dar sus primeros pasos en el Fondo Nacional de las Artes, donde trazó un camino por el que transitaría doce años. Después se sucedieron demostraciones en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Museo José Hernández, en casa Harrods y en la Rural, stands y premios en las exposiciones de artesanías de mayor trascendencia y... la fama.

"Ese fue el período más fértil de mi actividad. Viajé por todo el país, conocí a personajes ilustres y trabé amistad con mucha gente. Recuerdo que gracias a Augusto Cortázar tuve contacto con artesanos aborígenes de Río Negro, Catamarca y Jujuy...

"Con estas cosas -dice señalando sus herramientas y finísimos tientos tendidos sobre la mesa familiar-, por lo menos he vivido y estuve a gusto, porque no me agrada que me manden. No crea que en la actualidad tengo un orgullo por haber ganado muchos premios. En el pueblo usted me verá de alpargatas y con una camperita, no soy de andar con lujos."

Sabiduría de maestro

Todas las tardes, Martínez tiene un compromiso. Con tranco lento pero seguro se dirige al Centro Cultural Ex Usina para enseñar su técnica, porque, como custodio de la tradición, se preocupa de "que no se pierda".

Mientras intenta que sus cuarenta alumnos empiecen a dominar los tientos, "previendo las dificultades que tendrán por delante y las alternativas que pueden elegir para resolverlas", también enseña el arte de amalgamar la paciencia, la prolijidad y el esfuerzo.

La nostalgia por el trajinar del campo y los tiempos de mozo motivó la férrea decisión de Martínez de evitar el reencuentro con el ámbito rural.

"Hace varios años que no voy a ningún campo, por más que me inviten. No quiero ir. Me da tristeza reencontrar el ámbito en el que aprendí a trenzar junto a mi padre y a otros paisanos. Allí nací, me hice hombre y formé mi familia. Antes iba a alguna yerra, pero ya no más. Tampoco asisto a las exposiciones, quiero dejar lugar a otros. Para qué concurrir, si ya me conocen tantos... He tenido premios en fiestas criollas organizadas en infinidad de lugares. Creo que ya estoy realizado. Calcule usted que este rebenque obtuvo un galardón de la Unesco y que este bastón triunfó en el Torneo de Abuelos Bonaerenses", resume el soguero, quien de paso explica que este último laurel lo estremeció como ninguno, pues reconoció el mérito de las arrugas de sus manos.

A esta altura de su vida, Martínez dice que es "un hombre grande", y está en lo cierto: quienes tienen la dicha de conocerlo son testigos de su grandeza.

Con palabras de Atahualpa Yupanqui, Martínez bien podría decir: "Si alguien me dice señor,/ agradezco el homenaje;/ mas, soy gaucho entre el gauchaje/y soy nada entre los sabios./ Y son pa´ mí los agravios/que le hacen al paisanaje./La vanidá es yuyo malo/que envenena toda huerta./Es preciso estar alerta/manejando el azadón,/pero no falta el varón /que la riegue hasta en la puerta".

Voces criollas

Reservado: caballo manso en apariencia, pero muy bellaco al ser subido por el jinete. Acostumbrado a corcovear de una manera brutal. Generalmente se lo hace subir en las jineteadas, con cuyo objeto se le reserva./También puede llamarse reservado a un caballo con condiciones especiales para cierta clase de trabajos o en razón de ser de la preferencia del patrón y, por consiguiente, de su silla. Siendo así se le llama el reservado del patrón.

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Sobre el tuse: se dice que va sobre el tuse el jinete que echa el cuerpo hacia adelante, doblándose sobre el pescuezo del caballo para impulsarlo en la carrera. El jinete va tan echado sobre el animal que su cara casi toca el cogote del pingo, ofreciendo de esta manera menor resistencia al aire.

"¡Se vinieron! y la gente,/para no perder detalle,/abrióse formando calle/en dos filas frente a frente/y en velocidad creciente/avanzan como un turbión,/mientras meneando talón/los mozos sobre los tuses/van casi echados de bruces/espiándose la intención."

Justo P. Sáenz (h.): "La carrera".

(Extraído de "Vocabulario y refranero criollo", de Tito Saubidet) .

Analía H. Testa
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