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Los Montoneros, reivindicados en la misma plaza en que Perón los echó

El reconocimiento a las organizaciones armadas que hicieron los organismos de derechos humanos en el acto de anteayer reabrió la polémica por las acciones violentas que realizaron

Domingo 26 de marzo de 2017
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LA NACION
Una movilización de los Montoneros, en los convulsionados años 70
Una movilización de los Montoneros, en los convulsionados años 70. Foto: Archivo

En la misma Plaza de Mayo en la que el presidente Juan Domingo Perón los echó y los llamó "imberbes", los Montoneros encontraron su reconocimiento. Las Abuelas, las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y otras entidades de derechos humanos reivindicaron anteayer "las luchas de los 30.000 detenidos-desaparecidos" y la militancia de las organizaciones armadas, lo que reaviva -luego de más de 30 años de democracia- un escenario en el que el país estaba sacudido por la violencia.

Con los Montoneros se reivindicó a la organización armada que cobró notoriedad en 1970 y se abrió paso a sangre y fuego. Su bautismo fue el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu, que Mario Firmenich ideó y ejecutó con Carlos Gustavo Ramus, Norma Arrostito y Fernando Abal Medina. También hubo elogios para el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y otras corrientes del peronismo revolucionario y la tradición guevarista.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Firmenich fue capturado en Brasil y condenado a reclusión perpetua (limitada a 30 años por el tratado de extradición), aunque quedó libre en diciembre de 1990 por el indulto de Carlos Menem. Aunque el terrorismo de Estado cometió después otras atrocidades, su foja estaba teñida de violencia: el asesinato de Arturo Mor Roig, el secuestro de los hermanos Born, la muerte del empresario Francisco Soldati, el atentado a Juan Alemann, la bomba en el comedor de la Superintendencia de la Policía Federal, donde murieron 24 personas, y otra bomba en el dormitorio del jefe de la Policía Federal, Cesáreo Cardozo, entre otros ataques.

Tras respaldar a Héctor J. Cámpora en los comicios presidenciales de 1973 y establecer lazos con gobernadores -Oscar Bidegain (Buenos Aires), Ricardo Obregón Cano (Córdoba), Miguel Ragone (Salta), Jorge Cepernic (Santa Cruz)-, Montoneros participó en junio de ese año en la masacre de Ezeiza, cuando por el baño de sangre en que derivó la interna peronista, no pudo aterrizar en el aeropuerto el chárter que transportaba a Perón desde su exilio. El asesinato de José Ignacio Rucci, dos días después del triunfo electoral del viejo líder, marcó un quiebre. En septiembre de 1974, dos meses después de la muerte de Perón, la organización pasó a la clandestinidad.

En ese tiempo, Montoneros sumó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que habían alcanzado publicidad con el incendio de trece supermercados Minimax, en tiempos de Onganía. Uno de sus líderes, Roberto Quieto, desapareció tres meses antes del golpe militar.

Como señala Pablo Giussani en Montoneros, la soberbia armada, Firmenich y sus seguidores "absorbieron del peronismo toda esa carga ideológica de derecha" y formaron una "conducción política verticalizada e instrumentadora". Ya en la clandestinidad, la represión militar multiplicó la violencia y llevó a la organización a su desmembramiento, pese a la contraofensiva que intentó desde el exterior en 1979, con Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía y Rodolfo Galimberti, entre otros dirigentes, algunos de los cuales fueron acusados de mantener contactos con militares.

Los méritos del ERP

Estela de Carlotto y Taty Almeida reivindicaron también al ERP, el brazo armado que en 1974 ocupó el monte tucumano y desafió al gobierno constitucional de Isabel Perón. Uno de sus líderes, Enrique Gorriarán Merlo, intervino en el intento de fuga de dirigentes de una cárcel de Rawson, lo que derivó en la masacre de Trelew, en 1972.

El ERP era el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y uno de sus jefes era Mario Santucho, abatido en un enfrentamiento con el Ejército, en 1976, meses después del frustrado ataque al Batallón de Monte Chingolo, que provocó casi 60 bajas en la organización armada.

Ya en el exilio, Gorriarán Merlo participó de la célula que en 1980 asesinó en Paraguay al ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Recuperada la democracia, formó el Movimiento Todos por la Patria y, sobre el final del gobierno de Alfonsín, encabezó en 1989 el ataque a La Tablada, que dejó 33 guerrilleros, 14 militares y cuatros policías muertos. Detenido en México, fue condenado a prisión perpetua en 1995 y luego indultado, en 2003, por el presidente Eduardo Duhalde.

Varios testimonios indican que Néstor Kirchner, sucesor de Duhalde, estuvo en la Plaza de Mayo el día que Perón echó a los Montoneros, en una columna de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional. Pero no hay registros de que se haya retirado con los militantes echados y hoy reivindicados.

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