Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Jarvis Cocker, el huésped de la habitación 29 que sobrevivió para contarlo

En Londres, el cantante presentó el álbum basado en el fantasmagórico cuarto del hotel Chateau Marmont de Los Angeles

Lunes 27 de marzo de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0
Del escenario a la pantalla, un milagro que tuvo lugar en el Barbican londinense
Del escenario a la pantalla, un milagro que tuvo lugar en el Barbican londinense. Foto: Mark Allan / Barbican

LONDRES.- La mano alzada con el puño cerrado, como si el escenario del Barbican que durante casi dos horas simuló ser el cuarto 29 del hotel Chateau Marmont de Los Angeles se hubiera convertido ahora en la tarima de un mitin político. En la tercera noche sold out, Jarvis Cocker quiere saber cuántos de los aquí presentes estuvieron por la tarde en la marcha anti-Brexit que coincidía con el 60° aniversario de la Unión Europea. Antes de que se oiga el mínimo murmullo, Cocker deja caer una sentencia firme: "Europa". Nada ha cambiado, en este sentido, para él. En el auge del brit pop, cuando su banda Pulp representaba una opción ante la dialéctica Oasis o Blur, le decía a la prensa musical inglesa: "Si estoy en Alemania soy quintaesencialmente alemán; si estoy en Francia, quintaesencialmente francés; si estoy en Inglaterra, inglés".

Cocker explica, a la hora de los bises, que Room 29, este show basado en el nuevo disco que firmó a dúo con el pianista canadiense Chilly Gonzales, se armó con un staff alemán para la preview en Hamburgo la semana pasada y que las imágenes del Hollywood clásico que se proyectaron provienen de un archivo con base en París. La invocación a la permanencia de Inglaterra en la Unión Europea es una intromisión de la realidad tras casi dos horas viviendo en el imaginario que Cocker y Gonzales construyeron a partir de la leyenda de un hotel habitado por la fantasmagoría hollywoodense. Tiempo transcurrido bajo la fascinación absoluta que sólo pueden provocar las mejores ficciones.

Room 29 es un álbum conceptual de 16 canciones de piano y voz cuyas letras recuperan la leyenda de ese hotel en el que Jarvis Cocker también supo ser huésped. Acaso sea la puerta para que el oído pop registre a Chilli Gonzales, pianista entrenado en la música de cámara y el jazz que ha tocado para Daft Punk y supo componerle al rapper Drake. Es una colaboración notoria que desplaza a ambos de sus lugares habituales. La narrativa incisiva de Cocker forma ahora parte del catálogo del sello Deutsche Gramophone, corriéndolo justamente de ese mismo oído pop.

Escuchando el disco, y teniendo en cuenta la acústica del Barbican, podía esperarse un exquisito (adjetivo comúnmente rifado, aquí pertinente del todo) recital de piano, voz y cuerdas. Pero es más que eso. Las sorpresas empiezan no bien se busca la ubicación y el espectador encuentra sobre el tapizado de su silla un juego de llaves con el número 29. El escenario tiene la forma de una puesta teatral. Frente al piano de cola se sitúa una cama matrimonial con una mesa de luz y en el fondo la pantalla se mantiene fija en la puerta de la habitación 29. Un teléfono blanco comunica con la "recepción". Pronto llegará Gonzales envuelto en una robe de chambre para introducir el show con una secuencia impresionista. En la pantalla vemos a Jarvis Cocker de espaldas, con una valija, acercándose por el pasillo hasta dar con la puerta del cuarto. Ahora arrastra esa misma valija hasta ocupar el centro de la escena. Es apenas el comienzo de un juego donde las imágenes filmadas de Cocker en la room 29 real en 2014 y los movimientos del Cocker real, de traje y corbata, en la escenografía que replica esa habitación establecen un contrapunto que atrapa al espectador hasta el final.

Room 29, el disco y el show, es también una reflexión sobre la influencia que las imágenes filmadas han tenido sobre todos nosotros. Cocker saca de su valija un televisor Philco, el televisor de su infancia en Sheffield, y habla de la intriga que le producían las imágenes móviles en esa superficie pequeña. Dice que no soñaba con salir en televisión, sino con estar adentro. Gonzales, un partenaire perfecto en la música y el humor, le dice que cumpla su deseo esta noche en la que todo es posible en el cuarto 29. Así es como Cocker se retira del escenario, el botones del hotel imaginario conecta el aparato y en segundos las gafas del desgarbado cantante ocupan toda la pantalla. Gonzales toca desde el escenario y Cocker nos llega con una voz extraña desde el Philco vintage.

De estos milagros sencillos está hecho Room 29, donde no hay canciones sino piezas en las que la canción forma parte de un relato en el que Cocker alterna los roles de cantante, narrador y showman. Las imágenes que se proyectan en la pantalla pueden mostrarlo a él mismo en la cama, a Jean Harlow o Howard Hughes (huéspedes célebres) o a Keith Richards arrojando un televisor por la ventana de otro hotel. Entre el teatro multimedia y el music hall; el concierto pop y el de cámara (con la participación del Kaiser Quartett), el guión y la improvisación, este show también es una representación de la extraña vida que vivimos tras las paredes de un cuarto de hotel. Cuando la experiencia en el Barbican aún permanece fresca, la realidad, como con el mejor cine, se confunde con la ficción y al introducir la tarjeta magnética en la habitación asignada el espectador creerá estar ingresando una vez más en el juego perfecto de Jarvis Cocker y Chilly Gonzales. Aplausos.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas