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Músicos del subte denuncian una "persecución ilegal" para echarlos de las estaciones

Se incrementaron los controles; qué es el "registro de artistas"; Sbase y Metrovías aseguran velar por la "libre circulación" y la "seguridad" de los pasajeros

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LA NACION
Sábado 01 de abril de 2017 • 16:28
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Tres veces por semana, Soledad Morel y Virginia Bordone (27 y 30 años) cantan en la estación Humberto Primo de la línea H.

Su arte no requiere amplificadores ni enchufes, ni otro instrumento, más que su voz. Tan sólo llevan un diapasón en el bolsillo. Vestidas de manera formal (para acompañar la estética de su voz, dicen), se acomodan en uno de los andenes, frente a un atril con el nombre de su grupo (Mariquita Sánchez de Thompson), y durante dos horas entonan piezas líricas y populares. Empezaron a cantar bajo tierra en 2015, pero ambas dependen, para ganarse la vida, de sus trabajos "fijos", en una luthería y en una heladería.

En los últimos meses detectaron que se incrementaron los controles en las estaciones. Hombres que dicen ser agentes de Metrovías les piden que muestren sus permisos oficiales para tocar en el subte. Pero ellas no los tienen.

Soledad y Virginia integran Mariquita Sánchez de Thompson
Soledad y Virginia integran Mariquita Sánchez de Thompson. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

"El permiso es casi inaccesible. El trámite es complicado y cuando lo hacés, no te lo dan. Nos dicen que el subte está superpoblado de artistas. La última vez que pedí un certificado fue en septiembre del año pasado. Desde entonces no tuve novedades. Yo estoy de acuerdo con que nos regulen y nos organicen. El problema es que nos están prohibiendo de manera encubierta", dice Soledad. Ya presentó varias denuncias en la Defensoría del Pueblo y en la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN), por maltratos en el subte. En una ocasión, filmó a dos agentes con su celular durante uno de esos episodios.

En Buenos Aires hay 2600 artistas callejeros, según cifras del Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO). Entre ellos, 220 tocan instrumentos, cantan y bailan en el subte. Pero sólo 59 tienen permiso del gobierno de la Ciudad.

Los artistas denuncian que intentan limitarlos, al punto de prohibirlos, de manera ilegal. Señalan que el subte es un espacio público y que las leyes de la Ciudad promueven el arte callejero. "Es cierto que esto es un andén y que la gente tiene que circular. Pero los músicos ocupamos un mínimo espacio y no tocamos a mucho volumen. La gente puede hablar tranquilamente. No sé por qué quieren excluirnos", dice Marcelo Motta, percusionista en la banda Avanti. Está junto al violinista Denys Bonilla y al guitarrista Pablo Ferraro. Tocan entre cinco y seis horas por día, también en la línea H.

Subterráneos de Buenos Aires (Sbase), la sociedad del Estado a cargo de la administración de la red de subte, asegura que debe "regular" su actividad para salvaguardar la "seguridad y libre circulación" de los pasajeros. "Si bien creemos que es importante darles lugar para que hagan sus intervenciones, siempre se apunta a no interferir en la circulación de los usuarios", dijo Sbase a LA NACION.

Para eso, otorga permisos que duran seis meses y son válidos para una estación específica, en un rango horario determinado y que no permiten intervenir en los andenes ni dentro de los trenes. Ante la consulta sobre los criterios para seleccionar a los artistas, dicen que fue por orden de llegada. "Se les dio el espacio siempre que se cumplieran las normas de seguridad, pero no hay un cupo estipulado".

Denuncias

El registro de artistas del subte comenzó en 2013, cuando el gobierno de la Ciudad se hizo cargo del servicio.

Los artistas reclaman que a diario, hombres vestidos de negro que dicen ser agentes de Metrovías, se presentan sin mostrar identificación y los obligan a dejar las estaciones, muchas veces de forma violenta. También denuncian amenazas por parte de la Policía y del uso de "patotas" para sacarlos.

"Hace más o menos tres semanas estaba con otro violinista cuando llegaron los agentes de negro y nos dijeron que no podíamos tocar ahí. Nosotros lo aceptamos, pero nos quedamos, sólo hablando. Entonces volvieron, de muy mala gana. Nos gritaron: "¿Qué te dije?". Nos trataron tan mal, que les pregunté si querían un cinturón para pegarnos. Los pasajeros que estaban ahí se reunieron alrededor nuestro. Entonces les dije que los iba a grabar, pero no me dejaron. Nos tuvimos que ir", cuenta Bonilla, violinista venezolano llegado a Buenos Aires hace seis meses, que además de tocar en Avanti en el subte, integra la Orquesta Académica de Buenos Aires.

Soledad y Virginia en el subte junto a la banda Avanti
Soledad y Virginia en el subte junto a la banda Avanti. Foto: LA NACION / Emiliano Lasalvia

Metrovías, la encargada del control de las estaciones, aseguró a LA NACIÓN que la única forma en que se dirige a los artistas es mediante el diálogo. Y dijo que sus agentes sí presentan identificaciones. "En aquellos casos en los que no resulta suficiente el pedido para lograr que la persona abandone el espacio, el personal de Metrovías solicita asistencia a la Policía de la Ciudad".

Sin embargo, durante los últimos meses, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad registró un marcado incremento de las denuncias de parte de artistas callejeros por malos tratos, abuso y hostigamiento policial en el subte. "Estamos trabajando para que se respete su trabajo y para que las fuerzas de seguridad adecuen su accionar a los estándares legales vigentes", dijeron a LA NACION desde el organismo que preside Alejandro Amor.

Diálogo

Una porción importante de los artistas está organizada en la asociación civil Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO). Su presidente, Alejandro Cabrera Britos, toca la guitarra hace doce años en Florida y Diagonal Norte. "Venimos organizándonos y reclamando la importancia del arte callejero. Pero la FAOO, aunque lo ha intentado, no tiene posibilidad de diálogo con el gobierno", dijo a LA NACION.

Sbase lo confirmó: "Sólo dialogamos con los artistas en particular, no con organizaciones". Consultados sobre los motivos, respondieron: "No es por nada en especial, se acercan los artistas directamente".

Una actriz que apoya la existencia del Frente opinó que, idealmente, no debería existir. "Si no fuera por la persecución, no haría falta ninguna asociación. Nos obligan a organizarnos cuando quieren prohibirnos ilegalmente".

En FAAO denuncian que la actuación del personal de Metrovías es "parapolicial" y por lo tanto, ilegal. "Hoy la persecución en contra nuestro está más que vigente. Una cosa es regular, otra es prohibir. Y no se están emitiendo permisos. Lo que intentan es diezmar la cantidad de artistas. Conceder 59 permisos es desconocer la realidad, que nosotros, por la experiencia y por trabajar en esto, conocemos mejor que nadie. Queremos sentarnos a dialogar, proponer y homologar propuestas".

¿Público o privado?

La Constitución de la Ciudad "garantiza la democracia cultural; asegura la libre expresión artística y prohíbe toda censura; impulsa la formación artística y artesanal; la actividad de los artistas nacionales; protege y difunde las manifestaciones de la cultura popular; contempla la participación de los creadores y trabajadores y sus entidades, en el diseño y la evaluación de las políticas".

Mientras que el artículo 83 del Código Contravencional de la Ciudad reza: "No constituye contravención [...] la actividad de los artistas callejeros en la medida que no exijan contraprestación pecuniaria". Otras disposiciones prohíben el uso de amplificadores, para evitar que las manifestaciones se transformen en "ruidos molestos".

Basados en esas normas que regulan el espacio público, los artistas sostienen que tienen derecho a manifestar su arte. Desde Metrovías, en cambio señalan que, en realidad, es un área "semi pública". "Es cierto que es un espacio de tránsito para el transporte de las personas. Pero también cuenta con normas de utilización y convivencia. De otro modo, por ejemplo, no sería posible pedirle a los usuarios que se retiren de las estaciones luego de finalizado el servicio".

En la historia hubo proyectos de ley para regular el arte callejero en el subte, pero ninguno vio la luz. El más reciente es el de Marcelo Guouman (SUMA+) presentado el año pasado con el fin de "promover" la actividad, bajo el título Arte Bajo Buenos Aires (ABBA). También presentaron iniciativas sobre el arte callejero los legisladores Pablo Ferreyra (FPV); Alejandro Bodart (MST) y Lía Rueda (Pro).

Britos encuentra positiva la intención de legislar, pero cuestiona las iniciativas restrictivas, que presentan como autoridad de aplicación al Ministerio de Ambiente y Espacio Público. "Nosotros no somos sombrillas ni sillas, somos una parte de la cultura. Estamos convencidos de que la autoridad de aplicación debe ser el Ministerio de Cultura", dice, en particular, sobre el proyecto de Rueda.

Entre los pasajeros, las opiniones están divididas. Muchos se quejan de la presencia de los músicos, destacan factores como el ruido del subte y la dificultad para circular en horarios de mucha circulación. "Estás en un vagón que ya en sí mismo es ruidoso y se suman tipos a cantar y hacer más ruido todavía. Es polución sonora. Yo los prohibiría en los vagones", dice a LA NACION un médico porteño de 60 años que usa con frecuencia la línea A del subte.

"Hora pico y se suben a cantar los Pimpinela", deslizó hace unos meses un usuario de Twitter, irónico, con una foto que mostraba a dos cantantes.

Otros, en cambio, muestran su gratificación a diario con aplausos y recompensas, en general en forma de billetes de 5 y 10 pesos. Pero no sólo así. "Una vez se nos acercó una señora que nos había escuchado desde la otra línea en la combinación y nos buscó para escucharnos más de cerca. Otra vez, un cura nos dio 300 pesos -cuenta Soledad-. Pero lo mejor fue cuando un policía de la H nos confesó que le habíamos puesto la piel de gallina. Esas son verdaderamente las cosas por las que hacemos esto".

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