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Inercias negativas que son imposibles de superar

Diego Latorre

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LA NACION
Miércoles 29 de marzo de 2017
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El mismo camino de frustraciones: la selección no sabe cómo salir de un círculo vicioso
El mismo camino de frustraciones: la selección no sabe cómo salir de un círculo vicioso. Foto: AP

Otra vez toca hablar en negativo. Lo obliga la derrota en La Paz, pero también las circunstancias, porque más allá de un partido más o menos previsible en su desarrollo y de algunos aspectos destacables, como la muy buena actuación de Guido Pizarro, a esta selección hay que observarla desde las carencias.

Un equipo necesita un poco de paz, de armonía para forjar un compromiso y una pertenencia que le permita rendir con plenitud. La dramática escena que vive permanentemente el fútbol argentino, ya sea por cuestiones que ocurren dentro de la cancha, por las decisiones del entrenador de turno y, sobre todo, por las que toman los dirigentes de acá y de allá, logran exactamente el resultado opuesto. Me pongo en la cabeza de los jugadores y realmente veo imposible salir a jugar con la estabilidad emocional necesaria para superar los obstáculos.

Desde ya, no es lo único. Existe un problema que venimos arrastrando desde hace un tiempo largo y nos compete a todos: dejamos de darle valor al juego. Se discuten cuestiones superficiales que nos empujaron a cierta ignorancia de algunas cosas básicas que antes dominábamos como lenguaje futbolístico. Nos quedamos en el “ganar como sea”, y cuando hacen falta las convicciones nos damos cuenta que no existen, que no hay una idea sostenida de ese juego que alguna vez tuvimos y se esfumó.

La desorientación se nota entonces dentro de la cancha. Las virtudes inamovibles de Bauza se transformaron en defectos. Un equipo necesita ideas claras de su entrenador, y la selección improvisa en cada partido. Así, cualquier rival, incluso el limitadísimo conjunto boliviano, puede generar conflictos, porque el primero y más grave lo tiene Argentina consigo misma: sencillamente, carece de identidad.

Sumemos el factor mental. Cuando un futbolista se encuentra en un lugar donde las cosas no fluyen con naturalidad pierde eficacia, en tanto que el rival la consigue prácticamente con nada. En ese sentido, fue muy llamativo que justo después de la acción en la que Lampe le tapa el gol a Di María, el equipo reciba un tanto fuera de contexto, de esos que no te pueden hacer y debido a una cadena de fallos.

La sensación es que el equipo sufre un bloqueo en jugadas muy puntuales, las decisivas de un partido. Argentina las desaprovecha porque parece cargar con una especie de frustración incorporada, con una mochila de negatividades imposible de sobrellevar.

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