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Las parodias de Alberdi, retrato del presente

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 02 de abril de 2017
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La evocación de la polémica entre Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, de las ficciones y los debates paródicos escritos por el primero sobre los gigantes que construyeron y dividieron la Argentina desde su misma fundación en el siglo XIX, no podían tener una vigencia más imprevista el 23 de marzo, en la tarde previa al Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Esa coincidencia de presente y pasado ocurrió en el elegante Palacio Errázuriz durante la incorporación a la Academia Argentina de Letras de la filóloga Élida Lois.

Hace mucho tiempo que no escuchaba una disertación tan actual, sustanciosa, amena y precisa como la que dio Élida Lois en ese acto. Lois, que fue investigadora principal del Conicet y docente en la Universidad Nacional de La Plata y la de Buenos Aires, es una de las introductoras y más destacadas representantes de la crítica genética en la Argentina. Se ocupó, entre muchos otros trabajos, de las ediciones crítico-genéticas de Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, y de Martín Fierro, de José Hernández, para la prestigiosa colección Archivos de la Unesco-CNRS.

Lois fue presentada ante el público por José Luis Moure, presidente de la Academia, y por la académica Norma Carricaburo. Después leyó su trabajo, "Las reescrituras del yo en los borradores del último Alberdi", cuyo docto título no hacía sospechar las encendidas asociaciones políticas que podía suscitar. Ese último Alberdi escribió muchos textos que corresponden a un subgénero de la literatura autobiográfica: la autodefensa, a menudo sarcástica. Por ejemplo, en los borradores de Peregrinación de Luz del Día o Viaje y aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo, ficción caricaturesca, hay una serie de personalidades que representan las calamidades que Europa ha enviado a América. Cito a Lois: "Uno de esos emigrados es don Quijote, que ha enloquecido con la lectura del Origen de las especies de Darwin y funda en su estancia de la Patagonia una república de carneros con el convencimiento de que el tiempo los convertirá en seres humanos, y para ellos promulga una Constitución que fue para Alberdi una desgarradora parodia de las Bases".

A fines de 1874, Alberdi escribe otra parodia, Los gigantes de los Andes. En los borradores, critica la concepción de la historia basada en el "culto del héroe" y propone, como Tocqueville, investigar las grandes causas generales que determinan los hechos particulares. En su parodia, imagina una mitología de los orígenes de Hispanoamérica, que sería la creación de cuatro gigantes: Simundo (Simón Bolívar), San Martillo (José de San Martín), Orígenes (Bernardo O' Higgins) y Belgrande (Manuel Belgrano). Dice Lois que, según Alberdi, esos personajes desencadenaron "el pecado original de la política posindependentista, es decir, la transformación de los guerreros en caudillos políticos cuyo autoritarismo, reproduciendo el sistema de mandos de la vida militar, impide la instalación de una auténtica democracia y la consolidación de un sistema jurídico que asegure el ejercicio de las libertades individuales".

Belgrande (Belgrano), el único de los cuatro gigantes que no es un militar de formación, toma la voz de Alberdi. Dice, por ejemplo, que "la industria y el comercio pueden ser mejor camino que la guerra para llegar a la libertad"; los otros tres, por el contrario, piensan que "no puede haber otro instrumento que la espada, ni otro camino que la guerra" y programan una política cultural que imponga su relato de la historia. Belgrande insiste en que se debe consolidar una "sociedad civil americana" que implique el ajuste de la acción política a la legalidad, controles para el ejercicio del poder, libertades individuales, educación para el trabajo y la libertad, creación de riqueza e "intercambio con el mundo civilizado", pero la tesis que se impone es la del bélico trío.

Dice Alberdi o más bien San Martillo: "[?] Mientras el tiempo nos enseña a conocer el mejor método para educar al pueblo en el ejercicio de sus libertades, no veo inconveniente en que le demos escritas todas las libertades civiles y sociales que quiera, con tal que él nos deje a los libertadores y gobernantes toda la libertad de gobernarlo de hecho".

¡Qué familiar suena todo eso!

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