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El dilema del Sr. X en la marcha del 24

Diego Sehinkman

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PARA LA NACION@diegosehinkman
Domingo 02 de abril de 2017
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Sin ser especialmente kirchnerista, un día el señor X se puso nostálgico de aquellos años en donde habría corrupción, sí, pero los restaurantes estaban llenos. Entonces decidió volver al pasado tomándose la máquina del tiempo. Como en el ascensor, apretaría el botón para viajar a 2011. O a 2012. ¿Por qué no a 2013? Esos años en donde ni Ciccone ni Once ni Milani opacaban el carpe diem consumista.

Pero algo salió mal. De repente estaba subido a un camión con Aníbal Fernández y Baradel rumbo a la marcha del 24. Allí el señor X fue testigo de cómo se leía un documento que comparaba a Macri con la dictadura y fue protagonista de dos hechos curiosos: 1) escuchó la reivindicación de la lucha armada; 2) no se quejó frente a un documento que reivindicaba la lucha armada. En rigor, el documento un poco lo incomodó, como en su momento Milani un poco lo incomodó, al igual que Once y Ciccone un poco lo incomodaron. Pero nunca dijo nada para no hacerle "el juego a la derecha", que quizás llegó (según su categoría de derecha) entre otras razones, también porque él eligió siempre el silencio. Ese día el señor X vio cómo Hebe exhibía renovados "sueños compartidos". El sueño compartido de que Macri no termine. Y en un momento se vio aplaudiendo.

El dilema del Sr. X en la marcha del 24
El dilema del Sr. X en la marcha del 24. Foto: Archivo

"Yo sé que Macri no es la dictadura, ¿pero qué quéres? Como consigna es muy clara y efectiva", confesaba alguien que marchó y que trabaja en un organismo de Derechos Humanos. Por su edad, más de la mitad de los concurrentes a la Plaza del 24 no vivieron ni los Falcon, ni las bombas, ni el "deme dos" de Martínez de Hoz, ni la reconversión forzosa -y a veces gozosa- de muchos industriales en importadores durante los años 90, ni compraron manzanas de California en los supermercados de esos años, como sí hicieron con escasa culpa sus padres. Pero hoy repiten "la consigna clara y efectiva".

Sin embargo, lejos de ser una amenaza real contra la democracia o la continuidad de Macri, esa plaza del 24, con ese guión y esos actores, terminó siendo una obra pasada de moda. Ni Durán Barba lo hubiera planeado mejor. El problema es que la mente es inquieta. Viaja hacia el pasado, embelleciéndolo con la idealización, cuando le cuesta futurizar. El gobierno de Macri, imposibilitado de mostrar resultados inmediatos en la economía, invita a la sociedad argentina a un ejercicio inédito: el largo plazo. Se nos dice que se crecerá, se despejará la calle y se bajará la pobreza, pero despacio. Todo un problema para un país donde la gente es capaz de comprar un departamento al pozo y esperarlo tres años. Pero no es capaz de comprar un gobierno al pozo y esperarlo tres años.

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