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Las miradas ya están puestas en la nueva edición

Un festival que convoca por sí mismo y no tanto por los artistas de la grilla

Lunes 03 de abril de 2017
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LA NACION
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¿Metallica? ¿The Strokes? ¿The Weeknd? La gran figura del cuarto Lollapalooza argentino no es ninguno de los nombres que encabezaron el line up, sino el festival mismo. En poco tiempo el público -que este año agotó las 100.000 entradas disponibles por día- absorbió la propuesta, que es parte del ADN que llega sin escalas desde su casa matriz: lo que importa es Lollapalooza y no tanto las bandas que ocasionalmente se sumen a su encuentro.

Cuando el año pasado se pusieron en venta los tickets para el festival, el 60 por ciento disponible se agotó sin que se supieran los nombres que acudirían a la cita en el Hipódromo de San Isidro. Como ya es costumbre, la danza de trascendidos comenzó casi en forma paralela a la venta de entradas y el juego terminó no bien se oficializaron los convocados. Las comparaciones con las grillas de años anteriores no son más que un juego en el que participan los periodistas especializados y el público que más horas de vuelo acumula. Los millennials, que son los actuales "dueños" del encuentro, se mantienen al margen de esas conversaciones. Para ellos el Lolla es una fiesta a la que hay que ir y las bandas, solistas y DJ que pueblan los cuatro escenarios son la música que se adherirá a los recuerdos con amigos, novios, familiares.

Pero si hay algo que se mantiene intacto en esa especie de parque de diversiones que es un gran festival de música y entretenimiento es la suerte del artista. Los que suben a escena saben que cuentan con 45 minutos, una hora, hora y cuarto o noventa minutos para desplegar su arte. Y si a unos pocos les alcanza sólo con canciones, a otros se los aplaude por la inventiva, el despliegue e, incluso, por ese manotazo de ahogado que es ponerse una camiseta de la selección argentina, hacer flamear la bandera celeste y blanca o repetir hasta el cansancio el nombre del país o de la ciudad.

Así es como faltando horas para que el cuarto Lollapalooza argentino pase a la historia nos quedan los oídos vibrando por la artillería pesada que descargó Metallica; por las corridas de ese Jagger del siglo XXI que es Matt Shultz; por el repertorio especialmente preparado y excelentemente ejecutado por León Gieco junto a los Infierno 18; por la frescura nórdica de MØ; por un The Weeknd que logró llegar a tablas en el último suspiro; por la mejor de las tres actuaciones que The Strokes dio en la Argentina, y por una enorme faena de Duran Duran que emocionó a su público y se aseguró uno nuevo para los próximos años.

A la vuelta de la esquina está el quinto Lollapalooza y los nombres para poblarlo ya se escuchan a lo lejos, como un murmullo. Pero antes, mucho antes de que ello suceda, habrá quienes corran a adquirir esos primeros tickets, los early birds, con la misma emoción que aquellos que hicimos una cola interminable para obtener una entrada para ver por primera vez a los Rolling Stones en nuestra tierra.

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