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Ni derrame ni asistencialismo

Lunes 03 de abril de 2017
PARA LA NACION
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De qué hablamos cuando hablamos de "pobreza cero"? Mínimamente, de aceptar que es la gran deuda de nuestra democracia; está a la vista y debemos hacernos cargo. Y, además, de que el fracaso en la lucha contra la pobreza no se puede atribuir sólo al reciente intento de esconderla; la realidad es que desde hace más de 30 años el Estado no encuentra el camino adecuado.

Por eso, "pobreza cero" también significa dar un giro copernicano en esta batalla. El desafío por delante no es sólo técnico, sino también intelectual, ya que la lucha contra la pobreza requiere dejar atrás los dos marcos de pensamiento, el derrame y el asistencialismo, con los que se encaró el problema en el pasado.

La "teoría del derrame", por ejemplo, entendía que para reducir la pobreza bastaba con el aumento del producto de la economía a través de la política monetaria y fiscal, la desregulación y la privatización de servicios. Casi nadie duda de que la distribución de la riqueza implica necesariamente generación de riqueza. Pero la historia de nuestro país demuestra que el derrame nunca llega a aquellas personas que más lo necesitan. Un Estado que se priva de herramientas para abordar la pobreza de manera más directa condena al fracaso a gran parte de la sociedad.

El segundo marco, el "asistencialismo", describe la perspectiva asumida tras la crisis de 2001. El kirchnerismo enfrentó el problema de la pobreza mediante transferencias de dinero o con la provisión directa de bienes y servicios. A pesar de ello, dejó el gobierno con casi un tercio de la población en situación de pobreza, un número que no puede explicarse solamente por los descalabros macroeconómicos. Lamentablemente, como en los años 90, el kirchnerismo también se conformó con una visión limitada del problema de la pobreza. No sorprende que, considerando ese error de origen, también haya fracasado en combatirla.

Hoy, ya en pleno siglo XXI, sabemos que el desarrollo de un país no solamente es cuestión de crecimiento del producto per cápita y que la pobreza no se limita a un análisis de ingresos y canastas. Ante todo, un marco adecuado para pensar la pobreza debe asumirla como un problema ético. Una persona en situación de pobreza tiene un campo para ejercer su libertad mucho más limitado que una persona que no se encuentra en ella. Basta pensar en la idea de "desarrollar proyectos de vida", que ante todo implica moverse en el terreno de la libertad. La pobreza, en oposición, es el terreno de la necesidad, en el que se achica el margen de las decisiones y se agranda el de lo inevitable.

Entonces, como argumenta el premio Nobel de Economía Amartya Sen, salir de la pobreza y acercarse al desarrollo significa expandir las fronteras de la libertad, hacer que más y más cosas pasen de lo imposible a lo posible para la mayor cantidad de gente. Sen asocia esa "verdadera libertad" con cinco elementos diferentes y complementarios: libertad política, herramientas económicas, oportunidades sociales, seguridad social y garantías de transparencia. En un planteo como éste, más completo que los simples marcos del asistencialismo o el derrame, la reducción de la pobreza y el desarrollo van de la mano y se manifiestan en cada uno de estos elementos que expanden el marco de lo posible y de la libertad.

Este enfoque deja en claro que luchar contra la pobreza requiere de cambios en nuestro sistema político y económico, uno cargado de vicios que probó ser más parte del problema que de la solución. Ese cambio se da instalando un Estado transparente y confiable que tenga la capacidad de sostener un marco macroeconómico virtuoso, de intervenir directamente y sin clientelismo sobre la mejora de las condiciones materiales y de ampliar el capital social de las personas. Y es en este camino donde iniciativas como la reducción de la inflación, la reforma política, la ley de transparencia y acceso a la información, el plan nacional de primera infancia, la cobertura universal de salud, la ampliación de la asignación universal por hijo, el ingreso universal a la vejez y la ley de emergencia social, entre otros, toman real significado.

"Pobreza cero" es mucho más que el norte aspiracional de un gobierno: es el compromiso de trabajar de manera incansable y simultánea en todos los niveles del desarrollo y de la libertad. Derrame y asistencialismo no sólo fracasaron, sus soluciones simplistas sirvieron como un autoengaño que impidió encarar una realidad vergonzosa que hoy representa la herencia más pesada de la democracia.

Secretario de Integración Federal y Cooperación Internacional del Ministerio de Cultura de la Nación

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