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Ricardo Darín: "Vamos a tener un país serio cuando los maestros ganen lo que deben ganar"

A pocos días de reestrenar Escenas de la vida conyugal en el Teatro Maipo, el actor reflexionó sobre la Argentina y las grietas ideológicas; además, habló de su profundo amor por su mujer, Florencia Bas

Miércoles 05 de abril de 2017 • 00:21
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LA NACION
Ricardo Darín
Ricardo Darín. Foto: Archivo

"Hablar del amor en estos tiempos es un acto de resistencia, cada vez más. Históricamente debe haber sido siempre así. Por un lado es una utopía rescatar esta temática, pero también es una cuestión de rebeldía. Si ante las agresiones respondiéramos de manera amorosa, yo creo que los caminos serían distintos", explica Ricardo Darín a LA NACION horas antes de volverse a poner en la piel de Juan, su personaje en Escenas de la vida conyugal, el ya emblemático relato de Ingmar Bergman que nació a partir de la adaptación que realizó de su propia película.

Recortes de un amor

"Mi personaje le cuenta a la mujer que se enamoró de otra más joven con alegría, sin pruritos. Y eso es muy difícil de hacer", confiesa el actor. Ruptura de la cuarta pared al modo brechtiano, Darín y Erica Rivas, coprotagonista de la obra, entran y salen de sus personajes en un interesante juego de realidad y ficción ensambladas, para relatar esos hitos que hacen a la relación marital. Y, sobre todo, para contar ese cimbronazo que irrumpe cuando él le confiesa a ella que se enamoró de otra. "El amor puede modificarse, adaptarse, encontrar espacios distintos. Se va curtiendo con el tiempo. Encuentra nuevas opciones. Pero lo que más me gusta de mi personaje es esta especie de sinceramiento brutal y cruel. No nos han educado para decir la verdad sino para edulcorarla, buscar el momento oportuno, no quemar las naves. Tiene que ver con la educación judeo cristina, la religión, las culpas", dice el actor.

-Así como lo hace tu personaje, ¿has pateado el tablero en diversas ocasiones?

-No, soy un ser bastante culposo. Por eso me conmovió que este tipo tenga la valentía, el coraje de poner sobre la mesa lo que el cree que es la verdad. El va al frente y le dice a su mujer que se enamoró de otra. Es casi una locura adolescente. Y esta situación, paradójicamente, la coloca a ella en un rol maternal y de protección.

-¿Cómo ha sido tu vínculo con el enamoramiento a lo largo de la vida? ¿Te has enamorado y desenamorado muchas veces?

-Me enamoré un par de veces... Unos pares de veces... Pero las distintas etapas te hacen sentir sensaciones diferentes. Cuando se es adolescente se piensa que el universo conspira contra uno. Entonces se inicia una búsqueda, averiguar quién se es en realidad, hacia dónde se va. Los enamoramientos son como Tsunamis. A medida que pasa el tiempo nos ponemos, desgraciadamente, más civilizados. Todo tiene otras interpretaciones y sentimientos. Hoy, te podría decir que nunca sentí por ninguna mujer lo que siento por mí mujer. He sentido otras cosas, algunas con mucha movilización que incluso perduran en el tiempo...

-Como, por ejemplo, tu afecto por Susana Giménez...

-Exacto, como en el caso de Susana, a quien adoro, pero es otra cosa. Lo que siento por mi mujer desde la primera vez que la vi hasta hoy, se ha ido moviendo, adaptando, pero nunca se parece a ninguna otra relación.

Así en la vida como en el teatro

Erica Rivas y Ricardo Darín protagonizan Escenas de la vida conyugal, dirigidos por Norma Alenadro
Erica Rivas y Ricardo Darín protagonizan Escenas de la vida conyugal, dirigidos por Norma Alenadro. Foto: Gerardo Viercovich

Escenas de la vida conyugal lleva 300 representaciones en la Argentina y fue vista por más de 150.000 espectadores. El material también fue muy bien recibido en Madrid, Barcelona y Valencia. La obra podría definirse como un clásico contemporáneo, categorizado como tal no porque ofrezca respuestas sino porque esencialmente, como todo material que se balancea en esa categoría, interpela al espectador a partir de una temática tan esencial como universal. Los vaivenes de un matrimonio y el juego de tensiones que se va desarrollando en el vínculo, moviliza al espectador que se encontrará, seguramente en algún momento de la obra, representado pero no exento de cierta incomodidad. "La audiencia se siente identificada porque habla de vivencias propias o de alguien conocido al que le pasó, o ha dicho algunas de las frases de los personajes. Es imperecedero el conflicto. La obra te llena la cabeza de preguntas", explica Darín con el entusiasmo de quien ya transitó largo tiempo el material y siente que cada reestreno lo sumerge en nuevas interpretaciones y profundidades a explorar.

La pieza de Bergman, que volverá a ocupar la sala mayor del Teatro Maipo desde este fin de semana, es dirigida por Norma Aleandro (quien la protagonizó décadas atrás junto a Alfredo Alcón), encuentra en Rivas a una coprotagonista sensible y perfecta para acompañar a uno de los actores argentinos que brilla tanto en la Argentina como en Europa a fuerza de su talento y de una más que acertada elección de los proyectos en los que se involucra.

Quizás por esas cuestiones abordadas por el director Ricardo Bartís en torno al espectador y su necesidad de ver al actor como un cordero a ser sacrificado, Darín se muestra sorprendido por el humor que genera la obra, a pesar de ser un drama: "Nos causa gracia ver padecer en escena. Se trata de exponer conflictos de forma catártica. Si se quiere es un funcionamiento terapéutico. Nos reímos de lo que le ocurre a los personajes, pero en realidad nos reímos de lo que nos ocurre a nosotros mismos".

Un país niño

El actor se apasiona al hablar del amor. Lo amoroso vinculado con la ficción teatral, pero sobre todo, con la vida cotidiana más allá de la escena. Comprometido en sus declaraciones, aunque dueño de una mesura que hoy es escasa, jamás elude el compromiso ciudadano de opinar y reflexionar sobre la situación política y social.

-¿Cómo ves a la Argentina hoy?

-Ya no hablo más del país. Hablo de nosotros, de los argentinos. Estamos con problemas. Seguimos tirando la pelota afuera, seguimos diciendo que la responsabilidad es de los otros. De los que nos gobiernan mal, de los que nos gobiernan bien. De los que nos dicen la verdad, de los que nos mienten. Nos cuesta mucho mirar para adentro. Nos cuesta mucho darnos cuenta que este proceso de desculturización que padecemos, desde hace décadas, nos ha afectado al punto tal que estamos intoxicados de anomalías y que ya las tenemos incorporadas como comunes. Hay que desandar ese camino y hacer las cosas como se debe. Tenemos que respetar la ley, cumplir normas. Respetar al otro. Está escrito en todos lados, todo el mundo lo pregona, pero nadie lo cumple de verdad con honestidad. Estoy harto de que creamos que todo depende de unos tipos que nos administran.

-La búsqueda del "papá protector"...

-Yo lo dije una vez y casi me incineran como a las brujas en el medioevo. Somos un país niño. Tenemos esta pulsión de que va a venir alguien a salvarnos o a enterrarnos. Siempre depende de un tipo. Lo que habla claramente de dos cosas: primero que somos muy infantiles y segundo que no estamos hablando de un equipo. No creemos en el laburo en equipo. Es desastroso. Creemos que todo depende de una persona con nombre y apellido.

-Hace pocas horas hubo un enfrentamiento mediático entre Pablo Echarri y Fabián Gianola que volvió a poner sobre el tapete la grieta ideológica que atraviesa a buena parte de la colonia artística, ¿qué opinión tenés?

-La grieta es mucho más grave en las familias que en los actores porque los actores pueden no estar de acuerdo, o quizás no se bancaban desde antes y lo que hacía falta era una excusa para terminar de separar una cosa de la otra. Pero hay familias que no tienen sobremesa. Luego de comer cada uno se va por su lado porque no quieren entrar en territorios en caso que opinen de forma diferente. Y ya es un milagro que compartan la mesa. Conozco muchos casos en los que ya ni se sientan juntos. Se esquivan.

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En declaraciones al programa Desayuno americano, el protagonista de Relatos Salvajes manifestó su confianza en Pablo Echarri al punto tal de "poner las manos en el fuego por él" a partir de la controversia entablada entre su colega integrante de Sagai y Fabian Gianola, quien, junto a Andrea del Boca y Luis Brandoni, organizaron otra entidad de representación y defensa por el cobro de derechos.

Con seis décadas sobre sus espaldas, aunque su físico y su rostro aparentan bastante menos, Darín se muestra preocupado por la realidad nacional, pero sobre todo por el futuro: "Cuando seamos analizados dentro de cien o doscientos años dirán: que gente estúpida, qué les pasó. No se dieron cuenta del aquí y ahora".

Conflicto docente

-¿Qué pensás del conflicto docente que lleva un mes sin poder destrabarse?

-Es un conflicto central porque el deterioro cultural se ha llevado puesto a todo el mundo. En primer lugar, a los chicos. Y, por otro lado, la precariedad de la educación en la Argentina y la precariedad de los sueldos docentes. Vamos a tener un país serio cuando los maestros ganen lo que deben que ganar. Son los encargados de educar a nuestros hijos. El reclamo es real y válido, más allá que hay muchas cosas metidas en la misma olla. Hay que hacer una revisión de lo que es nuestra educación que fue pionera.

Y preocupado por un mañana que parece ensombrecido hasta tanto algunas cuestiones de idiosincrasia no terminen de modificarse: "Sin meternos en la discusión cortita de si fueron los peronistas o los radicales; Boca o River; Azules y Colorados. y no miramos para adentro y reflexionamos, vamos a seguir perdiendo mucho tiempo. Es doloroso no hacerse cargo de lo que hay que modificar".

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