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Broggi: el arquitecto al que le robaron la luz

La historia de cómo Manuel Belgrano y Hebe, la original, coincidieron en las Cinco Esquinas de Recoleta

Martes 11 de abril de 2017 • 01:39
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La residencia diseñada por Luis A. Broggi, según una imagen que publicó la Revista de Arquitectura en 1927
La residencia diseñada por Luis A. Broggi, según una imagen que publicó la Revista de Arquitectura en 1927. Foto: Archivo

Febo asomaba siempre por las ventanas de la casa del arquitecto Luis A. Broggi, sobre la avenida Callao, enfrente de la plaza Rodríguez Peña. Pero ese no era el único encanto de la zona a comienzos del siglo XX. En aquel tiempo, la avenida era un pintoresco camino bordeado por casas de una planta -la del arquitecto tenía tres- y el particular aroma de durazneros y naranjos, sobrevivientes de las antiguas quintas.

En la primera década del 1900 hizo su aparición el tranvía eléctrico. El cableado y los postes instalados a lo largo de Callao modificaron el paisaje. Pero lo que sacudió la paz del arquitecto Broggi -creador del edificio de La Inmobiliaria (Avenida de Mayo al 1400) y la iglesia San Agustín (Las Heras al 2500), entre otros- fue una descomunal edificación de seis pisos que le construyeron al lado de su casa. La luz del sol dejó de ser omnipresente: ahora pedía permiso para colarse en algunos espacios.

Resuelto a huir de la incipiente tiniebla, Broggi partió en busca de nuevos horizontes. Encontró un terreno muy atractivo, también en Recoleta, en las famosas Cinco Esquinas de Libertad, Juncal y Quintana, donde Manuel Belgrano pasó los veranos de su infancia, ya que el padre (Domingo Belgrano) tuvo su quinta en ese mismo sitio hasta 1801.

En la proa de la manzana, mirando al este, Broggi construyó su residencia. La ventaja del terreno triangular le otorgó al edificio la añorada luminosidad. Otra característica destacable fue el empleo de materiales nobles, es decir, nada de sustitutos. Eso era poco habitual en casas cuyas dimensiones estaban lejos de alcanzar la majestuosidad de los palacios y casonas de Buenos Aires. Las fachadas fueron revestidas de granito de Baveno, mármol de Venecia y cerámica de Estrasburgo. Para evitarse futuros obstáculos, tanto lumínicos como estéticos, el arquitecto también proyectó las casas aledañas.

La residencia mantiene su entrada por la calle Juncal. Pasando el frontis aún surgen entrelazadas las siglas del arquitecto: "LAB". Allí, según el diseño original, se optaba: a mano izquierda, el acceso al amplio garaje y la entrada de servicio; a mano derecha, el gran hall para pasar al escritorio, el comedor diario y, más al fondo, la cocina. Un pequeño jardín ocupaba el ápice formado por la unión de Juncal y Quintana. En los tres pisos superiores, los cuartos con sus respectivos baños. En el hall de ingreso se destacaba una estatua de Hebe, personificación griega de la juventud, construida a partir de una compacta roca de mármol. Las columnas y pilastras fueron hechas en mármol y ónix. Las escaleras, en roble.

Broggi, quien obtuvo el Primer Premio del Concurso Municipal de Fachadas de 1914 por su casa en Cinco Esquinas, no la disfrutó muchos años: en la década de 1920 la ocupaba su segundo propietario, el doctor Sylla Monsegur, mientras que el arquitecto se mudó a Paraguay y Uruguay. Como si quisiera arrimarse a la zona de la casita de tres pisos donde había perdido la luz.

La esquina, hoy

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