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Una joya argentina para la Corona británica

Domingo 09 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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Más allá de sus valores dramáticos, es una curiosidad en el panorama teatral porteño. En la Sala 3 del teatro La Comedia, se representa La joya más preciada, de las autoras argentinas Patricia Suárez y Sandra Franzen. La trama tiene una base histórica que, de un modo lateral, está relacionada con la Argentina. La pieza pone en escena una etapa en la vida del duque George de Kent, hijo de George V de Inglaterra, hermano del príncipe de Gales (el futuro duque de Windsor) y tío de Isabel II. Es el momento en que la madre de George, la reina María, lo presiona para que se case con la princesa Marina de Grecia y, de ese modo, sofoque las habladurías acerca de sus amantes masculinos y los escándalos en los que se veía comprometido. En la alta sociedad europea y estadounidense de las décadas de 1920 y 1930, se daba por sentado que el príncipe era homosexual, a pesar de que también se le conocían numerosas relaciones con mujeres.

La acción comienza cuando todavía George y el famoso comediante y autor Noël Coward son amantes. El robo de unas cartas de amor enviadas por el duque a Noël echa sombras sobre la clase de relación que los une. En la vida real, los dos se conocieron en 1923. El príncipe fue al camarín del intérprete para felicitarlo después de la función de estreno de la revista London Calling y esa noche empezaron una amistad que duraría diecinueve años, hasta la muerte del duque en un accidente de avión en la Segunda Guerra Mundial. Al principio, se trató de una relación amorosa, según los rumores que corrieron en las casas de campo de la aristocracia británica. Esa etapa no fue muy prolongada porque la idea del amor eterno era infrecuente, casi exótica, en la alta sociedad de la época.

En la obra de Suárez y Franzen, George, interpretado por Ulises Puiggrós, concibe, a pesar de ser muy voluble, un amor que lo atormenta. El objeto de ese sentimiento es el irresistible hijo del embajador argentino en Londres. Se habló durante décadas en Buenos Aires y en el extranjero de esa supuesta relación, pero, hasta donde yo sé, ningún autor local escribió un libro o una pieza sobre el asunto: La joya más preciada quiebra ese silencio. Por otra parte, los personajes mencionan al joven amante del duque por su nombre: José Evaristo Uriburu Roca. Ese affaire debió interrumpirse, según se dice en el escenario y en numerosos sitios de la Red, cuando el embajador vio salir al príncipe de la habitación de su hijo en una actitud y un atuendo poco formales, pero elocuentes. El título de la obra es una cita cortada de una frase célebre en la política nacional, pronunciada por un funcionario argentino mientras se firmaba con el Imperio un convenio económico nada beneficioso para el país: "La Argentina es la joya más preciada de la Corona". El duque de Kent, en la pieza, piensa que "la joya más preciada" contiene otra joya: su amante sudamericano.

La historia de George parece haber tenido peripecias aún más complejas. Se sostiene que el príncipe habría compartido su intimidad en el mismo período con José Evaristo y la heredera estadounidense Kiki Preston, emparentada con los Vanderbilt y los Whitney. Ella habría introducido al duque en el consumo de drogas y habría tenido con él un hijo adulterino. Siempre se sospechó que éste fuera Michael Canfield, el futuro primer marido de Lee Bouvier (más tarde princesa Radziwill), la hermana menor de Jacqueline Kennedy.

Los espectadores de La joya más preciada no verán a un actor que represente a José Evaristo. Sólo escucharán hablar de ese personaje bello e inalcanzable: el mismo hábil recurso empleado por Hitchcock en Rebeca, una mujer inolvidable. En cambio verán a Noël Coward (Javier Báez), a la reina María (Alicia Muxo) y a Marina de Grecia (Débora Longobardi), dirigidos por Graciela Pereyra.

En sus Diarios, Coward comenta muy dolido la muerte del duque de Kent y lamenta que en ese vuelo fatal no se hubiera estrellado el duque de Windsor, al que detestaba. Con el correr del tiempo, Noël llegó a ser muy amigo de la princesa Marina, de la princesa Margaret y de Isabel II. Les resultaba imposible prescindir del mejor entertainer en el reino.

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