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Lali Espósito, en España: la cantante busca ampliar sus fronteras

La argentina ofreció sus shows al público español y sigue su gira por Europa conquistando nuevos fans

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PARA LA NACION
Viernes 07 de abril de 2017 • 16:08
Lali Espósito amplía sus fronteras
Lali Espósito amplía sus fronteras. Foto: Adrián Quiroga
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MADRID.- Nada en su vida es casualidad. Espósito, de expósito, es una palabra que proviene del latín. El término designa a aquel que está expuesto, y como tal, no está bajo un techo. Un público cada vez más amplio y cosmopolita mira a Lali Espósito , de un lado y otro del continente, y a través del esperanto de las redes sociales. La diva pop argentina crece año a año, estira sus brazos y no hay cielorrasos ni paredes que la detengan. Faltan más de 36 horas para el recital que brindará en la capital española y un grupo de fans se instala en la puerta del hotel. Algunos turistas aún desayunan en el comedor y ella aparece peinada y maquillada y con una sonrisa amplia, con la energía de un sábado por la noche antes que la del lunes por la mañana. Lali utiliza dos lenguajes: uno, el verbal, y otro, tan rico como el primero, el de sus gestos, el movimiento de sus manos y sus expresiones.

El año pasado pudo verse en la TV de España Esperanza mía, que entre sus espectadores más devotos se encontraba Isabel Pantoja. Joan Manuel Serrat también conoce bien a Lali y con ella compartió el escenario del Gran Rex en su última visita, donde cantaron a dúo "Pequeñas cosas". Además, el mismísimo Lionel Messi se retrató con su compatriota en Barcelona. Lali crece kilómetro a kilómetro fuera de su país y aún le depara en estos días sus presentaciones en Roma y en Tel Aviv, antes de partir hacia el sur, el norte y el litoral de la Argentina.

-¿Cómo te preparás para una carrera internacional?

-No sé si me preparaba para esto, pero sí para una expansión. La intención de la música que hago claramente no es solo para la Argentina. En todo el proyecto, no solo en las canciones, hay una intención de trascender desde mi país. Me da mucho orgullo que el pop femenino haya crecido. Cuando laburaba en el primer disco, A bailar, me pasaba como fan de la música pop que no encontraba una chica que me propusiera algo que me interesara desde lo visual. Siempre tenía que ir a buscar afuera.

-Cantás sin el voceo rioplatense, usás el tú, ese es un síntoma de tu búsqueda fuera de la Argentina...

-Claro, desde el neutro, que es más universal. Es que el argentino es un bicho raro. No nos parecemos a ninguno otro latinoamericano. Esa decisión sí fue a conciencia de que me escuchen en Panamá, por ejemplo, y les resulte familiar. La música que hago instrumentalmente, también desde el sonido, busca ser universal, sino haría tango o haría el rock más argentino.

-¿Estás estudiando inglés?

-Sí, ahora con la gira paré. Se pone difícil... Estudio conversation, sobre todo (risas). Me preparo para que en algún momento tenga que hacerlo, pero sin ir a buscarlo ya. Sobre todo sin perder lo genuino que es la bandera que alzo, por eso mi disco se llama Soy. Si solo lo hiciera para gustar, creo que en dos años estoy aburrida y triste. En principio canto en castellano y quiero que siga siendo así. El día que me sienta verdadera y que quiera presentarme en inglés, lo haré.

-Tus canciones tienen un interlocutor, a alguien a quien le hablás, proponés un diálogo...

-Sí, este disco no es tan autorreferencial como parece, tiene que ver con el estar siendo. Son canciones que me las auto digo, como "Reina" o "Boomerang": ¿Por qué sos así? ¿Por qué me querés hacer daño?". Soy como un actor en una historia de amor. Siento que el que la escuche sí se va a poner en ese lugar. Hay canciones, que no me sorprende que sean las favoritas porque me lo dicen. Me encanta que esas canciones puedan recibirlas y que les signifique algo, que las tomen como propias.

-En "Revolución" te preguntás qué le pasa al mundo, ¿qué percibís de él en esta gira?

-Estamos raros. Hay algo interminable que es la grandeza del ser humano. Cuando viajás y cuando conocés, más allá de las cosas chotas, el ser humano siempre va a amar. Siempre reina el ser humano cariñoso y bondadoso y siempre bardeamos con esta generación, pero nos vamos acomodando como podemos.

A su público: «Me encanta que tomen las canciones como propias»
A su público: «Me encanta que tomen las canciones como propias». Foto: Adrián Quiroga

-¿Cómo es tu generación?

-Somos más relajados, nos hacemos más preguntas. No sé si mi abuela se preguntaba: "¿Estoy feliz con este hombre al lado?". Era para siempre y lo que le decían era así. Creo que hoy tenemos una relación mucho más verdadera. Si no estamos cómodos lo decimos y salimos rápido de esa situación. No perdemos el tiempo. También hay algo que un poco perdimos y es esa imagen del respeto al adulto.

"Gracias, ma", le dice a la mujer que la acompaña a sol y sombra y que le acerca un café. Lali, como una travesura, se presentó en un casting a los 10 años. No tenía ninguna experiencia, pero le sobraban ganas y personalidad. Perdida por los estudios de Palermo, acompañada por su hermana, ingresó por error en la audición de Cris Morena y desde entonces no paró de trabajar. En 2009, Gustavo Yankelevich advertía a una cronista, en plena temporada de Casi ángeles, que esa chica, "Marianita" como era conocida por entonces, tendría un largo camino. Hace ocho años ya era la artista que más salas del Gran Rex había llenado.

-Dijiste alguna vez que sos un alma vieja, ¿por qué?

-Lo soy. Hay algo que me pasa desde chica. Siempre me sentí cómoda con situaciones que no eran cómodas para mi edad, y al revés. Desde la música que escuchaba, como Serrat o Queen. Siempre me sentí más grande. Una idiota (risas). Los juegos que elegía, todo eso me dio la pauta. Después de haber leído a Brian Weiss, por ejemplo, encontré las palabras de algo que no podría explicar, pero que sabía que era lo que me pasaba.

-¿Creés que es la capacidad transformadora del arte?

-Sí, sin duda, para eso es. Por eso la música, que tiene algo de idioma universal, una fuerza para expresar que transforma, más que el cine, creo. Dentro del público que te sigue siempre hay un público, no me pasa solo a mí, que es el que la pasa mal... chicos enfermos, por ejemplo. Me siguen con esa ilusión, con esa cosa de milagro. Visitamos mucho a chicos y nos llegan historias y te das cuenta de lo que transforma. Te das cuenta de la capacidad de sanación y eso te excede porque no sé si te da la capacidad mental para poder procesarlo.

-¿Te imaginás viviendo afuera de la Argentina?

-Me encanta la Argentina. Vivimos lejos... Si te empieza a ir bien en México, ¿cómo hacés para ir una vez al mes? Si se me presenta la oportunidad, veré si está bueno e iré por ello. Soy bastante sociable. Para charlar no tengo problema. Creo que hay una cosa de supervivencia y que te armás la vida para estar contento y contenido. No lo sé, porque soy muy familiera, pero quizá lo paso bomba. Mientras tanto, esta es mi situación. Sí quiero hacer cine. Me encantaría hacer un musical en el cine, no tanto en teatro.

-En Permitidos mostraste un personaje más adulto, diferente a los que venías haciendo.

-Algo que no me permitiría es dejar de hacer algo por lo que vayan a pensar los demás. Hay un error común y es que se piense que porque trabajás para un público solo trabajás para ese público específico.

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-¿Qué podés adelantar de tu próxima película?

-Voy a filmar con Gonzalo Tobal, que hizo una peli muy buena, Villegas. Es muy joven y talentoso. Es la historia de una chica acusada de matar a su mejor amiga. La peli arranca dos años después del hecho y cuenta el proceso judicial y el interno.

-Hay un caso conocido en la Argentina...

-Sí, sí. Ni bien leí el guión le pregunté a Gonzalo si era ese caso y él me dijo que no. En realidad la historia muestra cómo la prensa puede crear un monstruo o un santo. La cámara está todo el tiempo en la habitación y muestra esa dualidad y ese dolor.

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