Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Enfoque sociológico de la "moñomanía"

Juana Libedinsky

SEGUIR
LA NACION
Sábado 08 de abril de 2017
0

NUEVA YORK.- Cuando regresamos a la Gran Manzana después de casi una década en Madrid, mi hija nunca quería salir de casa sin un moño gigante en la cabeza. Junto con las medibachas y el saquito corto estilo bolero era el look que llevaban todas las niñas que ella había visto en sus primeros años en la plaza de Chamberí.

Conocido como el barrio "más castizo de Madrid", Chamberí no era homogéneo como el glamoroso barrio Salamanca al otro lado de la Castellana. Salamanca era el emblema de las "pijas" (palabra muy chocante para los argentinos recién llegados a España, pero que es un término entre descriptivo y peyorativo de las "chicas bien"). En Salamanca, las "peques" con estos "lacitos" en el pelo, para seguir con el léxico local, eran emblemáticas. Pero en el resto del centro de Madrid, aunque hubiese variedad socioeconómica, ese look infantil se perpetuaba aunque sólo fuese porque era el que vendían todas las tiendas departamentales, mercerías y supermercados multipropósito chinos.

Al llegar a Nueva York, conseguir los moños que reclamaba mi hija se complicó ya que la tendencia era vestir a los niños como adultos en miniatura. Uno de los pocos lugares que los ofrecían estaba en Upper East Side y vendía, además, guantes blancos para las clases de baile de salón de los colegios privados de la zona. Eso da una pauta de que el precio -sobre todo para las que veníamos de comprarlos en paquetes de a docena en el súper- sonaba increíble.

Naturalmente, tras un par de años en la escuela primaria en Nueva York, el tema de los moños quedó en el olvido (fue reemplazado por vinchas con orejas de gatitos, étnicas, tejidas, o flúo de reminiscencias deportivas). Pero ahora han vuelto. Para las preadolescentes y las pre-pre-adolescentes el tradicional moño de raso en el pelo se volvió de inesperado rigor. Claire's, la cadena de accesorios que sirve de termómetro para ese grupo demográfico, no sólo los empezó a ofrecer, sino que se volvió uno de sus best sellers. Tan fuerte es la tendencia que la vuelta del moño fue la tapa del suplemento Styles del New York Times que rara vez aborda moda infanto-juvenil.

La responsable de la "moñomanía" es JoJo Siwa. Siwa es una estrella de 13 años de YouTube nacida en Nebraska, que canta sobre ser una buena amiga, en contra del bullying cibernético y -sorpresa, sorpresa- no usa ropa de chica sexy de veintipico. Se estima que será la próxima sensación juvenil.

Pero no todos están contentos. Una escuela en Inglaterra, país donde JoJo es aún más popular, prohibió sus grandes moños por considerar que distraen. Otra escuela de Long Island tuvo que llegar al compromiso de admitirlos, pero sólo si eran de los colores del uniforme. Todo suena increíblemente menor dentro del orden de cosas que ocurren en la vida (incluso en la moda), pero en el matutino hasta citan sociólogos que están analizando que una moda que ven reminiscente de los conservadores años 50 sea la que causa el revuelo actual. Y, por supuesto, también citan madres a quienes no les gusta que, una vez más, el ídolo de sus hijas no sea alguien que les despierte conciencia social. Mientras tanto, en casa, sin mayor controversia se están desempolvando los viejos moños. Ya no son de niña bien madrileña, sino de estrella de YouTube de la América profunda, y sólo nos queda preguntarnos qué simbolizarán si algún día nuestra familia tiene otro destino.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas