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Sin estudios: "Me hubiese gustado ir al secundario"

Lunes 10 de abril de 2017
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Todos los días, Cristina Gómez, de 64 años, llega a su trabajo en la Fundación Franciscana (www.fundacionfranciscana.org), donde es cocinera, en bicicleta. Vive a pocas cuadras, en el barrio Lomas de Mariló, partido de Moreno.

Uruguaya de nacimiento, pero argentina de corazón, llegó al país con 21 años. "Me crié en el campo y siendo muy jovencita me fui a trabajar a Montevideo, pero la situación era muy difícil y nos vinimos para la Argentina: desde entonces estamos luchándola acá, trabajando muy duro", recuerda la mujer, que es mamá de cinco hijos.

Vivieron un tiempo en una pensión en Once, hasta que pudieron comprar el terreno en Moreno, 40 años atrás. "Fuimos haciendo la casa de a poquito. La construimos entre toda la familia, pero todavía nos falta la cocina."

Hoy vive con su esposo, un hijo de 38 años que está separado y su nieto Jordan, de 7. Desde fines de 2016 cobra la jubilación de ama de casa.

"Mi esposo también está jubilado, cobramos el mínimo, unos cinco mil pesos. Él, que siempre fue panadero, tuvo que dejar de trabajar porque tiene asma. Con su jubilación pagamos la luz, que a veces son dos mil y pico de pesos; el gas y el teléfono. Pero no nos alcanza, así que mientras pueda voy a seguir trabajando", asegura Cristina.

Siempre trabajó en casas de familia, hasta que hace cuatro años le ofrecieron ser cocinera. "Cambié de rubro y me encanta", dice con una sonrisa. "Antes era empleada doméstica en una casa muy grande, en San Martín. Estaba cansada de viajar tanto en colectivo, muchas veces parada, corriendo para no perderlo. Los años ya empezaban a pesarme, necesitaba un trabajo más cerca."

Su hijo es empleado en una empresa de limpieza. Los gastos que más le cuestan son los de la comida: "A veces llegamos, a veces no. Pero nunca nos falta porque siempre de un lado u otro nos ayudan", dice.

Su sueño es terminar la cocina de su casa y el local que están construyendo al lado. "Es un comercio para cuando tengamos más años, para salir adelante, porque ahora me siento bien, pero tengo problemas de salud y en algún momento no voy a tener fuerzas", cuenta.

A Cristina le hubiese gustado mucho poder hacer el secundario "para tener un trabajo mejor y no estar siempre en el servicio doméstico". Con emoción, afirma: "Estoy orgullosa de mi hija que terminó la escuela y está estudiando enfermería: yo la apoyo porque hay que superarse".

Poco descanso: "Nunca podemos salir a pasear"

Sara Ninfa Chávez (63), en su casa del barrio El Libertador, partido de San Martín
Sara Ninfa Chávez (63), en su casa del barrio El Libertador, partido de San Martín. Foto: Emiliano Lasalvia

Sara Ninfa Chávez empezó a trabajar a los 18 años, en su Paraguay natal. Hoy, a los 63, en su casa del barrio El Libertador, partido de San Martín, cuenta que sólo pudo terminar la primaria y que siempre fue "muy laburadora". Enumera algunas de las muchas cosas que hizo: desde atender un local de telas, una ferretería o clientas en la peluquería que montó en su casa hasta trabajar como empleada doméstica o vender pizzas y empanadas caseras.

Actualmente atiende el quiosco (una extensión de su vivienda) que tiene con Julio, su marido, quien además hace fletes.

Desde hace nueve meses cobra 4700 pesos de una jubilación de ama de casa, pero gasta cerca de 2000 pesos en medicamentos. Las cuentas no le cierran. "Vivimos el día a día y tratamos de cubrir todos los gastos. Pero no es fácil. Hay que pagar los impuestos, la comida y todas las cosas que necesitan los chicos", cuenta. "Vivo con mis tres nietos, de 12, 9 y 8 años, a quienes crié porque mi hijo estuvo muchos años preso y la mamá los abandonó. El año pasado, mi hijo recuperó la libertad, es vendedor ambulante y vive junto con su pareja también pegado a esta casa."

Dice que hoy ya no le da el cuerpo para hacer cosas que antes hacía, pero para ella lo principal es que a sus nietos no les falte nada. En 2015, los chicos se sumaron a la escuela de fútbol de la asociación civil Pequeños Pasos (www.pequenospasos.com.ar), donde reciben contención y ayuda con útiles escolares y mochilas cada comienzo de año.

Lo fundamental para la familia es economizar en todo lo que sea posible. Julio, su marido, explica: "No nos excedemos con ningún gasto y no tenemos tarjeta de crédito. Ahora, al tener su jubilación sabemos que todos los meses esa platita fija está y podemos pagar alguna cuenta". Darse un gusto o hacer una salida les resulta impensable. Sara se pregunta: "¿Hace cuánto no salimos de vacaciones? Yo no puedo llevar a mis nietos a comer una hamburguesa fuera de casa. Nunca podemos salir a pasear a ningún lado".

Mientras se prepara para tomar el colectivo que la llevará al médico, la mujer cuenta que tiene problemas cardíacos y de los riñones. "Tomo cuatro medicamentos por día y PAMI me cubre la mitad".

Todos los días, la mujer abre el quiosco a las 7 de la mañana. "Mi deseo es mantener mi quiosco y poder comprar un auto para salir con mis nietos, llevarlos a la cancha de fútbol y acompañarlos a todos lados", concluye Sara.

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