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Un cruzado contra el poder del algoritmo

Domingo 16 de abril de 2017
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Hace un tiempo que titilan en el flujo de Twitter. Nada demasiado sofisticado: imágenes digitalizadas, algunas abstractas, otras figurativas, atravesadas por inscripciones en al menos tres idiomas: "Conciencia aumentada", "Ayudemos y respaldemos a los refugiados", "Ética planetaria", "Tweetart planetario". En Instagram, la secuencia es similar. Englobadas bajo la consigna "Artpostal", reproducciones de obras en acrílico seguidas de escuetas explicaciones (siempre vinculando la ilustración con el universo de la nube digital o la conciencia tecnológica global) en francés, alemán, inglés y, a juzgar por los ideogramas, chino o japonés.

Ambas cuentas pertenecen al artista y filósofo franco-canadiense Hervé Fischer (http://www.hervefischer.net/cv_es.php), y son la expresión más reciente de su búsqueda estética e intelectual. No están exentas de ingenuidad: al menos, ésa es la sensación cuando, desde este rincón del planeta, uno mira el sin duda bienintencionado tuit donde, enmarcada en trazos circulares celeste y azules, asoma la consigna: "Gracias por retuitear y participar en esta campaña planetaria por el respeto a las poblaciones vulnerables".

Con todo, la apuesta de Fischer tiene su atractivo. Y no sólo por el juego -en clave digital, "instagramera" y "tuitera"- con la tradición del arte postal, esa experiencia anclada en la historia de las vanguardias y basada en la experimentación y la ruptura con los medios convencionales de exhibición y circulación de las obras de arte.

Fischer, que ante todo es un teórico, traduce, desde un lugar más bien lúdico o expresivo, algunas líneas de su pensamiento; por sobre todo, la convicción de que el mundo hipertecnológico es heredero de la búsqueda renacentista y que es a nosotros, herederos de ese legado, a quienes nos toca la urgente obligación de volver a dotar de sentido aquella vieja palabra, el humanismo. Hombre formado entre libros (estudió con Raymond Aron) y autor de libros (entre otros, CiberPrometeo y El choque digital, ambos editados por Eduntref), intenta traducir al código escueto de Twitter algunas de sus obsesiones: "Hiperhumanismo para más humanismo"; "El progreso no está programado: es una voluntad humana"; "De la soledad individual a la solidaridad planetaria: la meta de la divergencia ética". Su batalla es contra las imposiciones del algoritmo y el impulso de ciertas utopías tecnocientíficas crecidas en el terreno abandonado por las perimidas utopías políticas. "Prefiero pensar en el mito del hombre como creador de su entorno, como ser responsable y libre", expresó hace unos años en este mismo diario. Y sigue en esa línea.

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