Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Historia de un amor prohibido

Se enamoró perdidamente estando casada. Sin embargo, ese no sería el mayor obstáculo; la diferencia de edad era amplia y él era el sobrino de su marido.

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 14 de abril de 2017 • 00:31

Ana estaba perdida. Apenas sí podía sonreír. Su cabeza era un torbellino de emociones y su vida ya no era su vida. Estaba atravesando uno de los momentos más duros. Uno de esos momentos que parecen irreales, lejanos a lo que había soñado para ella y para sus hijos. Y no sabía qué hacer, cómo reaccionar, cómo enfrentarlo. Ana había descubierto un engaño por parte de su pareja; peor, había descubierto que él llevaba a su amante a la propia cama matrimonial.

.
..

Era cierto que ellos se habían distanciado, pero aun así la desilusión, el dolor y el no saber qué hacer, la llevaron a un estado de angustia permanente. Para Ana, ese fue el punto final de una etapa de su vida y el disparador que le dio inicio a su psoriasis. Sin embargo, no fue el punto final de su matrimonio, un lazo que no tuvo el valor de terminar.

Fue durante esos momentos de angustia que apareció Ignacio, un hombre joven que le cambió el ánimo y su dolorosa situación. Él llegó un día de visita a su casa para visitar a su marido, un señor que casi siempre estaba ausente. En esa primera instancia, ese encuentro no le significó nada más que una simple visita de un sobrino político al que apenas conocía. Sí, el esposo de Ana era el tío de Ignacio.

Los primeros encuentros

Al principio, sólo coincidieron con una mirada fría y lejana. Pero después de esa noche, Ignacio comenzó a ir cada vez más seguido a su casa. Ana pudo notar como la mirada de él a ella se volvía cada vez más penetrante. Primero no leyó entre líneas, pero sí sintió cierta curiosidad. Se descubrió observándolo. Él jugaba con sus hijos e intentaba involucrarla. Al final, siempre terminaba robándole una sonrisa.

Los días pasaron. Cuando no se veían, él le enviaba mensajes amigables y, cuando jugaban con los chicos, él aprovechaba para hacer contacto, incluso abrazarla. Su cuerpo, sensible y extraño por aquellos días, no lo rechazaba.

Ana no pudo reprimir por mucho tiempo todas esas emociones nuevas; emociones peligrosas. Se lo contó a una amiga. Con pocas palabras, ella le aconsejó que "se suba al tren" sin pensarlo. "Pasa una sola vez. Ana. Date la oportunidad de sentirte amada y cuidada por una vez en la vida", le dijo.

Ignacio, que a esa altura los visitaba casi todos los días, se encariñó con los hijos de Ana. La ayudó a cuidarlos en momentos en los que ella no pudo estar. Él se preocupaba. Él estaba. Y a ella, su presencia, le fue llenando el alma.

De a poco, Ana pudo percibir como las miradas de ambos habían cambiado y como los roces habían comenzado a hablar por sí solos.

Una pasión irrefrenable

Sucedió un 23 de agosto. Antes de ir a un evento. Inolvidable. Ella recién había salido de la ducha e Ignacio entró a su habitación para invitarla a tomar unos mates. Estaban solos en la casa. Cuando se dio vuelta sintió sus manos en su espalda y, de pronto, sus labios sobre los de ella. A partir de ese instante, se perdieron y le dieron comienzo a su historia; un largo y apasionado camino que les cambió la vida para siempre. Su cabeza quiso preguntarse si estaba bien o estaba mal, pero su corazón no le dio tiempo y la arrastró hasta sus brazos. Él era su refugio.

Ese amor, prohibido, creció de manera incontrolable y llegó el día en el cual Ana tuvo que tomar una decisión. Finalmente decidió que el romance debía llegar a su fin. No era lo que quería, pero tenían que dejar de verse.

Hoy, a pesar de la distancia, ella siente que su amor vive como el primer día. Lo recuerda y extraña cada segundo. Tal vez para Ana, jugarse por su amor sea una cuenta pendiente que le lleve toda la vida. Siente que hay muchas cosas que la separan de él. La diferencia de edad; dejar volar al verdadero amor para que no reprima cosas que aún tiene que vivir, tal vez.

Ana no sabe lo que va a pasar. Pero sabe que esta historia aún no tiene un final.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

En esta nota:
Te puede interesar

Debido a la veda electoral estas notas estarán cerradas a comentarios hasta el domingo a las 18hs. Muchas gracias.