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Klaus Schwab: "Cualquier inflación de doble dígito es negativa a largo plazo"

Para el economista, ingeniero y creador del Foro Económico Mundial, "lleva tiempo hasta que la inversión se refleje en el bienestar de una mayoría de la gente"

Domingo 16 de abril de 2017
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LA NACION
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Los conceptos fluyen en perfecto inglés, pero con marcado acento alemán. Con una cadencia pausada, pero firme en cada afirmación, Klaus Schwab describe el nuevo orden mundial, el surgimiento de los populismos y los desafíos que enfrenta la Argentina puertas adentro, pero también hacia afuera de sus fronteras. "Es una tarea muy compleja preparar a la Argentina para el futuro", dispara el creador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), que cada enero se lleva a cabo en Davos y que hace 10 días tuvo su capítulo regional en Buenos Aires. "El liberalismo crea ganadores y perdedores. Y la revolución industrial refuerza ese proceso", afirma el doctor en Economía e Ingeniería, y autor de La cuarta revolución industrial (Debate, 2017), quien no esquivó el debate local por alza de precios: "Cualquier inflación de doble dígito es negativa a largo plazo". Y advierte: "Hasta que la inversión se refleje en el bienestar de una mayoría de la gente, eso lleva tiempo".

-Estuvo con el presidente Macri. ¿Cuál fue su impresión?

-Cuando estuvo en Davos, en enero de 2016, describió su programa de reformas y yo creo que está atacando la inflación, y logró que haya aceptación de la Argentina en los mercados financieros internacionales. Recreó la confianza en la comunidad de negocios internacional. Hay una gran cuestión: hay que avanzar en una cantidad de pasos antes de tener resultados. Uno crea confianza, pone en marcha las políticas correctas y habrá más gente que querrá invertir. Pero hasta que la inversión se refleje en el bienestar de una mayoría de la gente, eso lleva tiempo.

-¿Cuánto tiempo?

-Siempre habrá gente impaciente, que dirá que las políticas fracasaron porque no vemos los resultados. Uno comienza a construir una fábrica y eso crea empleo. Pero el verdadero empleo sólo se crea cuando la fábrica está trabajando. Por lo que se tarda de dos a tres años en principio hasta que se ven los resultados.

-Algunos especialistas critican que las inversiones se ven en el sector financiero, pero no en el productivo...

-Pero es una buena señal. Por lo menos está ingresando capital. Muestra que la comunidad internacional vuelve a tener confianza.

-El Gobierno dice que la inflación de este año será del 17% y los analistas, que superará el 21%. En cualquier caso, ¿sigue siendo una inflación elevada para los inversores?

-Cualquier inflación de dos dígitos es negativa a largo plazo.

-¿Qué impresión se lleva del país? ¿Es un buen lugar para invertir?

-No olvide que la Argentina parte de una situación muy difícil y sufre mucho por el pasado: corrupción, mala asignación de recursos, falta de confianza en la comunidad internacional e inflación, entre tantos otros. Si lo comparamos con una maratón de 42 kilómetros, la Argentina todavía está a cinco kilómetros del punto de partida, por lo que tiene que correr aún más rápido para ponerse a la par del resto del mundo.

-¿Y qué potencial le ve?

-Creo que el país tiene el potencial de incorporarse a la nueva economía del siglo XXI, porque se piensa mucho en forma innovadora y emprendedora aquí. Basta pensar que cuatro de seis unicornios de América latina salieron de aquí, o que de la Universidad de Buenos Aires tuvo cinco ganadores del premio Nobel.

-Pero justo cuando la Argentina se abre, el mundo se cierra. ¿Cuál es el camino?

-Tienen dos desafíos simultáneos. Por un lado están los pecados del pasado. Hay que hacer limpieza de la corrupción y demás cuestiones del Viejo Mundo, y hay que crear nuevas bases para la confianza, porque la confianza es la base esencial de una economía próspera. Para que haya confianza hay que basarse en la honestidad y en la verdad, decirle realmente a la gente dónde estamos ahora, cuáles son los problemas. La Argentina tiene que recrear esta base de confianza. Y por ejemplo, tener una divisa estable. O una situación fiscal que sea sustentable. Estas son todas medidas necesarias para establecer la confianza.

-¿Eso es suficiente?

-No. También hay que prepararse para el futuro, que estará determinado en gran medida por la cuarta revolución industrial. Por tanto, para la Argentina es muy importante mirar el sistema educativo, porque la capacitación, la formación y el conocimiento es lo que se requerirá en el futuro en un mundo altamente competitivo. Es una tarea muy compleja preparar a la Argentina para el futuro. Y es muy fácil venir con respuestas muy simples, mirando sólo una dimensión y decir "nosotros podemos resolver la cuestión, podemos prometerles una mejor vida".

-Hay países que hoy se vuelcan al nacionalismo y al proteccionismo. ¿Es porque el capitalismo o la globalización fracasaron?

-No. Yo no estoy a favor de lo que se llama neoliberalismo, que es liberalismo irrestricto. Necesitamos un liberalismo en el que se mantenga un contrato social que garantice cierta solidaridad entre ganadores y perdedores. Porque el liberalismo crea ganadores y perdedores. Y la revolución industrial refuerza ese proceso. Por lo que se necesita un contrato social y se necesitan reglas. Ya en 1996 escribí un artículo en el New York Times en el que dije que la globalización sin responsabilidad social no es sustentable y llevará al populismo. Y eso es lo que tenemos hoy.

-¿Eso explica los populismos?

-El problema aquí no es sólo la velocidad del cambio. El problema es la complejidad. En un mundo globalizado tenemos que digerir un grado mucho más elevado de complejidad que antes. Modernizar la economía argentina es una tarea muy compleja, de muchas facetas. Y la gente no entiende la complejidad. Por lo que es muy fácil para un populista venir y decir: tengo una respuesta muy sencilla para ustedes. Esa es la situación en la que estamos hoy. La gente siente que en un mundo muy complejo, con cuestiones muy complejas, se puede tener respuestas muy fáciles.

-¿Esta situación es un pequeño paréntesis que desaparecerá o es un gran cambio que permanecerá?

-Por el momento tenemos una tendencia hacia el egoísmo, proteccionismo, nacionalismo y populismo. Y el motivo es que la gente se volvió muy sofisticada. A través de la televisión se ve lo que está pasando en el mundo. La gente le tiene miedo a la nueva revolución. Hay una nueva clase social, llamada el "precariado". El proletariado era gente de bajos ingresos que vivía en condiciones miserables. El "precariado" es una clase de ingresos medios, pero que teme al futuro, teme perder su trabajo. Esta nueva clase es muy importante desde el punto de vista político. Estamos atravesando una etapa de la historia global donde estamos en una situación muy frágil. Yo diría que incluso como sociedad global estamos en una situación precaria. Porque no sabemos lo que sucederá realmente mañana.

-¿Es pesimista de cara al futuro?

-Soy optimista. Soy científico. Mi formación es como ingeniero. De modo que mi rol y el rol del Foro [de Davos] es mirar los problemas y encontrar soluciones. Y eso es lo que estamos haciendo.

Mini bio

Cargo

Fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF)

Profesión

Doctor en Economía (Fribourg) y en Ingeniería (Instituto Tecnológico Suizo)

Nacimiento

Alemania, 1938

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