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"La Cámara Humana", el genio autista que dibuja ciudades enteras de memoria

Stephen Wiltshire viajó por el mundo por su increíble talento; en sus magistrales murales plasma los detalles más insignificantes de los paisajes urbanos después de haberlos visto en un breve recorrido en helicóptero.

Domingo 16 de abril de 2017 • 12:06
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Después de recorrer ciudades con su mirada, desde un edificio alto o un helicóptero, se sienta en una butaca alta. Se pone sus auriculares y escucha soul y funk, un poco de pop, algo de disco de los '70. Toma su marcador negro Staedler de punta fina y empieza dibujar sobre el extenso lienzo de cinco metros de ancho por uno y medio de alto. El proceso creativo es siempre el mismo. Y comienza a recordar.

La memoria inequívoca de Stephen Wiltshire lo lleva a recordar su niñez. Sus padres se dieron cuenta pronto de que tenía serias dificultades para relacionarse con su entorno. En realidad, era mudo sin serlo. El diagnóstico llegó a los 3 años: autismo. Sin lenguaje, vivía en su mundo, aislado, recluido a su imaginación.

Con 5 años dijo su primera palabra: "papel". Una declaración iniciática de su gran pasión. En la Queensmill School de Londres se hizo notorio que el único momento de disfrute lo tenía con un lápiz en la mano frente a una hoja en blanco. Allí sí dialogaba. Su lenguaje eran sus dibujos, que primero fueron animales, después autobuses londinenses y autos clásicos americanos. Por último, edificios emblemáticos de su ciudad. Los detalles imperceptibles y las líneas precisas empezaban a notarse.

Cologne, Germany #original #drawing #art #city

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A los 9 años, terminó de aprender a hablar aunque aún hoy se le escuchan escasas palabras. Uno de sus maestros detectó su talento precoz y lo llevó a distintas competiciones locales en las que Stephen se destacó. Pronto, el boca a boca hizo su trabajo. El círculo artístico londinense no lograba comprender la magistralidad de sus dibujos. Hugh Casson, expresidente de la Royal Academy of Arts de Londres, se refirió a él como "posiblemente el mejor artista infantil de Gran Bretaña".

Llegó la venta de su primera obra a los 7 años. A los 8 recibió el pedido del Primer Ministro Británico para que dibujara la Catedral de Salisbury. A los 13 publicó su primer libro, Drawings, un volumen de sus esbozos iniciales. El reconocimiento se multiplicaba. Sus hitos transcurrían a toda velocidad.

Un día, su hermana mayor Annette lo llevó a la casa de un amigo de la escuela. Vivía en el decimocuarto piso de un edificio de alto. Por primera vez, Stephen pudo obtener una imagen panorámica con su mirada de la imponencia de Londres. Quedó maravillado con su diseño, con su aspecto grisáceo, sus edificios únicos. "A partir de ese momento, su pasión se volvió obsesiva", dijo su hermana.

Finishing touches #elevatehou

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Al tiempo se hizo evidente su memoria visual implacable. En 1989, visitó Venecia y logró su primer dibujo panorámico. Lo apodaron "La Cámara Humana" y se volvió uno de los artistas más requeridos del mundo. Le llegan tantas invitaciones que tiene una lista de espera de 4 a 8 meses. Buscan que Wiltshire dibuje sus paisajes urbanos. Cada ventana, cada semáforo, cada detalle nimio que, para él, no pasa inadvertido después de solo haberlas visto desde arriba durante un par de horas.

Después de Venecia, siguieron cientas de ciudades. Brujas, París, Oxford, Copenhague, Tokio, Nueva York -en la que después de observarla 20 minutos hizo una radiografía exacta y se transmitió en vivo por la web-, Ciudad de México, Ciudad de Singapur y muchas otras.

La memoria de Wiltshire no falla. También recuerda que en 2006 el Príncipe Carlos lo nombró miembro de la Orden del Imperio Británico por sus contribuciones al mundo del arte. Ese año abrió su propia galería en el centro de Londres. Todos los turistas que pisan el aeropuerto Heathrow ven una fotografía suya que les da la bienvenida.

Taking in the view from the helicopter ??

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Por fin se saca sus auriculares. El soul, el funk, el disco de los '70 deja de sonar. Después de una larga jornada, cerca de 7 horas con un descanso de apenas 50 minutos, en la que maravilló a un auditorio repleto, suelta el marcador. La ciudad ya está terminada. Por fin deja descansar a su memoria.

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