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Boca, Guillermo y el arte de defender un resultado

Lunes 17 de abril de 2017
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Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, entre Insaurralde y Jara; Boca no supo defender el resultado y dejó escapar dos puntos
Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, entre Insaurralde y Jara; Boca no supo defender el resultado y dejó escapar dos puntos. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

Muchas veces se le preguntó a Guillermo Barros Schelotto si a Boca no le faltaba “oficio”. Él aclaró que no le gustaba esa palabra, porque se utilizaba para elogiar a un equipo que había ganado y se había defendido bien. “Yo prefiero los equipos que atacan siempre”, dice. Se podrá estar o no de acuerdo con esa forma de ver el fútbol, pero al fin y al cabo es un estilo que logró imponer en el líder y eso es muy meritorio. Convenció a los jugadores de que es mejor buscar un 3-0 que defender una mínima diferencia. Con Boca se recurrió a esa apreciación (la falta de oficio) sobre la forma en la que había perdido en la Bombonera ante Independiente del Valle, por la Copa Libertadores y esa tendencia quedó confirmada incluso en el mejor momento futbolístico xeneize, tras la seguidilla de triunfos en los clásicos ante San Lorenzo, Racing y River y en lo que va de 2017. Este Boca de los Mellizos siempre es más equipo cuando ataca que cuando defiende. No sabe defender un resultado. Y esto no tiene que ver con observar a todo el equipo parado por detrás de la línea de la pelota o cediéndole la iniciativa al adversario. Un equipo también puede defenderse con la posesión del balón, movilidad y no siempre haciendo todos los pases hacia adelante. Pero Boca carece de un líder futbolístico dentro del campo que sepa administrar esa variable. El problema es cuando ve que no está claro para atacar, como ayer, pero que además siente que el resultado peligra. ¿Y cuáles serían las sensaciones de peligro ante un Patronato que ni se había acercado a Rossi? Que Boca no estaba bien, que más allá de la posesión tuvo muy poca claridad para crear situaciones de riesgo (apenas cinco); además, el gol errado por Pavón cuando tenía pase a Benedetto y el ingreso del “grandote” Quiroga (1m96), porque un pelotazo al área o una pelota parada… Guillermo sintió que el resultado peligraba. Por eso a diez minutos del final reubicó al equipo 4-1-4-1 y puso a Jara (volante) por Pavón (wing). Pero a Boca le empataron con un pelotazo que no fue cabeceado por Quiroga (pasó de largo), pero sí conectado por Arce.

Boca sufre porque no sabe defenderse desde la tenencia de la pelota. Si no ataca bien ni define los partidos por dos o tres goles, siempre corre riesgos. Y no por defender mano a mano o pararse lejos de Rossi, sino porque sus jugadores no toman la mejor decisión desde la movilidad, la estrategia ni el manejo de los tiempos. Ni un cansado Pablo Pérez, ni el sobre elogiado Bentancur, ni el individualista Pavón. El único que demostró olfato para jugar ayer fue Barrios, pero sólo no pudo. Y cuando Boca no está preciso para hacer goles y su presión física colectiva pierde fuerza para marcar, queda expuesta su falta de oficio.

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