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La realidad del legado olímpico de Río 2016

A 8 meses de los Juegos Olímpicos

Lunes 17 de abril de 2017
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Los residentes que viven cerca del Maracaná también agradecen a los Juegos la implantación de medidas de control de inundaciones en su barrio
Los residentes que viven cerca del Maracaná también agradecen a los Juegos la implantación de medidas de control de inundaciones en su barrio. Foto: Archivo

Por Eduardo Paes (*)

RIO DE JANEIRO.- Útimamente se habló mucho de las consecuencias de los Juegos Olímpicos de 2016 para Río de Janeiro. Como ex alcalde de la ciudad, no me cabe duda: los Juegos han sido beneficiosos para Río.

Albergar la cita olímpica aceleró la puesta en marcha de proyectos de transportes e infraestructuras que traerán beneficios a largo plazo para residentes y visitantes en los años venideros. Los Juegos sirvieron además para abordar problemas que se habían obviado durante mucho tiempo.

Miles de ciudadanos de Río se benefician cada día de trayectos más rápidos y cómodos en la nueva línea de metro, en las tres rutas de micros de tránsito rápido y en las rutas mejoradas. También disfrutan de Porto Maravilha, el área revitalizada, actualmente conectada por un tren rápido, en la que se encuentra el museo más popular de la ciudad. Y más ventajas están por llegar.

En realidad es demasiado pronto para evaluar todas las ventajas del legado de los Juegos. El Parque Olímpico y la mayoría de las instalaciones se usaron hasta el final de los Paralímpicos, hace sólo 6 meses.

Para no perder la perspectiva cabe señalar que el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no se reabrió al público hasta febrero de 2014, casi un año y medio después. El Parque Olímpico Reina Isabel, el eje central del legado de unos Juegos extremadamente exitosos en Londres, abrió dos meses después.

En Río, los planes para desmontar el pabellón de handball y convertirlo en cuatro escuelas siguen pendientes del proceso de licitación pública de las obras requeridas. El hecho de que no se haya llevado a cabo todavía no significa que no vaya a producirse. Cuando se construyan, esas cuatro escuelas pasarán a formar parte del legado de los Juegos.

Lamentablemente, la transformación asociada al legado en Río sufrió las tremendas repercusiones de una serie de factores económicos más generales. Brasil sigue padeciendo una crisis económica que comenzó mucho antes de los Juegos. Son muchas las razones que contribuyen a la precariedad de la economía brasileña, incluidas la caída del precio de productos y servicios básicos, un gasto excesivo por parte del sector público, la corrupción y la inestabilidad política. Ninguna de ellas tiene que ver con Río 2016.

Brasil no arrastra un problema por culpa de los Juegos: Brasil tiene problemas económicos. De hecho, los Juegos contribuyeron a aliviar las dificultades económicas porque generaron empleo, especialmente en los sectores de la construcción y el turismo, cuando los brasileños más lo necesitaban. El ministerio de Turismo del país reconoce a los Juegos el mérito de haber impulsado el crecimiento turístico durante el año pasado. Unos 6,6 millones de turistas extranjeros inyectaron 6200 millones de dólares en la economía: un incremento de más del 6% con respecto al año anterior. El ministerio calcula que este año volverá a batirse el récord de visitantes.

Sugerir que los Juegos supusieron una pesada carga para el Gobierno es incorrecto. La verdad es que alrededor del 60% de la financiación de las instalaciones olímpicas procedieron del sector privado.

Muchas de las principales instalaciones usadas en los Juegos ya existían con anterioridad. El Centro Acuático Maria Lenk y la Arena Olímpica de Río se construyeron para los Juegos Panamericanos de 2007. El Maracaná ha sido un referente en Río durante más de seis décadas. El estadio había quedado vergonzosamente descuidado tras su entrega el año pasado a su propietario privado, y para eso no hay excusas que valgan. Sin embargo, volvió a abrir sus puertas para el fútbol el 9 de marzo.

Los residentes que viven cerca del Maracaná también agradecen a los Juegos la implantación de medidas de control de inundaciones en su barrio, que deberían haberse hecho hace tiempo. Como alcalde, solía invocar los olímpicos para convencer al Gobierno nacional de llevarlas a cabo.

Se produjo un grave malentendido con otra instalación acuática, el Estadio Olímpico de Deportes Acuáticos, el recinto que tiene el exterior pintado por la artista brasileña Adriana Varejão. Algunos medios de comunicación lo pusieron como ejemplo de incumplimiento del legado, e ilustraron la noticia con fotografías que pretenden mostrar su abandono. En realidad, esa instalación siempre estuvo destinada a ser temporal. Parece en mal estado porque se está desmontando. Los materiales resultantes de su desmantelamiento se usarán en dos nuevos centros acuáticos.

Es demasiado pronto para una valoración definitiva del legado de los olímpicos, pero actualmente Río ya es una ciudad mejor gracias a los Juegos. Estoy seguro de que veremos aflorar más beneficios en los próximos meses. Sólo el tiempo y la dedicación de las autoridades competentes nos dirán cuánto exactamente se beneficiará Río de su histórico papel como primera sede olímpica de Sudamérica.

* Ex alcalde de Río de Janeiro

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