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Boca durmió una siesta muy larga y se desentendió de sus responsabilidades de puntero

Sin juego, empuje ni jerarquía, el líder volvió a dejar muchas dudas; apenas se destacó el colombiano Barrios y no hay quien llene los lugares de Gago y Centurión

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LA NACION
Lunes 17 de abril de 2017
El único acierto de Boca en toda la noche: Benedetto conecta de cabeza un centro y marca el gol
El único acierto de Boca en toda la noche: Benedetto conecta de cabeza un centro y marca el gol. Foto: Fernando Massobrio
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Tan pesada y profunda fue la siesta que se durmió Boca que ni el aliento de toda la Bombonera pudo despertarlo. Y no fue una somnolencia breve y fugaz, de esas que no terminan alterando la productividad del día. No, todo lo contrario. Duró los 90 minutos y el descuento. Fue a tiempo completo, sin interrupciones. Un sueño en el que iba ganando sin hacer nada y que terminó con la pesadilla de un empate que le hace más daño a su imagen futbolística que a su contabilidad de puntero.

Sucumbió a la misma dejadez que cuando perdió de local ante Talleres. Esa noche, la mayoría de sus perseguidores ya habían resignado puntos, como en esta fecha, y Boca también rifó la posibilidad de enviar un mensaje con autoridad. A veces, Boca se golpea el pecho y grita "acá estoy, por estas razones soy el puntero", como ocurrió una semana atrás en la convincente victoria sobre Vélez. Y en otras ocasiones, Boca se esconde, se esfuma y da a entender que es un puntero demasiado titubeante.

Hasta para vencer a un rival tan limitado como Patronato es necesario mostrar algo, sacudirse la parsimonia. El único que jugó con la intensidad y concentración que requiere la alta competencia para ganar un partido fue el colombiano Barrios . Fue salida desde atrás, recuperó varias pelotas, estuvo atento a los relevos. Sólo le faltó contagiar a unos compañeros que a lo mejor creyeron que con el reemplazante de Gago y Sebastián Pérez era suficiente.

Rendimientos como el de anoche ponen en tela de juicio la consideración de que Boca tiene el mejor plantel. La realidad indica que para algunos puestos cuenta con buen recambio. Barrios cubrió eficazmente la función de Gago, aun con otras características, ya que el colombiano tiene más marca. Pero Gago, que está cerca de reaparecer tras la recuperación de un desgarro, no puede quedar al margen de ninguna formación. Si Barrios anoche fue valioso, Gago hubiera sido indispensable porque su aporte no lo asume ningún otro. Por esto debe entenderse jerarquía, voz de mando, personalidad para pedir la pelota y activar algún circuito de juego. Todo esto le faltó a Boca, sumido en una liviandad insufrible.

Si Barrios rindió para quedar entre los titulares y sólo un trasnochado puede imaginar a Gago fuera del equipo, Barros Schelotto deberá reconsiderar la integración del medio campo. En caso de que Gago vaya de interior, posición que le sienta mejor que a Barrios, estarían sobrando Bentancur o Pablo Pérez, dos piezas poco menos que intocables para el Mellizo. O quizá se anime a reformular el esquema 4-3-3, toda vez que la larga ausencia de Centurión no tiene a un reemplazante de garantía en Solis o Junior Benítez.

Probablemente, una línea media con Gago, Barrios, Pérez y Bentancur, más Pavón y Benedetto como dupla ofensiva, le venga bien a un equipo con tendencia al desequilibrio, que tampoco descansa en la solidez defensiva.

Lo concreto es que tienen trabajo los Barros Schelotto. No sólo en la elección de los hombres, sino también en la transmisión de un discurso que los haga reaccionar, que les haga ver el compromiso y la responsabilidad de un puntero, que encima se llama Boca. Es hasta cierto punto inadmisible la desidia que envolvió al equipo. Bértoli, un arquero que a los 38 años pisó por primera vez la Bombonera en su partido 500, tuvo que atajar la primera pelota a los 29 minutos, tras un cabezazo de Bentancur. De tan poco exigido, quizá Bertoli se distrajo y no salió a cortar con decisión el centro de Solís que cabeceó al gol Benedetto. El centrodelantero había tenido otros tres intentos, todos desviados, pero apareció para confirmarse como el goleador del equipo, con 12 tantos. Y también para hacer buenas las declaraciones que entresemana había dejado el ex futbolista y ahora músico Daniel Osvaldo: "Al final, lo de mi puchito cerró por todos lados, ja. Yo soy feliz con mi banda de rock y Benedetto no para de hacer goles. Todos contentos".

Boca creyó erróneamente que era un partido para ganarlo con la pose relajada de quien fuma un cigarrillo. Hizo el gol segundos antes de que finalizara el primer tiempo. El 1-0 no debería haber ahorrado una fuerte levantada en peso de Barros Schelotto en el vestuario.

Pero Boca siguió en su atonía. Engañado hasta con el resultado, porque un exiguo 1-0 no justificaba las resoluciones displicentes de Benedetto y Pavón, como si el encuentro estuviera definido y el tiempo que quedaba fuera para el lucimiento personal.

Es cierto que Patronato preocupaba muy poco en ataque. Por algo es un equipo que sólo había convertido un gol en sus últimos cinco partidos de visitante, y que de local venía de sufrir la tunda de un 5-0 contra Independiente. Es limitado, pero no ignorante como para no advertir que enfrente había un rival con la cabeza en cualquier lado y las piernas aletargadas.

Desde el banco surgió el envión que faltaba en la cancha. Bertocchi y Quiroga aportaron centímetros para cazar pelotazos y Arce se coló entre el hueco que dejaron Vergini e Insaurralde para aprovechar una pelota suelta y empatar.

Castigo para este Boca apático, pesado como si se hubiera empanzado con una rosca de Pascuas. Su silueta de puntero no seduce.

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