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Con milicianos, Maduro aplica la táctica del miedo en una semana clave

La oposición planea para mañana una marcha multitudinaria, pero el chavismo moviliza fuerzas paraestatales

Martes 18 de abril de 2017
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Miembros de las milicias bolivarianas, ayer, frente al palacio presidencial
Miembros de las milicias bolivarianas, ayer, frente al palacio presidencial. Foto: AFP / Federico Parra

En el imaginario chavista, abril es el mes de las victorias, como la lograda al fracasar el golpe de Estado de 2002 contra Hugo Chávez. O como la polémica de Nicolás Maduro en las elecciones de 2013, in extremis y tras una campaña a la deriva.

En 2017, en cambio, abril se ha convertido en el mes de la incertidumbre bolivariana. Pese a sufrir la mayor crisis económica, social y política que se recuerde, Maduro manejaba a su antojo 2017, bautizado como el año de la recuperación. Y con el tablero estratégico con todas las piezas bajo control, maniatadas gracias a la fracasada Mesa del Diálogo y a las diferencias internas de la oposición. Hasta que un terremoto provocado por la propia revolución cambió radicalmente el escenario.

Las sentencias del Tribunal Supremo contra el Parlamento conformaron una nueva realidad política, un movimiento tan mal ejecutado que ha provocado una reacción en cadena: la rebelión de los diputados, convertidos hoy en héroes; la indignación internacional; la rebelión de la fiscal; la retoma de la calle como forma de protesta, y la reunificación de la coalición opositora.

Así llega el 19-A, "la madre de todas las protestas", déjà vu del 1° de septiembre del año pasado, cuando más de un millón de personas tomaron las calles de la capital. "Habrá una movilización que pasará por encima de todos los obstáculos", adelanta Freddy Guevara, vicepresidente de la Asamblea. Como el 1-S, pero con siete meses más de crisis sobre las espaldas del país.

El chavismo ha desplegado sus defensas habituales: represión, propaganda, "conspiranoia" y revolver las aguas para que no llegue la luz, incluso dentro de la propia Mesa de la Unidad Democrática (MUD). "Cuando se rumorea un adelanto de elecciones como estrategia oficial, puede ser cualquier otra cosa, pero nunca elecciones presidenciales", sintetizó el politólogo Luis Vicente León tras los globos sonda lanzados desde el poder.

El mismo guión, pero cada vez más radicalizado, incluida la táctica del miedo. "Que cada quien defina si estamos con la patria o con la traición", advirtió ayer el presidente, vestido de militar, rodeado de miles de milicianos, a los que prometió un rifle para cada uno. Ante los apuros, el "hijo de Chávez" vuelve a parapetarse entre sus más incondicionales.

Los milicianos tendrán mañana la responsabilidad de rodear el Palacio de Miraflores, uniéndose a los miles de seguidores que se desplegarán en la habitual contramarcha oficialista. "La milicia se quedará en Caracas hasta que sea necesario", añadió más tarde Diosdado Cabello, habitué en las vísperas de los pulsos callejeros.

En frente, "arrechera" (enfado) y hastío. Tanto que muchos quieren ver una salida próxima en el horizonte. "Los errores del gobierno parecen aproximar el país al cambio. Pero hay que tener sentido de las proporciones. El 19-A no es el día final", pronostica el politólogo John Magdaleno.

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