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San Lorenzo sufre mal de ausencias y no logra rescatar su juego exitoso

El equipo acusa las salidas de figuras como Blanco, Cauteruccio y Mas; pende de un hilo en la Copa y le perdió pisada a Boca en el torneo

Martes 18 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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El semblante de Diego Aguirre no suele ser un campo propicio para los buscadores de pistas. El técnico uruguayo de San Lorenzo gesticula poco, sus ojos claros ofrecen escasas pautas de lo que pasa en su interior, y tampoco es amigo de las altisonancias en el discurso. Por eso, si después de un mal partido de su equipo -como el jugado en Tucumán, en la caída por 1-0 ante Atlético-, su imagen es la de un hombre sereno que no dramatiza la derrota, la primera explicación habría que buscarla en esa personalidad peculiar que sabe darle a cada cosa el valor que realmente posee. Aunque no necesariamente tiene que ser la única.

Que la versión 2017 del conjunto de Boedo dista mucho de aquella vital y floreciente del segundo semestre del año anterior es una evidencia que no escapa a ninguna mirada. Del mismo modo que la tendencia claramente negativa de las últimas semanas. En la Copa Libertadores, el destino pende de un hilo, y ni siquiera el eventual acceso a la Copa Sudamericana a partir de agosto parece un objetivo fácil. En el torneo local, San Lorenzo pasó de ser el "único rival" de Boca por el título a ocupar un quinto puesto que, hoy por hoy, lo dejaría afuera de la Libertadores 2018.

Aguirre, DT de un equipo que se desvanece
Aguirre, DT de un equipo que se desvanece. Foto: Mauro Alfieri

"Ssssí, me voy preocupado", fue la última frase de Aguirre en el Monumental José Fierro. Lo dijo arrastrando la "s", como si de verdad le costara medir hasta dónde este período de turbulencias le quita el sueño. Hablamos de un técnico que conoce de sobra el negocio. Sabe que en este fútbol de alcances cortos ningún entrenador tiene el puesto asegurado, y también que con lo logrado hasta ahora el día de mañana su currículum seguirá mostrando un buen aspecto y su candidatura a suceder al Maestro Tabárez al frente de la selección celeste no correrá peligro. Pero además, cuenta con una ventaja: forma parte de un club cuyos dirigentes hacen del respeto por los acuerdos firmados una cuestión de fe.

"En junio evaluaremos todos los contratos que finalizan y ahí decidiremos", dijo convencido el presidente Matías Lammens hace apenas 20 días, y los antecedentes invitan a creerle. ¿Incluso en caso de catástrofe? Posiblemente, incluso así. Otra cosa serán las decisiones que el propio Aguirre pueda tomar en caso de que el equipo no supere el bache en el que está metido y quede afuera de cualquier lucha. Y otra aún más diferente lo que vaya a suceder después de junio.

"Aguirre te da herramientas y después deja que el jugador decida", afirmaba el mediocampista Néstor Ortigoza en enero, cuando nada hacía presagiar una marcha a los tumbos. Sin embargo, el nuevo modelo del conjunto cuervo casi nunca logró plasmar en la cancha esa soltura que pregonaba su capitán.

Podría tener argumentos Aguirre para quejarse por los que emigraron, aunque sea algo inherente al fútbol argentino. La realidad es que hasta ahora no supo recuperar con funcionamiento la ausencia de jugadores tan importantes como Sebastián Blanco, Martín Cauteruccio o Emmanuel Mas.

Sin ellos, ni Belluschi ni Ortigoza están rindiendo en el nivel del año pasado. Ambos extrañan la rueda de auxilio que para ellos era Blanco; y las convincentes armas de ataque por afuera que significaban el lateral sanjuanino y el goleador uruguayo.

Para colmo, el entrenador oriental tampoco logró sacar provecho de los recién llegados (lo cual obliga a valorar también el acierto en la política de compras). Salvo el defensor Marcos Angeleri, ninguno de los restantes refuerzos del último año ha conformado. Los aportes de Corujo, Coloccini, Botta o Bergessio (que el domingo disputó su primer partido completo en diez meses) se miden con cuentagotas. Y ni hablar del paraguayo Piris da Motta o de Tino Costa, prácticamente olvidados por Aguirre.

Y hablando de olvidados, el capítulo de los futbolistas que no son tenidos en cuenta es el que termina de emponzoñar la relación de Aguirre con el "mundo San Lorenzo". "Ponelo a Pipi, lalarálaralalá." ya se convirtió en hit en el Nuevo Gasómetro. Fiel a su estilo, el técnico no concedió ni un solo gesto a la tribuna, y en un club que cuida tanto sus tradiciones y su historia, el maltrato al ídolo es tomado como una afrenta muy difícil de tragar.

Las próximas dos semanas serán vitales en el futuro inmediato. Los partidos ante Temperley y Gimnasia por el campeonato, y Universidad Católica y Paranaense en Copa Libertadores aclararán el panorama de lo que esperará a San Lorenzo prácticamente hasta diciembre.

¿Con o sin Aguirre al mando? El cúmulo de factores no invita al optimismo. Pero el hombre de la mirada clara y el semblante sereno seguro lo tomará con calma, incluso aunque su camino en el club se torne cada vez más estrecho. Sabe que, pase lo que pase, en algún lugar habrá vida después de mitad de año.

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