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Paraguay y la reelección

Miércoles 19 de abril de 2017
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En una carta recientemente entregada al arzobispo de Asunción y difundida públicamente a través de una conferencia de prensa, el presidente de Paraguay, Horacio Cartes, comunicó que no será candidato "en ningún caso" a la reelección presidencial.

De esta manera, el mandatario procura disminuir la tensión originada por la aprobación, por parte del Senado de su país, de una norma que todavía debe ser examinada por la Cámara baja y que posibilitaría la reelección presidencial.

Esa aprobación parcial, del 31 de marzo pasado, desató una ola de protestas en la ciudad de Asunción, que culminaron con el incendio de una parte del edificio del Congreso Nacional y la muerte de un joven líder político opositor en un confuso enfrentamiento con la policía.

El rechazo a la reelección presidencial en Paraguay está ciertamente vinculado con la memoria de la larga y feroz dictadura del general Alfredo Stroessner, que se extendió por 35 años, y con el legítimo deseo de permitir la alternancia en el poder, tan necesario en un régimen democrático.

La oportuna decisión del presidente Cartes debe aplaudirse. Sin embargo, puesto que el Congreso de su país continúa tratando la norma que, en el caso de resultar sancionada, podría permitir la reelección presidencial, existen fundadas sospechas de que el oficialismo, más adelante, podría insistir para que Cartes cambie de opinión y el vecino país se embarque en una nueva aventura personalista.

Es importante destacar que la reelección presidencial consecutiva o alternada está expresamente prohibida en Paraguay desde la Asamblea Constituyente de 1992. Por lo tanto, para poder restablecerla se requiere que, llegado el caso, así lo resuelva otra Asamblea Constituyente y no, como podría ocurrir, una simple norma emanada del Congreso Nacional.

Tanto la OEA como los Estados Unidos y otras naciones de la región habían manifestado su lógica preocupación por las consecuencias de la norma que aún se intenta hacer aprobar.

El ex obispo y ex presidente de Paraguay, Fernando Lugo, quien también impulsaba la norma comentada, se ha mantenido en un riguroso silencio.

En cambio, la carta del presidente habría obedecido a las inquietudes de Washington, el Vaticano y otros países. Lo cierto es que el panorama no resulta auspicioso porque si bien el mandatario ha renunciado públicamente a la reelección, sus partidarios insisten en continuar impulsando un proyecto a todas luces inconstitucional. La prensa de Asunción ha reflejado el escepticismo con el que la sociedad paraguaya recibió la noticia, pues Cartes ya habría faltado antes a su palabra.

La única forma de despejar las dudas y permitir que Paraguay no se aleje de la senda institucional y respete la Constitución es que la Corte falle contra el plan y que el Congreso archive el proyecto de forma definitiva.

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