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Una pasión que sigue intacta a 450 años de su creación

Con el título de Monteverdi, en una producción conjunta entre Nuova Harmonia y Buenos Aires Lírica, se inaugura hoy el nuevo Coliseo

Jueves 20 de abril de 2017
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LA NACION
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Los signos romanos conviven con el kitsch
Los signos romanos conviven con el kitsch. Foto: Gentileza Liliana Morsia

A 450 años de su nacimiento, Monteverdi sigue vivo en Buenos Aires. Como decía Harold C. Schonberg: "Es el primer gran compositor cuya música aún posee la fuerza necesaria para conmover y asombrar a los públicos modernos". Aseveración que hoy se pone a prueba con la puesta de L'incoronazione di Poppea, que se estrena hoy en el teatro Coliseo. Una coproducción entre Nuova Harmonia y Buenos Aires Lírica con la dirección artística de Marcelo Lombardero y la dirección musical de Marcelo Birman. Llevará a escena la famosa historia de amor entre Nerón y Poppea, amor que Monteverdi quiso mostrar como deseo puro y descarnado.

Durante una mesa redonda organizada en el Istituto Italiano di Cultura días antes del estreno, los responsables de esta producción explicaron las decisiones que tomaron para contar y resignificar esta historia. Monteverdi, afirmaron, era un compositor moderno que detestaba todo lo antiguo y cuyos logros cambiaron la manera de mostrar la cultura al mundo. "De Monteverdi al cine sonoro hay un solo camino", explicó Lombardero. Basada en hechos reales, la puesta no está situada en una época en particular; lo que busca resaltar es el deseo irrefrenable, ese al que no le interesan las consecuencias. La definieron como una obra de texto, en la que el hecho teatral es posterior. Y en esto, dijeron, tiene mucho que ver el libreto, cuyo autor fue el poeta y erudito Busenello.

Con energía y pasión, Lombardero maneja todas las cuerdas que ensamblan la puesta. Es que su historia de amor con el barroco no es nueva, viene de tiempo atrás y así lo mostró cuando presentó Bromas y lamentos, una especie de ópera imaginaria con scherzis y madrigales de Monteverdi y Cavalli. Feliz de tener la oportunidad de trabajar en el renovado Coliseo, afirmó que entre las decisiones que tomaron estuvo la del elenco. Concebida originalmente como una obra de mujeres, no habrá roles travestidos, con el propósito de dar verosimilitud dramática a la historia.

Lombardero cree que de Monteverdi al cine sonoro
Lombardero cree que de Monteverdi al cine sonoro. Foto: Gentileza Liliana Morsia

"En las óperas antiguas hay mucho que hacer antes de que la obra pueda ensayarse de corrido. Hay que interpretar las fuentes y tomar decisiones", afirma Birman, el director musical y todo un referente del barroco, ya que con su agrupación musical La Compañía de las Luces ha trabajado a fondo las óperas francesas de este período. Explicó que el problema reside en la versión auténtica (no se conoce ningún manuscrito del propio Monteverdi) y acá trabajaron con los únicos dos que existen (el de Venecia y otro posterior de Nápoles). Para esta versión tomaron partes de ambos, así como también de otras obras de Monteverdi y de compositores contemporáneos (el famoso dúo final "Pur ti miro, Pur ti godo" se atribuye a Benedetto Ferrari). Monteverdi trabajaba a manera de atelier -dice- y aquí repetimos la fórmula. A los integrantes del continuo (todos especialistas y profesores de conservatorio) se les dan las pautas y luego ellos improvisan. En el foso del Coliseo habrá tiorbas, arpas, claves, órgano, viola da gamba, violonchelo, contrabajo, cornetto y sacabuches.

Trabajo de equipo

Cuando faltan días para el estreno, la fachada del teatro todavía está cubierta. En el interior, los obreros ponen punto final a los trabajos de renovación. Ya la nueva caja escénica está al 100% y se estrenan piso y estructura del escenario. Para hoy todo tiene que estar listo.

Una maqueta a escala, sostenida sobre un pequeño atril, sirve para que en la sala Les Luthiers la asistente de dirección y la stage manager repasen cada escena. Comienzan a ensayar cantando solamente; allí, Lombardero aprovecha para indicar tiempos, silencios y sentimientos. Cuando ya el canto parece decirlo todo, Ignacio González Cano (coreógrafo y asistente de dirección) interviene para darle movimiento a la escena. Se escucha a Drusilla cantar "O felice, felice" creyendo que al fin tendrá a su amado, pero la felicidad le dura poco. Acusada de intentar matar a Poppea, Nerón descarga su ira sobre ella y la arrastra como un objeto buscando que confiese. En este momento no hay trajes ni orquesta, sino sólo el instrumento que ejecuta el continuo, pero la tensión se siente una y otra vez mientras repiten la escena. Bastan las voces y sus movimientos para sentir la violencia y el abuso. "Gracias, gracias, gracias", es la consigna del director para parar, dar instrucciones y comenzar de nuevo.

El libro explora el deseo irrefrenable, ajeno a las consecuencias
El libro explora el deseo irrefrenable, ajeno a las consecuencias. Foto: Gentileza Liliana Morsia

Un pasillo secreto divide las dos salas en las que se ensaya simultáneamente. En la sala Gassman está Ottavia cantándole desgarrada a su patria: "Addio, Roma", cuando es repudiada por Nerón. Sentada entre los músicos, se graba en su iPhone, cuya pantalla reverbera ante cada suspiro de despedida. Un contraste con el círculo de instrumentos antiguos a los que Birman dirige desde el centro con un entusiasmo que casi lo hace bailar. En todo momento establece un diálogo con los músicos para tomar decisiones en conjunto. Es barroco puro.

Faltando sólo una semana tiene lugar el primer ensayo escénico. El elenco al completo está presente: Cecilia Pastawski, Santiago Burgi, Luisa Francesconi, Iván García, Victoria Gaeta, Gloria Rojas y Martín Oro. En una ópera tradicional, éste hubiese sido sólo con piano, pero en Poppea, fiel al estilo "taller" del compositor, están todos los músicos en el foso. El aire kitsch de la escenografía comparte protagonismo con los referentes romanos. Muy puntuales y a la precisa orden del director comienza el prólogo: un duelo entre la fortuna y la virtud a quienes se les aparece el amor para vencerlas. Perfecta introducción para esta historia que comienza a tomar forma en el escenario del Coliseo.

En la oscuridad de la sala ya se siente la magia particular que sabe fabricar las luces de escena. Faltan pocas horas para el estreno y arranca el ensayo general, el silencio es completo. La historia se convierte en protagonista absoluta y la música, en su perfecta compañera. Hay muy pocas interrupciones, sólo para pedir ajustes de iluminación o del tiempo entre escenas. Se ve a Nerón y Poppea amarse en 360 grados, a un Séneca íntegro no renunciar a sus principios y al despechado de Ottone tratando de engañar a su corazón. La juventud y el talento de cada artista son la combinación perfecta para mostrar la pasión, la lujuria y la sed de poder que suceden aquí. Un estreno que representa un gran esfuerzo para seguir abriendo espacios al género: favola in musica, como lo llamó Monteverdi.

L'incoronazione di Poppea

Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125

Funciones, hoy y el sábado, a las 20; domingo, a las 18

Desde, $ 450

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