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Camino a la meca del culebrón

Domingo 23 de abril de 2017
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LA NACION
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Dos nenes, uno de no más de tres años y otro de no más de siete, se aferran con manos de uñas negras a un alambrado. Sobre la foto se superpone una leyenda: Siria, séptima temporada. Podría ser el póster de una serie si no fuera tan real. La organización no gubernamental Acción contra el hambre eligió la semántica del showbiz para recaudar donaciones para las víctimas de una guerra civil que lleva siete años, con millones de chicos que padecen las penurias de un conflicto brutal. El aviso aparece en diarios y revistas de todo el mundo y junto con la foto se publica un número gratuito de teléfono. Si en la era del imperio Netflix sólo se puede convocar a las almas sensibles con atracones de series, en la Siria real los chicos tienen hambre y la televisión ajusta sus guiones a la guerra.

En un cocoliche de árabe y francés, la telenovela Bab Al-Hara consiguió los picos de rating más altos del Medio Oriente: ambientada en la década del 30, cuenta las cuitas de la época en que la muy orgullosa Siria estaba ocupada por Francia con el costumbrismo retro de la vida en los viejos barrios de Damasco habitados por hombres coronados con turbantes y mujeres envueltas en velos. Pero en los últimos años resignó enormes porciones de su audiencia frente a Regresaremos dentro de poco y Hacé las valijas, dos telenovelas que tratan un tema más doloroso y actual: el drama de los refugiados.

En rutas hacia Europa, Jordania o el Líbano (se calcula que hay casi cinco millones de civiles que debieron abandonar Siria en los últimos siete años), el galán y la heroína de hoy se enfrentan a nuevos desafíos: ya no la intriga romántica sino una cuestión más urgente, como la supervivencia en países que no están contentos de recibirlos.

"Las telenovelas son el reflejo de los sueños y temores de sus gentes, por lo que también han cambiado", escribió en el diario español El País la periodista Natalia Sancha desde Damasco: "Para unos se trata de desafiar tabúes. Para otros, de imponer una lectura de la guerra".

En Siria, el antiguo epicentro audiovisual de los países árabes, las productoras televisivas intentan adecuar los guiones al escenario bélico. El drama de las familias divididas por el conflicto ocupa las pantallas en horario central a veces con caras desconocidas, toda una revolución en el casting: muchos actores famosos tuvieron que fugarse para salvar sus vidas. La geopolítica de las telenovelas maneja sus propias tácticas y estrategias: en estos años, la vecina Turquía aprovechó la debacle siria para convertirse en la nueva meca del culebrón, con tramas universales y producciones fastuosas que emocionan a los televidentes del Golfo Pérsico o el Río de la Plata.

Mientras tanto, los dos nenes de uñas negras posan con el gesto congelado detrás de un alambrado: esperan de aquel que se emociona con Orange Is the New Black un puñado de dólares que los ayude a sobrevivir en la cárcel cotidiana en que se transforma un país en guerra. Si pasa en la vida, pasa en las telenovelas. Ahí donde la espera antes era por el beso del galán y la heroína, ahora es más dolorosa e interminable: se espera la paz.

CINCO PROGRAMAS DE LA TELEVISIÓN SIRIA

Maraya

La decana de las tiras: en el aire desde 1982, una comedia satírica creada por el actor Yasser al-Azma que se burla de las costumbres occidentales.

Sanaoud Baad Kalil

Estrenada durante el Ramadán, el mes donde se concentran los éxitos televisivos, cuenta la travesía de un joven que abandona Damasco para salvar su vida.

Jareemat Shaghaf

La guerra de los sexos, en versión siria: un típico galán de telenovela es secuestrado por cinco mujeres que tratan de matarlo por distintas razones.

Al Gherbal

Una ficción histórica que ubica su trama en el barrio de Al-Shaghour tal como era en 1927 y donde los personajes encarnan los arquetipos del bien y el mal.

Bab Al-Hara

El mayor éxito de la televisión siria: una superproducción de época que narra los días de la ocupación francesa y las costumbres de un país en el ojo de la tormenta.

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