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Barcelona al diván: ¿le queda fuego sagrado o se apaga inexorablemente?

Quedó eliminado sin lograr hacerle un gol a Juventus en 180 minutos; está en suspenso la vigencia de un ciclo glorioso entre el desgaste de la vieja guardia, refuerzos que no funcionan y el reemplazo del director técnico, Luis Enrique

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LA NACION
Jueves 20 de abril de 2017
El festejo de Dybala, decisivo en la ida, en medio del Camp Nou
El festejo de Dybala, decisivo en la ida, en medio del Camp Nou. Foto: Adrián Quiroga
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Luis Enrique había vaticinado que al segundo gol lo haría el Camp Nou y el tercero iba a caer solo. El tema era conseguir el primero, ese objetivo que Barcelona nunca alcanzó en 180 minutos, ni en Turín ni en tierra catalana, donde desde hacía casi cuatro años por la Champions League no se iba en cero (derrota por 3-0 ante el Bayern del triplete).

Quedó lejos Barcelona de repetir un milagro como el 6-1 sobre Paris Saint-Germain. No sólo porque no hay dos partidos iguales, sino también porque la oposición de los italianos fue diferente a la de los franceses, mucho más férrea y menos asustadiza. Juventus recibió sólo dos goles (ambos de pelota detenida, incluido uno de Nicolás Pareja, de Sevilla) en 10 partidos en esta competencia.

La Vecchia Signora hizo dos tipos de cotejos diferentes, ambos muy efectivos para sus intereses de clasificación para las semifinales. Uno atrevido e intenso en la ida, con un Paulo Dybala sobresaliente, consagratorio por los dos goles. Y otro de más control como visitante, encomendado a esa fuerte vena defensiva que tiene incorporado a su ADN como buen equipo italiano que es. En algún momento se vio acorralado y sometido a los remates de Barcelona, pero nunca entró en pánico ni quedó paralizado por la trascendencia de la cita y del escenario. En cambio, el conjunto español entregó en la mayor parte de los 180 minutos una misma imagen: impotencia, un continuo remar río arriba para no llegar a destino.

Campeón de Europa en tres de los últimas ocho años, Barcelona se quedó en la barrera de los cuartos de final, como hace un año contra Atlético de Madrid. Aquella vez hizo sufrir hasta el final al conjunto del Cholo Simeone. Ahora, el interminable Gianluigi Buffon y compañía se sintieron en semifinales desde un buen rato antes de que terminara el partido. La comparación sirve para reflejar que este Barcelona es un poco menos que el del año pasado. En todo: en juego, en lucidez, en chispa. Son parámetros que suelen descender cuando la motivación y el hambre de triunfo disminuyen con respecto a otros momentos.

Un Camp Nou completo, con espectadores que se quedaron hasta el minuto 95, como lo había pedido Luis Enrique, despidió al equipo con agradecimiento, haciendo flamear banderas. Una gratitud por tiempos pretéritos más felices y también un reconocimiento a un Barcelona que lo había intentado todo, con dignidad, pero sin puntería: de 19 remates, uno solo fue al arco, uno de Lionel Messi que bloqueó Buffon en el primer tiempo. El rosarino fue el que más buscó los tres palos, con siete disparos. En su mayoría salieron desviados por poco. Otra evidencia de que no era la noche, más allá de que vergüenza deportiva nunca le faltó a Barcelona.

Tras un comienzo activo, Dybala no brilló como en Turín. Tampoco parecía en plenitud, por el golpe en el tobillo que arrastraba desde el sábado. Gonzalo Higuaín estuvo amenazante, pero se mantiene esa constante de que el gol en Europa se le atraganta mucho más que en los torneos de liga.

En medio de la ovación que bajaba desde las tribunas, Messi se fue de la cancha con un gesto sombrío, de resignación, tras intercambiar la camiseta con el implacable zaguero Leonardo Bonucci. La eliminación le dolía más que el golpazo que se dio contra el piso al ser desestabilizado en el aire por Miralem Pjanic. Messi deja esta Champions League siendo el máximo goleador vigente, con 11, amenazado, ¿cuándo no?, por un Cristiano Ronaldo que sigue en carrera, con siete.

El desconsuelo, llanto incluido, era de Neymar, a quien sus rivales y compatriotas Dani Alves y Alex Sandro se acercaron para darle ánimo.

Es todo muy reciente como para vislumbrar si en Barcelona vendrán varios cambios, una nueva era, que de todos modos nadie imagina sin el tridente Messi, Suárez y Neymar. Tendrá que buscar director técnico (Ernesto Valverde, de Athletic Bilbao, parece estar más cerca), mientras Luis Enrique está despidiéndose sin que los hechos refrenden sus palabras de que éste es el mejor plantel de Barcelona en sus tres temporadas de entrenador. El equipo claudicó ayer con la guardia pretoriana, salvo por la inclusión de Samuel Umtiti por Javier Mascherano, que ingresó en el segundo tiempo. Jordi Alba retomó la titularidad que últimamente había perdido. Andrés Iniesta, cuyo futuro está en vilo, tiene destellos, pero ya no dicta el guión de juego. Los refuerzos (Paco Alcácer, André Gomes, Denis Suárez, Lucas Digne) todavía no dan la talla y la cantera no está siendo tan prolífica.

"Es una noche como para estar orgullosos. Me quedo con la actitud de los jugadores y la hinchada. Lo justo habría sido el triunfo", dijo Luis Enrique en la conferencia de prensa. El domingo Barcelona visitará a un Real Madrid que le lleva tres puntos con un partido menos. No le sobra tiempo como para lamerse las heridas. Apenas el necesario para demostrar si conserva el fuego sagrado o se apaga irremediablemente.

Allegri, un dt cauto

"Está todo por hacer"

El DT de Juventus, Massimiliano Allegri, elogió a sus jugadores ("estuvieron muy lúcidos y gestionaron bien el partido") y pidió no sacar los pies sobre la tierra: "No debemos exaltarnos, sino seguir trabajando".

Avanzó Monaco

Venció 3-1 a Borussia Dortmund. Mañana se hará el sorteo de las semifinales entre Real Madrid, Atlético de Madrid, Juventus y Monaco.

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