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Para Macri, la batalla porteña adquiere inesperada relevancia

Carlos Pagni

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LA NACION
Jueves 20 de abril de 2017
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Elisa Carrió terminó de confirmar ayer que será candidata a diputada en la ciudad de Buenos Aires por una alianza entre Pro y la Coalición Cívica. Esa postulación pone varias novedades en escena. Al representar al oficialismo en uno de los distritos más visibles del país, el conflicto entre Carrió y el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti , no sólo se mantiene vivo. Se vuelve más complejo. También se abre una incógnita sobre la identidad de Cambiemos: el radicalismo porteño, que postula como diputado a Martín Lousteau , no consiguió que se celebre una primaria. Por lo tanto, queda excluido de una coalición que sobrevive en los demás distritos y que es crucial para el Gobierno en el Congreso. Estas definiciones abren alineamientos no previstos. Los argumentos y, sobre todo, la agresividad de la competencia serán determinantes para todo el juego de poder. El mapa se reconfigura. Las elecciones bonaerenses siguen siendo el gran examen para Mauricio Macri . Pero la batalla porteña adquiere una relevancia inesperada.

Macri y Horacio Rodríguez Larreta acaban de contraer otra deuda inestimable con Carrió. La líder de la Coalición Cívica selló con ellos un acuerdo que convalida la exclusión de Lousteau. La decisión todavía está buscando su fraseo. A fines de diciembre, Larreta dijo ante LA NACION que "Cambiemos no existe en la ciudad". Carrió lo formuló ayer de otra manera: "Cuando Lousteau fue candidato a jefe de gobierno, yo ya estaba en Cambiemos. Lousteau no es Cambiemos y yo voy a estar con Cambiemos". Habría que salvar un detalle: cuando Lousteau fue candidato a jefe de gobierno, su segundo fue Fernando Sánchez, álter ego de Carrió. La geometría de Cambiemos nunca fue perfecta.

La discusión no es anecdótica. La carrera de Lousteau está impulsada por una estrategia de largo plazo de la UCR porteña. Allí consideran que Fernando de la Rúa, al ceder la candidatura a jefe de gobierno a Aníbal Ibarra, entregó una plaza indispensable para una fuerza dirigida a los sectores medios. Ese presunto error es insignificante para explicar la debacle partidaria. Pero alimenta una creencia en esos dirigentes: la UCR sólo saldrá de su interminable agonía si vuelve a representar a los porteños. Para eso, razonan, Lousteau debe arrebatarle la ciudad a Larreta en 2019. Carrió colabora con la obstrucción de esta estrategia.

Fastidiados, los radicales apelan, como siempre, al ritual institucional. Recuerdan que en 2015 se constituyó Cambiemos en la ciudad, con Pro, la UCR y la Coalición Cívica. Y que la mesa nacional de Cambiemos, en octubre pasado, recomendó constituir esa alianza en todos los distritos. Ahora preguntan por qué se cambió el método.

Para los radicales la negativa a conceder una interna a Lousteau demostraría que Cambiemos sólo existe para inhibir candidaturas que le hagan perder votos a Pro. Es decir: allí donde otro partido, en este caso la UCR, tenga una oferta competitiva, la coalición se declara suspendida. Es una discusión interesante para la organización política. En términos accesibles para CEO: ¿Cambiemos es una unión transitoria de empresas? ¿Una fusión de partidos? ¿O el takeover de Pro sobre la vieja sociología radical?

El lanzamiento de Carrió no tuvo la perfección de las coreografías de Marcos Peña. La diputada dijo que se lanza en Capital porque "Vidal no me quiere en la provincia". Y recordó sus diferencias con el ministro de Justicia de la gobernadora, Gustavo Ferrari, que habría sido jefe de la AFI con un Scioli presidente. Y con el de Seguridad, Cristian Ritondo, a quien señaló como coautor oculto, junto con el massista Mauricio D'Alessandro, de una campaña de difamación extendida a uno de sus hijos. La diputada atribuyó su exclusión a que Jaime Durán Barba preferiría centrarse en Vidal y en candidatos poco conocidos. Carrió no se habría formulado una pregunta elemental: si en Pro son tan celosos del poder, como sugeriría el conflicto con Lousteau, ¿por qué le regalarían a ella el invalorable capital de una hipotética victoria bonaerense? Ucronías. Lo destacable es que el lanzamiento porteño de Carrió actualizó sus conflictos en la provincia.

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La campaña reavivará entredichos tradicionales. Carrió tiene un viejo enfrentamiento con dirigentes decisivos del radicalismo metropolitano, como Enrique Nosiglia. Y está distanciada de figuras cercanas a Lousteau, como el ex jefe de Gabinete Chrystian Colombo. Habrá también asociaciones tan novedosas como incómodas. ¿Cómo hará el presidente de Boca, Daniel Angelici, para hacer campaña por una candidata que lo trató de "delincuente"? Carrió insistió ayer en que su condena a Angelici es "no negociable" con Macri. Angelici es una figura inocultable del oficialismo porteño. Manejó el Consejo de la Magistratura con el fallecido Enzo Pagani y pretende seguir controlándolo con Loreley Bianco. Salvo que Larreta coloque allí, para alivio de Carrió, a Marcela Basterra. Angelici también apadrina a Martín Ocampo, ministro de Seguridad y Justicia. La gestión institucional de la Ciudad le reporta a él.

El proselitismo oficial apuesta a polarizar con el kirchnerismo e ignorar a Lousteau. Es lo que recomendaría una encuesta de Analogías: Carrió tendría una intención de voto de 33,8%; Lousteau, de 16,9%; Juan Cabandié, de 15,1%, y Alberto Fernández, de 4,1%. Quiere decir que entre el camporista Cabandié y Fernández superarían a Lousteau. Analogías está en manos de Rodrigo "Rodra" Rodríguez y Pablo Mandia, íntimos de Máximo Kirchner. Dada esta simbiosis con La Cámpora, debe de haber sido emocionante para Rodra y Mandía detectar el ascenso de Cabandié.

La oposición automática con el kirchnerismo tiene una dificultad: Carrió. Uno de los méritos de la diputada es que no se limita a hacer arqueología moral. Cuando denuncia opacidades, va de los Kirchner a Angelici, Ritondo o Silvia Majdalani. Despolariza. Otro inconveniente es que el conflicto con Lousteau trascenderá la escala porteña. Lousteau tendrá como aliados al socialismo y a GEN, de Stolbizer. Tal vez sea Stolbizer quien más reproche a Carrió compañías inconvenientes. Lousteau pretende sumar a otra figura anti-corrupción: Graciela Ocaña, de excelente relación con Larreta.

La competencia electoral se cruza con el otro gran conflicto de Carrió: la batalla contra Lorenzetti. Hoy habrá una foto casi pensada para ella. Lorenzetti inaugurará un seminario sobre lucha contra los delitos complejos, en la Cancillería, junto al ministro de Justicia, Germán Garavano. Y a Stolbizer.

Hay más combinaciones llamativas. Lorenzetti inició una demanda contra Carrió para que pruebe sus imputaciones. Eligió como abogado a Jorge Rizzo. Ex defensor de Carlos Fayt, a quien Carrió veneraba, Rizzo es el presidente del Colegio Público de Abogados de la Capital. Su vicepresidente segundo es Angelici. Los planetas se alinean.

Macri no puede irritar a Lorenzetti. La Corte está por pronunciarse en dos cuestiones cruciales: si Milagro Sala debe seguir detenida y si corresponde ceder a la provincia de Buenos Aires un porcentaje de coparticipación, que saldría de la Nación y las demás provincias.

Macri tampoco puede prescindir de Carrió. Por eso debe llevar la ambigüedad, que maneja como un maestro, hasta la exasperación. El prestigio de Carrió se alimenta del contexto. Cambiemos llegó al poder sobre la ola de indignación de miles de bonaerenses que repudiaron a Aníbal Fernández. La expectativa de regeneración moral está vigente: según Aresco, 30% de los simpatizantes de Macri lo votarían otra vez, aunque no aparezcan soluciones económicas. A estos factores, que determinan el ascenso de Carrió, Macri suma otro. Su gestión tiene un plan energético, fiscal o diplomático comprensibles. Su programa institucional, en cambio, es una nebulosa. Cuando no se limita a continuar el pésimo orden anterior. Esa falencia para satisfacer una demanda ostensible del momento histórico también explica la extraordinaria gravitación que hoy tiene Carrió.

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