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Surrealismo argentino, el rol provocativo de la vanguardia barrial

Obras de más de veinte artistas se exhiben en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE

Mildred Burton, La indiferencia de Blonda Bug, 1981
Mildred Burton, La indiferencia de Blonda Bug, 1981. Foto: Gentileza Fundación OSDE
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LA NACION
Jueves 20 de abril de 2017 • 16:15
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Surrealista se nace, insinúa la estimulante muestra en Espacio de Arte-Fundación OSDE, al cuidado de Santiago Villanueva. El recorrido que las obras ofrecen en Objeto móvil recomendado a las familias es abierto, poroso e insular, pero no estrictamente cronológico. De hecho, una secuencia de obras que aparecen ordenadas como los elementos de una frase contradictoria reúne trabajos de fines de los años 1930, de mediados del siglo XX y de inicios del XXI en la Argentina. El surrealismo trastoca el tiempo.

Sin embargo, como no podía ser de otro modo, hay relojes en varios trabajos de los veintidós artistas que participan de la muestra. Un poco a la manera de Salvador Dalí y de René Magritte, dos santos patronos en cualquier domo surrealista que se precie de tal. En el conjunto de pinturas de Mariette Lydis, una se destaca como un catálogo de relojes a los que el tiempo ha vencido. En una obra de Fernanda Laguna, la temporalidad se derrite en un extraño (quizás por inesperado) paisaje andino. Una tinta sobre papel de Noé Nojechowicz, a la que el artista nacido en Polonia tituló El proceso, desmonta la multiplicidad de la vida de un instante.

Noé Nojechowicz, El proceso, 1967
Noé Nojechowicz, El proceso, 1967. Foto: Gentileza Fundación OSDE

Incluso el diseño de montaje de la exposición (una obra en sí misma a cargo de Osías Yanov) deja caer, como signos de una interrogación perpleja, agujas y manecillas esotéricas debajo de las obras o entre ellas. Otras están rodeadas de dispositivos de hierro que las vigilan, las encuadran de manera soberana o las obligan a interpretar roles provocativos. Se podría decir que el diseño hace posar las obras elegidas por Villanueva: un retrato pintado por Mildred Burton se perfila con más agresividad junto a una esbelta grúa de Yanov; la mirada del personaje femenino de un retrato al óleo de Vito Campanella enmarca una segunda dimensión.

Cándida y feroz afición

El surrealismo argentino, en palabras de Claudio Marcelo Iglesias, que firma uno de los textos del catálogo, es un arte aficionado, travesti y barrial. Fue impulsado por artistas amateurs, que evitaban ser solemnes, conceptuales o doctrinarios.

A las ideas visuales del surrealismo internacional, los artistas argentinos las conjugaron sin pretensiones y les dieron un entorno lírico, a veces cándido, a veces feroz. Las cuatro obras de Leónidas Gambartes que se exhiben, realizadas entre 1939 y 1943, albergan a seres fabulosos en ambientes familiares: un solar, el recodo de una calle o la intemperie del campo donde habita un cíclope. "De día Gambartes dibujaba en serio, en su trabajo como cartógrafo del río Paraná. Es de creer que al caer la tarde se le despertaba la otra diosa: la afición", escribe Iglesias.

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Con las intenciones que se le atribuyen al surrealismo (su ingenuidad y fantasía, el humor absurdo, el sentido del riesgo y un erotismo manifiesto), es posible imaginar una contrahistoria de la historia del arte. El jardín de las delicias de El Bosco, como insinúa el enorme dibujo de Tobías Dirty (el artista más joven de la muestra), figuraría en esa historia surrealista del arte, igual que Max Ernst y los tótems de las culturas indígenas, los dibujos de Franz Kafka y las pinturas de Fermín Eguía. Como estarían presentes también las muñecas sin rostro de Hans Bellmer a través de las esculturas de Alberto Heredia, Naum Knop y Laura Códega.

Siempre en presente, la herencia inquietante (y cómica y elegante e inmadura) del surrealismo nacional sobrevive en el presente. "El surrealismo es, aún hoy en la Argentina, tradición y vanguardia", sostiene el curador de Objeto móvil recomendado a las familias. Y misterio: uno de los aciertos de Villanueva fue rescatar a dos artistas argentinos poco reconocidos por las historias oficiales del arte: Mariette Lydis y el escultor Naum Knop. Esos dos conjuntos de obras operan como pequeñas muestras dentro de la gran antológica, en la que se incluyen obras de Roberto Aizenberg, Jacques Bedel, Jorge Diciervo, Mónica Girón, Adriana Minoliti, Juan Del Prete, Miguel Harte y Mariana Telleria.

Roberto Aizenberg, Los nueves rayos brillantes de las protuberancias según la observación realizada el 18 de agosto de 1868 en Wha-Tonne por M.G.Rayet, 1963
Roberto Aizenberg, Los nueves rayos brillantes de las protuberancias según la observación realizada el 18 de agosto de 1868 en Wha-Tonne por M.G.Rayet, 1963. Foto: Gentileza Fundación OSDE

Lanzamiento

Hoy a las 18, en el marco de la exposición, se presenta el número 1 de la revista El Suelo, publicación de estirpe surrealista que sigue las huellas de El Cielo, la revista que a fines de los años 60 editaron Arturo Carrera y César Aira (cuyos números se pueden leer aquí). Participan de la presentación Pablo Katchadjian, Margarita Martínez, Juan Laxagueborde y Nicolás Moguilevsky. La revista incluye textos de Jimena Croceri, Sergio Raimondi y María Guerrieri, entre otros. En tapa, se luce un collage de Roberto Aizenberg.

Objeto móvil recomendado a las familias

Espacio de Arte Fundación OSDE

Suipacha 658, primer piso; entrada libre

Hasta el 29 de abril

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