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El músico que todos cantan y pocos conocen

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 23 de abril de 2017
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Todos los argentinos hemos cantado centenares de veces la "Canción de la bandera", es decir, el aria "Alta en el cielo", de la ópera Aurora, compuesta por el ítalo-argentino Héctor (o Ettore) Panizza. No muchos saben que esa canción es de Panizza y menos aún que forma parte de una obra lírica. Este año se cumple medio siglo de la muerte del músico y el martes pasado, en el Salón Dorado del Teatro Colón se presentó en un homenaje el estupendo libro biográfico Alta en el cielo, de Sebastiano De Filippi y Daniel Varacalli Costas, publicado por el Instituto Italiano de Cultura. Antes de que hablaran los autores, lo hicieron la directora del teatro, María Victoria Alcaraz, y la directora del Instituto Italiano de Cultura, María Mazza.

En la primera parte del acto, Varacalli Costas y De Filippi se dividieron la tarea de resumir la vida de Panizza ante un salón colmado de público. Cumplieron de un modo notable por la concisión y la amenidad. Después hubo un breve recital en el que se escucharon tres canciones del compositor y director. La excelente soprano Jaquelina Livieri cantó "Ave Maria", acompañada en piano por Tomás Ballicora y en violín por Pablo Pereira, y en segundo término "In mia segreta camera del core", de la ópera Medioevo latino. Por último, Darío Volonté interpretó "Alta en el cielo".

La investigación para el libro tomó más de dos años. Los biógrafos encontraron pocas fotos del músico. Panizza era un hombre muy discreto. Fue imposible encontrarle una amante o evocar un escándalo. Ettore había nacido en Buenos Aires en 1875 y, aunque murió en 1967 en Milán, su espíritu pertenecía al siglo XIX. Se negaba, por ejemplo, a viajar en avión. Cuando cruzaba el Atlántico o se desplazaba por el Pacífico en barco, aprovechaba las travesías para componer.

Panizza se graduó en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán en 1895 y pronto empezó a dirigir en toda Italia. Su repertorio abarcaba óperas italianas, francesas, inglesas, rusas, checas... Cuando dirigió en el teatro San Carlo de Nápoles dos óperas del barón, banquero y mecenas anglo-francés Frédéric d'Erlanger, éste se dio cuenta del talento del joven y lo convirtió en el director del repertorio italiano en el Covent Garden. Poco después tuvo la misma función en el Metropolitan de Nueva York y se dio el lujo de rechazar un cargo equivalente en la Ópera de Viena.

Héctor fue uno de los colaboradores más cercanos de Arturo Toscanini. Después de la Primera Guerra Mundial, el intendente de Milán, Emilio Caldara, y Toscanini se pusieron de acuerdo en reabrir la Scala como un ente autónomo y cambiar el comportamiento del público en la sala. Fue una revolución en las costumbres que adoptaría toda Europa. Toscanini eligió a Panizza como codirector de la primera temporada. Los dos se dividieron las óperas que se presentaron en 1921. A Ettore, le correspondió, entre otras, Parsifal. Toscanini y Panizza estaban unidos por una larga relación profesional. El gran maestro italiano había dirigido una ópera del argentino, Medioevo latino en Buenos Aires, en el Teatro de la Ópera, en 1905.

Para la temporada de inauguración del Colón, en 1908, el Teatro le encargó a Panizza que escribiera una ópera de tema nacional. Fue Aurora. Tuvo un gran éxito de público, pero los críticos nacionalistas hicieron serias objeciones. El libretista era Luigi Illica, el mismo de Puccini, pero había escrito el libreto ¡en italiano! (la versión en español se tradujo en 1943 y se estrenó en 1945). Y la música misma era de inspiración italiana. Los nacionalistas señalaban que el compositor navegaba entre dos nacionalidades.

Sin embargo, ¡todo lo que hizo ese artista de doble nacionalidad por la Argentina! Dirigió, entre 1908 y 1955, 600 funciones sólo en el Colón. Concibió proyectos para el Teatro que se realizaron décadas después. Planeó crear una orquesta (sería la Filarmónica), un centro de experimentación (Sergio Renán inauguró el actual en los años 90) y giras por el interior. Después de una carrera internacional brillante, condujo Aurora en el Colón en 1955 y se despidió de la escena porque empezaba a sufrir de sordera. Se radicó en Milán. Nunca regresó a la tierra donde había nacido.

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