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Una pesadilla para Woody, una decepción para sus fanáticos

Crisis in Six Scenes, la serie que realizó para Amazon Prime Video, ya se puede ver en la Argentina

Viernes 21 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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Allen y Elaine May, en su trunco proyecto televisivo para Amazon
Allen y Elaine May, en su trunco proyecto televisivo para Amazon. Foto: Amazon

Crisis in six scenes / Creador: Woody Allen / Elenco: Woody Allen, Elaine May, Miley Cyrus, Rachel Brosnaban y Joy Behar / Disponible: Amazon Prime Video / Nuestra opinión: regular

"Terminé tu última novela. Me llevó todo el invierno", le dice un peluquero a Sidney Munsinger (Woody Allen ) en la primera escena de Crisis in Six Scenes. "Pero tiene menos de 200 páginas", replica Sidney. "Es que me la pasaba quedándome dormido" es el remate de un diálogo no precisamente hilarante, pero que puede ser visto como una advertencia sincera para los espectadores que estén iniciando esta serie, la primera incursión de Allen en el rubro, tras ser seducido por una jugosa oferta económica de Amazon .

En efecto, se trata de apenas 6 episodios de unos 22 minutos cada uno (poco más de dos horas en total) que resultan difíciles de terminar en una sentada. "Si al menos me importaran los personajes", se sigue lamentando el peluquero y, avanzado el relato, no podemos menos que acompañarlo en su queja.

No es descabellado suponer que Allen haya puesto esa escena irrelevante a modo de disculpa al percibir que su programa no resultaría del modo imaginado. De hecho, en entrevistas previas al estreno, declaró que el proceso de hacer esta serie fue una pesadilla y que hubiera deseado no haberse comprometido. Al ver el programa, no resulta evidente qué fue aquello que le resultó tan insoportable, dado que el relato es una típica película de Woody Allen, sólo que con títulos de crédito cada veintena de minutos. Es decir, Allen no parece haber hecho el menor esfuerzo por acercarse al formato de una serie que, comprensiblemente, podría resultar dificultoso para un realizador alejado hace cinco décadas de la televisión, sobre la que expresó muchas veces que, como sus personajes, sólo le presta alguna atención cuando hay eventos deportivos.

En su peculiar incursión en el género, los episodios no tienen arcos narrativos propios, sino que son fragmentos de un relato mayor, seccionados sólo bajo el precepto de que todos duren más o menos lo mismo. El primer capítulo es equivalente al prólogo de un film: tras verlo es imposible saber de qué se trata la serie.

Woody Allen y Miley Cyrus, en Crisis in Six Scenes
Woody Allen y Miley Cyrus, en Crisis in Six Scenes. Foto: Entertainment Weekly

Puro manierismo

Estamos en los 60, época de ebullición social e ideologías radicales; Sidney y Kay (Elaine May) son una pareja de octogenarios neoyorquinos de buena posición. Él es un escritor no muy bueno y ya desencantado de todo y ella tiene un club de lectura; en una habitación extra de su hogar vive un joven estudiante a punto de casarse que se debate entre las leyes y la contabilidad; una noche Sidney olvida poner la alarma y un extraño entra por la fuerza a la casa. Fin del episodio.

Está claro que la narración nunca fue el fuerte de Allen. Su talento siempre estuvo en la creación de un mundo propio poblado de personajes neuróticos y en escribir algunos de los mejores diálogos de la historia del cine. Como viene sucediendo hace años, cualquier brillo que pueda percibirse aquí no es sino un reflejo pálido de otra cosa.

Es indiscutible que Allen es uno de los grandes creadores de comedia de la historia, comparable, sin exagerar, con Chaplin, Keaton, los Marx. Pero su época de esplendor creativo terminó hace décadas. Sus viejos espectadores saben que incluso los esporádicos "regresos a plena forma", como Match Point (2005) o Medianoche en París (2011), no son más que ideas recicladas de la buena época, ya usadas en cuentos e, incluso, otros films.

Como toda su última obra, esta serie es puro manierismo, un conjunto de rasgos reconocibles (el contraste entre lo culto y lo pedestre, las mujeres histéricas, los hombres maniáticos) que sólo podrían ser considerados un estilo o su voz personal si los acompañara algo más, si no fueran el único contenido. A los 80 años, Allen sigue haciendo una película al año como modo de vida, pero sólo plagiándose a sí mismo, haciendo otra vez lo que hace cuatro décadas fue ingenioso y hoy resulta viejo y agotado.

Para quienes necesiten saberlo, el extraño que ingresa a la casa de los Munsinger es Lennie (Miley Cyrus, que oscila entre el predecible desastre y la mera corrección), una estudiante marxista que huye de la policía y que "revoluciona" la plácida vida de clase media del hogar de los Munsinger. Allen usa este contraste para hacer humor (que muy pocas veces es efectivo, aunque desde luego hay algún chiste inspirado), pero no nos dice mucho sobre los años 60 y, aunque intenta ironizar sobre el "trumpismo" ("Quién diría que alguna vez íbamos a ver a este país tan dividido"), tampoco tiene ideas que excedan el soundbite sobre el presente. Los mejor que Allen tenía para decir de la revolución ya está en Bananas (1971) y una mirada aguda sobre la actualidad hay que buscarla en otro lado.

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