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Un juego de gags hilarantes

Viernes 21 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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Vallina, Ferro, Peña y Peretti, el elenco exacto para esta comedia dramática
Vallina, Ferro, Peña y Peretti, el elenco exacto para esta comedia dramática. Foto: Prensa

Los vecinos de arriba / Libro: Cesc Gay / Versión y dirección: Javier Daulte / Intérpretes: Diego Peretti, Florencia Peña, Rafael Ferro y Julieta Vallina / Escenografía: Alicia Leloutre / Iluminación: Matías Sendon / Vestuario: Ana Markarian / Asistente de dirección: Laura Brangeri / Teatro: Metropolitan / Funciones: miércoles a domingos / Duración: 100 minutos / Nuestra opinión: muy buena

El tema va por el lado del dilema de pareja de mediana edad con amontonamiento de reproches e insatisfacciones cruzadas: ¿qué dejó de hacer uno para no importunar al otro?, ¿que resignó el otro para complacer al primero?, ¿están bien como están o sólo habituados? Y así...

Los vecinos de arriba no es un boom de originalidad, pero -definitivamente- está tan afilada la pluma de su autor -el catalán Cesc Gay- que lo conocido e imaginado cobra brillo, espontaneidad, frescura y también mucha angustia; todo en dosis balanceadas.

Ana y Julio están acostumbrados a Ana y a Julio; la remodelación de su departamento intentó mover un poco los proyectos de ambos, pero mucho no alcanzó; la vida de profesor de música de él y la de dueña de un local de ropa de ella -sumado a la presencia tácita de una hija en edad escolar- los mantiene ocupados, pero ¿felices? Nada parece poder desempolvar la escena, hasta que Ana invita finalmente a la pareja de vecinos que vive en el piso de arriba para conocer el departamento, luego de reiterados cruces en el ascensor.

Ana necesita algo, Julio no. Una reunión inesperada para él, en su propia casa, con unos vecinos que no conoce mucho más allá del saludo de cada día no es, ni de lejos, un buen plan. Pero Ana ya tiene todo arreglado, picada mediante. Parece que no hay forma de desarmar el convite hasta que Julio ejerce una suerte de chantaje y propone aprovechar el encuentro para reclamar a sus vecinos el altísimo nivel de ruido que generan en sus noches de amor, que parece que son muchas, demasiadas al gusto (¿y envidia?) de Ana y Julio.

Ana intenta desarmar el desastre que se viene, pero ya es tarde. Así llegan Salva y Laura, simpáticos, sociables, expansivos; tan expansivos que casi sin decir "agua va" ya están hablando de gritos, orgasmos, orgías, mentes abiertas y propuestas de intercambio de parejas. Ana y Julio no pueden reaccionar, hasta que reaccionan, para lados diferentes. El sarcasmo de él choca de frente con la duda de ella. Esa pequeña diferencia se hace enorme y empieza a sacar afuera todo eso que los años de matrimonio y acostumbramiento fueron tapando.

Y el plato está servido, qué mejor que tener la excusa del sexo para ponerle sal, pimienta y todo lo demás a una trama repleta de gags, uno más hilarante que el otro con un cuarteto de actores muy a tono para llevarlo adelante. Es que más allá de la agudeza y la gracia de los parlamentos escritos por el catalán, el director Javier Daulte contó con un elenco a la altura de la prueba y supo moverlos en su terreno. Diego Peretti y Florencia Peña hacen de sus personajes unas criaturas entrañables en la desventura, porque ellos realmente la están pasando mal cuando en la platea no se puede más de la risa; hasta que uno para de reírse... Es una comedia dramática muy bien escrita, que casi no da respiro, llevada adelante por actores que pueden transitar las dos cuerdas de la propuesta con una sensibilidad, una comodidad y una verdad destacable. Julieta Vallina y Rafael Ferro tienen personajes más dibujados, no desde su propia composición, sino ya desde el texto, lo que le quita cierta verosimilitud a algunos segmentos, pero ¿qué más da?, al cuento que se narra, le calzan perfectos. Es un juego que los cuatro intérpretes saben jugar muy bien. La mano de Javier Daulte en la dirección es ágil y prolija para que en el barrenar de hilaridad no se pierda nada, y quede lo que tiene que quedar.

Se luce la escenografía de Alicia Leloutre, que justifica la chispa inicial de la trama.

Realmente se pasa un gran momento en Los vecinos de arriba, y se sale con el estado de ánimo que toque de acuerdo al lado del cuadrilátero en el que uno se encuentre.

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