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"Berrexit", el drama actual de Inglaterra

Juana Libedinsky

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LA NACION
Sábado 22 de abril de 2017
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NUEVA YORK.- Una noche mi hijo de cinco años se despertó con pesadillas. Demasiado dormida como para hacer lo que sea que una a madre concienzuda deba hacer, lo subí a mi cama y prendí la tele. Mi idea era ponerle béisbol, porque no se me ocurre nada más soporífero, pero tres años de jardín de infantes en EE.UU. lo convirtieron en fan. Se me ocurrió hacer zapping por los canales europeos, a ver si aparecía algún especial de curling, pero terminamos en un programa de pastelería de la BBC.

"Ideal -pensé- al segundo budín inglés cae rendido". ¿Cuánto podía interesarle una señora mayor partiendo una ciabatta ante la cámara para examinar la consistencia interior en relación con la corteza?

Terminamos toda la noche ambos pegados a la pantalla. En un momento, es cierto, casi se nos cierran los ojos, pero entonces una de las concursantes sacó de la heladera antes de tiempo un merengue relleno que colapsó. Cualquiera de los capítulos de Power Rangers luchando contra dinosaurios parecía falto de suspenso, emoción y drama en comparación.

¿Qué era esta maravilla? The Great British Bake Off, que desde hace años encabeza los programas más vistos de la TV británica. A EE.UU., sin embargo, llegó tarde, con las temporadas mezcladas y lejos del prime time. Sin embargo, tiene una base de fans considerable, sobre todo entre los medios culturales. Escuchar los especiales de la NPR (la radio nacional pública) respecto al Bake Off es como escucharlos hablar de Shakespeare.

La premisa es simple. Se juntan 12 pasteleros amateurs, desde estudiantes de secundaria hasta jubilados. Hay inmigrantes de la India, de España, una temporada ganó una chica de familia bangladesí que hacía sus scones con hijab... son todos increíblemente talentosos y no luce una composición forzada. Se ve mucha piel con acné, pelo despeinado, ropa sin planchar, y dientes que no brillan como en propaganda de dentífrico. Para alguien acostumbrado a la televisión americana, donde todos reciben un paso sólido por la peluquería y el salón de maquillaje, resulta un golpe de autenticidad inesperado.

Los participantes compiten tanto en lo técnico como en lo creativo dentro de una carpa en la campiña. Afuera siempre llueve. Adentro, los jurados (la venerable Mary Berry y el entrañable Michael Hollywood ) son implacables, pero sin crueldad, y las conductoras manejan la picaresca y el doble sentido con calidez.

En Estados Unidos, cualquier realityshow donde no se desarrolle una lucha desalmada y se glorifique la humillación a los concursantes termina siendo un canto a la vida cursi. Lograr ese punto medio de personajes queribles, pero en un show que no menosprecia la inteligencia del televidente es bastante inusual. Pero nada bueno dura por siempre. Tras el éxito, los dueños del formato lo pasarán a un canal privado, y entonces Mary Berry se va del programa. Nada de Brexit. Según los medios, el "Berrexit" es el drama de Inglaterra hoy. Y como en casa ya vimos todos los capítulos, si hay otra noche de insomnio habrá que aprender a dormirse.

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