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La caída ante Temperley en el Nuevo Gasómetro agita los aires de cambio en San Lorenzo

El equipo de Diego Aguirre está confundio por el rendimiento en la cancha y el runrún del entorno

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PARA LA NACION
Domingo 23 de abril de 2017
San Lorenzo acumula frustraciones
San Lorenzo acumula frustraciones. Foto: FotoBAIRES
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Renovarse es vivir, y renovación fue la palabra más escuchada en la ventosa y otoñal noche del viernes en el Nuevo Gasómetro. Si antes del partido ante Temperley la gente de San Lorenzo debatía cuáles de los jugadores ilustres que finalizan contrato en junio -Romagnoli, Mercier, Torrico y Ortigoza- merecen continuar en el club, el 0-1, la muy pálida imagen brindada por el equipo y la despedida entre silbidos tuvieron un efecto multiplicador que comenzó incluso a salpicar a otros protagonistas y áreas del club.

Nadie lo comunicó de manera oficial, pero se da por hecho que Diego Aguirre no será el técnico azulgrana en el arranque de la temporada 2017

18. La demora del uruguayo para presentarse ante los medios y el hecho de que estuviera reunido durante varios minutos con el presidente Matías Lammens llegó a plantear la posibilidad de una renuncia inmediata que no llegó a producirse. Tampoco hubiera sido lógica: el Ciclón se juega el martes ante la Universidad Católica chilena el ser o no ser en la Libertadores y un cambio de timón en estos momentos no parece la receta más adecuada.

Sin embargo, no todos piensan igual. "Si los jugadores quieren que Aguirre se vaya que lo digan, así no perdemos más tiempo", se escuchó protestar a hinchas que masticaban el disgusto por una actuación por debajo de la línea de pobreza establecida el domingo pasado en Tucumán.

La debacle de San Lorenzo resulta llamativa. Nadie podía imaginar que aquel 0-4 ante Flamengo que inauguró el año iba a ser el anticipo de una caída libre que por el momento no encuentra un suelo que la frene. Los números son contundentes: en 2017, los de Boedo disputaron 10 partidos, con 3 victorias, 1 empate y 6 derrotas. En la reanudación del torneo la distancia con el puntero, Boca, era de 3 puntos; hoy es de 7 con un partido más jugado. Y en la Copa es último en su grupo.

Pero incluso más preocupante son el rendimiento en la cancha y el runrún del entorno. San Lorenzo es hoy un equipo confundido que parece haber extraviado la idea base. Le cuesta elaborar juego y en consecuencia generar ocasiones para convertir, alterna intentos de toque asociado con pelotazos sin sentido ni dirección, no logra dominar los partidos y queda expuesto a las contras rivales. En dos palabras, juega mal.

El ambiente externo tampoco ayuda. Los 18 meses de licencia de Marcelo Tinelli tienen la justificación de sus cuestiones de salud y el desgaste sufrido en su intento por alcanzar la presidencia de la AFA, pero a nadie escapa que su relación con Lammens ya no es la misma de antes y eso afecta el contexto general.

Si todo esto fuera poco, el muy escaso aporte de los jugadores contratados en el último año también pone en cuestión la política deportiva del club, es decir, la tarea del mánager Bernardo Romeo. No sólo por el magro resultado de los fichajes y el descenso en el rendimiento de un plantel con un promedio de edad muy alto, sino porque al mismo tiempo han obstaculizado el progreso de los chicos de la cantera, varios de ellos integrantes de la Reserva campeona en 2015.

El martes, ante la Católica, los azulgranas se jugarán su futuro a corto plazo. Mirando un poco más lejos, sólo hay una cosa clara: el San Lorenzo que veremos a partir de julio será muy diferente al actual.

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