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Francia ante un terremoto electoral que sacude a la vida política

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LA NACION
Domingo 23 de abril de 2017 • 18:13

PARIS.- No hay duda posible: el terremoto que representa la calificación de Emmanuel Macron y de Marine Le Pen para la segunda vuelta de la elección presidencial ocupará un sitio especial en la vida política de Francia.

Esperando que los historiadores se pronuncien, ya se puede afirmar que los resultados obtenidos por Emmanuel Macron se transformarán en una referencia para toda campaña electoral.

Maestro de la comunicación, ese desconocido por la gran mayoría de la gente hasta hace tres años, logró en unas pocas semanas transformarse en el niño mimado de un electorado tentado por el cambio -aunque no por la ruptura- y desalentado por una clase política que no consigue salir de su torre de marfil.

Con su discurso "ni de derecha ni de izquierda". Y después "de derecha y también de izquierda", el ex ministro de Economía de François Hollande permitió la emergencia de una alternativa a los dos grandes partidos que se alternan en el poder desde la creación de la V República en 1958.

En una campaña pletórica de candidatos euroescépticos, que durante meses anunciaron un porvenir negro y amenazante, el líder del movimiento En Marcha supo hacer llegar a los franceses -sumidos en la desazón- un mensaje de esperanza y optimismo. Su calificación es la prueba de que -contrariamente a lo que afirman los eurofóbicos- la mayoría de los franceses sigue apegada a Europa, al euro y a un mundo abierto y cosmopolita.

El 7 de mayo, Emmanuel Macron se enfrentará con Marine Le Pen que, por el contrario, predica la salida de la Unión Europea, del euro y la OTAN, el cierre de las fronteras y el ostracismo, a fin de evitar las peores catástrofes. Ese discurso apocalíptico bien puede explicar lo que podría considerarse como un fracaso para el Frente Nacional: haber llegado en segunda posición.

Eso sería ignorar sin embargo que, con 21,9% de los votos, Marine Le Pen logró que su partido superara la barra del 20% por primera vez en una elección presidencial.

Prueba de que, aunque los franceses fueron capaces de tranquilizar a Europa y al mundo dando pruebas de su apego a la democracia y al pluralismo, el futuro presidente deberá hacer frente a un enorme desafío: desenmascarar, dejar sin argumentos al Frente Nacional, esa fuerza política que no cesa de progresar y está decidida a aprovechar cada tropiezo que le permita avanzar en el camino a la victoria.

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