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Boca y un libreto frágil, con pocas variantes ante la adversidad

Lunes 24 de abril de 2017
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Boca pasó de festejar goles en todos los partidos a volver a quedar en cero tras 20 partidos. Lo de ayer no se le puede atribuir a una falta de eficacia ni mala fortuna. Apenas generó tres situaciones de riesgo ante un Rafaela que pena por la permanencia, antes habían sido un par más ante Patronato. El problema que le empiece a costar hacer goles es más responsabilidad de un funcionamiento global que de los delanteros. Y tampoco es que Boca no gana porque la defensa no da garantías. No tiene a los mejores, pero Peruzzi, Vergini, Insaurralde y Fabra cometen errores puntuales, los mismos que se ven en casi todos los demás equipos de primera. El tema es que los rivales, con poco, lo lastiman. O no lo dejan ganar.

Rodrigo Bentancur
Rodrigo Bentancur. Foto: LA NACION / Marcelo Manera

Y ahí es donde se nota que la estructura de Boca es frágil porque el libreto no ofrece variantes ante la adversidad. Quizá pueda encontrar alguna solución con algún cambio del Mellizo, quizás con alguna individualidad con peso específico. Pero a Boca le cuesta salir del encierro cuando su "plan A" se tapona. ¿Cuál es ese "plan A"? Ataque, protagonismo, juego muy vertical a partir del esquema 4-3-3, búsqueda constante con la proyección de sus laterales y las bandas como zona donde nacen los últimos pases. Cuando logra combinar velocidad y precisión en los metros finales, parece indomable, pero cuando está en un mal día...

A Boca se le pueden quemar los papeles porque los rivales no le dan espacios y lo salen a esperar, pero también porque lo presionan y lo atacan. Le cuesta mucho adaptarse a los contextos y a las circunstancias temporales o específicas, como el campo de juego de Rafaela, ocho metros menor de largo y seis menor de ancho que la Bombonera. En espacios reducidos, abusó de los pelotazos para un Benedetto que jugó muy lejos de los mdiocampistas. Y salvo cuando la pelota la tocaba Pablo Pérez, el pase filtrado o un intento de pared corta parecían malas palabras. Zuqui no aprovecha las chances y Bentancur sigue sin patear al arco ni cuando la jugada se lo exige, como a los 23 minutos del segundo tiempo.

Las ausencias de Gago y Centurión forman parte del contexto lógico del bajón colectivo xeneize, aunque no lo suficiente como para justificar que las elaboraciones en los últimos dos partidos hayan sido tan escasas. Otro déficit está en las pelotas paradas a favor, variable que queda más expuesta en un campo chico. No tiene un ejecutor que marque diferencias. Pablo Pérez ayer pateó tres muy mal; tampoco Gago es una buena referencia en ese rubro. Lo mismo les cabe a Fabra y Silva cuando lo hacen con perfil zurdo. En el torneo, apenas hizo 3 de sus 45 goles de pelota parada. Para reaccionar, Boca está obligado a agregarles variantes a sus estrategias. Lo predecible lo está achatando.

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