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Rafael Nadal, la leyenda del apetito interminable, dejó a Guillermo Vilas en el camino

El español ganó Montecarlo por 10a vez y se convirtió en el jugador con más títulos sobre polvo de ladrillo: 50, uno más que el argentino

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LA NACION
Lunes 24 de abril de 2017
Nadal y una acción repetida 70 veces: el mordisco al trofeo conquistado, ayer en Montecarlo
Nadal y una acción repetida 70 veces: el mordisco al trofeo conquistado, ayer en Montecarlo.
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Guillermo Vilas ganó el domingo 24 de julio de 1983, en Kitzbühel, el último trofeo de su maravillosa carrera. Aquel en los courts austríacos significó, además, su título número 49 sobre polvo de ladrillo. Es probable que tiempo después, al retirarse, el hombre que popularizó el tenis en la Argentina haya confiado que su marca sobreviviría eternamente. Sin embargo, tres años después de aquella final superada frente al francés Henri Leconte, nació, en Mallorca, la leyenda que rompería con todas las estadísticas: Rafael Nadal. El marplatense -en realidad, nació en el Instituto del Diagnóstico de la Ciudad de Buenos Aires- conservó el liderazgo sobre la tierra anaranjada durante más de tres décadas, hasta que Nadal igualó su línea, en abril de 2016, tras conquistar el ATP de Barcelona. Por la categoría de los certámenes ganados por ambos no había discusión sobre cuál de los dos tenía más mérito en la historia, pero el nueve veces campeón de Roland Garros decidió escribir un nuevo capítulo de una carrera cinematográfica ganando el Masters 1000 de Montecarlo por décima vez (nunca un tenista había logrado esa cantidad de veces un mismo torneo en la Era Abierta, desde abril de 1968). Así, tras imponerse en la definición ante el catalán Albert Ramos-Viñolas por 6-1 y 6-3, Nadal llegó a las 50 coronas sobre polvo de ladrillo, una marca que representa el 71% del total de sus trofeos (70).

"Cuando vine aquí a Montecarlo por primera vez (en 2003) pude avanzar hasta la tercera rueda tras superar la clasificación. Diez títulos era algo que nunca me imaginé", expresó el gladiador, que desde hoy volverá al número 5 del ranking (ascendiendo dos posiciones). En aquella primera experiencia en el Principado, con 16 años, Nadal ya era señalado como una joya de la nueva generación y cayó frente a Guillermo Coria por 7-6 (7-3) y 6-2. El Mago, que era 26º del tour, finalmente llegó a la definición y perdió frente al Mosquito Juan Carlos Ferrero.

Fue en Sopot 2004 donde Nadal empezó a escribir su leyenda sobre superficies lentas -derrotó en la final al misionero José Acasuso por 6-3 y 6-4-. La explosión no se demoró, ya que inmediatamente, en 2005, el mallorquín conquistó siete trofeos en esa superficie, incluso su primer Roland Garros. A partir de ahí, no paró. Ya no es un adolescente, el próximo 3 de junio cumplirá 31 años, pero luego de haber atravesado las tormentas más ariscas y con varios magullones en un cuerpo con excesivo kilometraje, el ex número 1 del mundo volvió a intimidar, recobró el optimismo que siempre lo caracterizó y recuperó sus latigazos cargados de pimienta y revoluciones. Así obtuvo Montecarlo y con esa misma fórmula intentará ganar esta semana el trofeo Conde de Godó (también por décima vez). Y nadie duda, además, de que es el principal favorito para encumbrar la Copa de los Mosqueteros en el Philippe Chatrier el domingo 11 de junio.

Nadal, que ostenta un contundente 15-0 ante rivales de su mismo país en finales del ATP World Tour (lo que habla, además de la superioridad deportiva, de un respeto absoluto), se acercó a Novak Djokovic en la clasificación histórica de títulos de Masters 1000: con Montecarlo sumó su número 29, a solamente uno del serbio. "Después de todos estos años he aprendido a disfrutar de cada momento. Hoy (por ayer) es un día para disfrutar, mañana (por hoy) hay que empezar a pensar en el próximo torneo. Hay tiempo para disfrutarlo, no hay tiempo para celebrar", apuntó Rafa, que finalmente logró ser campeón este año tras haber perdido las finales del Abierto de Australia (vs. Roger Federer), Acapulco (vs. Sam Querrey) y Miami (vs. Federer). Es el tenista de segundo mejor promedio de la temporada y en la carrera a la Copa de Maestros de Londres, detrás del suizo.

El tercer Masters 1000 del año tuvo caídas sorpresivas de Djokovic, Andy Murray y Stan Wawrinka, es cierto, pero a Nadal poco le importó y aprovechó las oportunidades que se le presentaron en el cuadro. Salvo un set perdido en su primer desafío, ante el británico Kyle Edmund, luego no volvió a ceder parciales. El 6-4 y 6-4 en los cuartos de final frente al eléctrico Diego Schwartzman terminó siendo la estación más dificultosa. Así y todo, en la lucha contra el Peque, Rafa la terminó ganando con autoridad cuando el argentino no pudo mantener la intensidad ni la precisión en los últimos games.

"Lo importante es sentirse competitivo, eso es lo más importante. Si estoy bien y me siento competitivo, entonces soy feliz", expresó Nadal, que si bien conserva a Toni Nadal y a Francis Roig en su equipo de entrenadores, la aparición el año pasado de Carlos Moyá renovó positivamente el clima del grupo. En octubre pasado y por molestias en la muñeca izquierda, sorpresivamente Rafa interrumpió su calendario cuando tenía por delante los torneos de Basilea, París Bercy y el Masters de Londres. En aquel momento, con algunos fantasmas sobrevolando, era prácticamente imposible pensar en éste presente del español. Pero sobre la base del esfuerzo y con el optimismo que siempre lo identificó, Nadal vuelve a demostrar que su voluntad mueve montañas. Cuanto más terminado lo dan, más fuerte se hace.

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