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Boca se desinfla: de la ráfaga goleadora de fin de año al freno en un momento decisivo

Terminó 2016 con 14 goles en cuatro partidos y ahora lleva 10 en siete; el líder volvió a jugar mal e igualó 0-0 en Rafaela; las razones de un bajón futbolístico y la inquietud de un DT que interrumpió la conferencia por un insulto

Lunes 24 de abril de 2017
Rostros cabizbajos y preocupación; el equipo de la Ribera sumó dos puntos de los últimos seis y rompió una racha de 19 partidos marcando al menos un gol
Rostros cabizbajos y preocupación; el equipo de la Ribera sumó dos puntos de los últimos seis y rompió una racha de 19 partidos marcando al menos un gol. Foto: Marcelo Manera
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RAFAELA.- Boca está ingresando en una dimensión desconocida. No sólo porque le duele perder puntos por el simple hecho de que quedan en el camino, sino que -a la vez- invita a que los perseguidores se ilusionen y se acerquen al único líder. El equipo de la Ribera no es el mismo que dejó una vara alta cuando metió esa seguidilla de victorias fundamentales sobre el final del año pasado. Esa que lo puso en la punta del campeonato y lo convirtió, de la noche a la mañana, en el máximo candidato a quedarse con el título, después de fracasar no sólo en las semifinales de la Copa Libertadores sino también en la Copa Argentina que necesitaba para volver rápido a la competición continental.

No saber qué pasará con su futuro futbolístico es justamente lo que más incomodidad le produce. En su versión 2017, Boca no da las garantías que había exhibido sobre el cierre del año pasado, y ya no puede asegurar cuándo volverán esas producciones que llenaron los ojos de todos.

Más allá de que se mantiene en lo más alto de la tabla (ahora con sólo tres unidades de diferencia sobre Newell's, su único escolta), la situación empieza a preocupar y la ecuación cambió: no juega para nada bien y, por ende, la potencia goleadora que hizo grandes diferencias en los partidos más difíciles hoy ya no se ve. A Boca todo le cuesta. ¿Por qué?

Los números no son negativos, pero marcan una diferencia entre una cara de la moneda y otra, que se evidencia en la distancia cada vez menor que lo mantiene en el liderazgo. El xeneize terminó la primera etapa del campeonato convirtiendo 14 goles en las últimas cuatro fechas: dos a San Lorenzo y cuatro a Racing, River y Colón de Santa Fe. En cambio, en los siete partidos que lleva disputados en el 2017 pudo gritar en diez oportunidades. La diferencia refleja que ese poder de gol se fue quedando en el camino. Salvo en el 2-0 frente a Banfield y en el 3 a 1 ante Vélez, en ambos casos en condición de visitante, sus otras dos victorias (San Martín de San Juan y Defensa y Justicia) fueron por la ventaja mínima. Además, hubo dos igualdades y una derrota. En caso de no recuperar ese poder de fuego ofensivo, permanentemente pondrá en riesgo sus chances de ganar el torneo, algo que hasta hace no más de dos semanas parecía un trámite fácil de resolver, incluso teniendo en cuenta el fixture que tenía por delante.

Encima que la defensa no ofrece garantías, las razones de la escasez goleadora son varias. Por un lado, los hombres de los Mellizos no dejan de extrañar a Fernando Gago y a Ricardo Centurión, ambos alejados del campo de juego por lesión. A tal punto que cuando no contaron con ellos, el grupo decayó anímicamente. Y aunque el técnico siempre sostuvo que era el equipo el que los debía reemplazar, no pudo conseguirlo. Ambos, junto a Carlos Tevez, fueron los grandes artífices de la racha que lo hizo puntero. Con su claridad y precisión, Pintita potenció a Carlitos desde la mitad de la cancha, mientras que el Apache logró buena química con Ricky, algo que desembocó en un poderío ofensivo bien aceitado. Cuando ellos no están, Boca no tiene juego claro en el medio y baja la eficacia en el campo contrario: exactamente lo que sucedió ayer en el estadio Nuevo Monumental.

Los que deben hacerse cargo del juego cuando esos futbolistas no están, no asumen la responsabilidad. A Pablo Pérez y a Rodrigo Bentancur les cuesta demasiado llevar los hilos del equipo. Sin embargo, por los reiterados bajos rendimientos ante contextos semejantes, parece ser una cuestión compleja de solucionar. En el 0 a 0 ante Rafaela ninguno estuvo preciso para que el ataque tuviera la peligrosidad pretendida. Para ellos es importante tener detrás a un jugador como Barrios, que en los últimos dos partidos fue la figura por sus constantes quites, pero más vital parece ser la presencia de Gago, quien casi con seguridad volverá el próximo domingo ante Arsenal.

El momento de los delanteros también explica las diferencias. Excepto Darío Benedetto, que empezó a ganarse el corazón de los hinchas con su gran arranque de año (5 tantos que le permiten sumar 12 y estar a uno de Sebastián Driussi, el goleador del torneo), el resto de los atacantes no pasan por una buena racha. Cristian Pavón, a pesar de sus tantos a San Martín y a Vélez, no se reencuentra con el jugador que supo destacarse en el primer semestre de 2016. Y Junior Benítez, Nazareno Solís y Fernando Zuqui no mostraron comodidad en los extremos. Es muy evidente que Centurión se convirtió en una pieza irremplazable.

Tanto mal le hace la decadencia frente al arco rival que en la tarde rafaelina el equipo consiguió dos estadísticas negativas: no ganó como visitante después de haber encadenado seis victorias seguidas en esa condición (Gimnasia, San Lorenzo, River, Banfield, San Martín y Vélez), y no convirtió goles, algo que sólo le había sucedido en la primera fecha (0-1 ante Lanús, en la Fortaleza), el 28 de agosto de 2016.

"¡Dejá de llorar, cagón!", le gritaron a Guillermo, mientras hablaba con la prensa. Fue motivo suficiente para que el DT finalice su conferencia tras un empate que, lejos de darle respuestas, le dejó demasiadas preguntas cuando faltan nueve fechas para el final del campeonato y, en el fixture, empiezan a asomarse rivales directos, como Estudiantes, Newell's y River.ß

Boca parece acostumbrarse a situaciones como esta. Le suceden hechos que otros equipos de la elite del fútbol argentino casi no experimentan. Cuando el escenario es demasiado accesible, se nubla. Y cuando se ve obligado, siente una confianza ciega y rinde examen sin inconvenientes. En lo que va de 2017, el equipo de los Barros Schelotto convive con esa contradicción. La presión lo motiva y el tropiezo de sus inmediatos perseguidores lo agobia.

Lo que anoche vivió en el empate 1-1 ante Patronato estuvo situado en la segunda circunstancia. Y se duplicó. Por un lado enfrentaba a un rival de mucha menor jerarquía y demasiada inferioridad en la tabla de posiciones (18°): en la previa, todo parecía indicar que la racha de victorias se alargaría. Pero Boca, como en los anteriores dos partidos que disputó de local (Talleres y Defensa y Justicia) jugó mal, lo que derivó en lo que más lamenta: no aprovechó los puntos que perdieron San Lorenzo, Newell's y Estudiantes y no pudo estirar la diferencia, aunque aún sigue teniendo un margen de cinco unidades en la cima.

"No tuvimos un buen partido y en un rebote perdimos dos puntos", se lamentó Guillermo en la conferencia de prensa. Y agregó: "Es difícil de explicar: sólo llegaron una vez y nos empataron."

La vuelta a la Bombonera, tras el receso, también fue amarga más allá del golpe que le propinó Talleres, de Córdoba: el 1-2 en el cierre del encuentro le impedía sacar seis puntos de ventaja sobre San Lorenzo, que había perdido en Mendoza ante Godoy Cruz.

Desde que arrancó este año, Boca no supo aprovechar los tropiezos de sus rivales directos en la tabla. En la reanudación del torneo era San Lorenzo, con su victoria a Belgrano, el que lo había alcanzado en la cima minutos antes de que los de la Ribera visiten a Banfield. Con mucha autoridad se impuso en el Sur y volvió a recuperar la diferencia. Dos fechas más tarde, el Ciclón seguía pisándole los talones, pero el xeneize jugó bien en San Juan, ante San Martín y guardó en la valija un 2-1 que, además, sirvió para olvidarse del tropiezo ante la T.

En la Fecha 18° Boca empezó a ampliar la diferencia tras la derrota sobre la hora de San Lorenzo, pero en su visita a Vélez tenía en su cabeza los triunfos de sus tres perseguidores. ¿Le afectó? Todo lo contrario: jugó el mejor partido del año y el 3-1 dio la sensación de que se quedó corto.

Boca, un equipo que le hace frente a la presión de los que vienen detrás, pero que parece no soportar que el campeonato se le presente tan fácil.

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