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River fue llamativamente ingenuo al dejar escapar un triunfo que lo acercaba a Boca

No tuvo contundencia para llevar al resultado su superioridad en el juego; esta vez pagó caro un descuido defensivo; cortó una serie de cinco victorias consecutivas

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LA NACION
Lunes 24 de abril de 2017
Alario se anticipa a Dutari y remata con una media vuelta que tapará Chiarini, en una de sus mejores atajadas de la noche
Alario se anticipa a Dutari y remata con una media vuelta que tapará Chiarini, en una de sus mejores atajadas de la noche. Foto: Fabián Marelli
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1 River

1 Sarmiento

A River se le hizo realidad esa publicidad que tiene como un abrupto remate el final de tanta dulzura. Porque venía de lo más goloso, saboreando cinco triunfos consecutivos, con una idea de juego consolidada, una superioridad manifiesta sobre Sarmiento, varias situaciones de gol para asegurar la victoria, un ambiente festivo y optimista, en el que se cantaba que Boca, al que visitará dentro de tres semanas, es un líder alcanzable... Y de pronto, lo dulce desaparece, se interrumpe por un trago amargo, por un sabor agrio. Se le corta la digestión de un triunfo que venía amasando con la receta que en los últimos partidos lo había dejado satisfecho, en forma y robusto para darle continuidad a una persecución que debe hacer a alta velocidad para compensar el terreno perdido en tramos anteriores.

Así pasó un domingo en el que Boca y River se alegraron más por lo que le pasó al otro que por lo propio. River no necesitó la típica arenga de motivación y voces de aliento que se dan los jugadores antes de entrar en la cancha. Le bastó con ver por televisión que su salida del vestuario para enfrentar a Sarmiento coincidía con el 0-0 de Boca en Rafaela. Ahí estaba la vitamina, el estímulo para seguir podando diferencias con el puntero. Y la ocasión se presentaba propicia porque el escollo era este Sarmiento que no sólo está estancado en los puestos de descenso, sino que cada vez se entierra más por el repunte de Temperley.

No hay debate sobre la formación de River. Hay once que se ganaron el puesto, jugadores que Gallardo fue encontrando como los más idóneos para interpretar su idea de juego: líneas adelantadas, vocación para asociarse mediante el pase, ensanchamiento del campo con las proyecciones de los laterales, elaboración interior con Nacho Fernández, Rojas y Pity Martínez, el retroceso de Driussi para participar de la elaboración y que alguien llegue por sorpresa desde atrás, ambición ofensiva como precepto incorporado. Parecía un bagaje más que suficiente para imponerse a un rival modesto.

Estaban todos, incluido Ponzio, a quien le vino bien el descanso de hace una semana frente a Tigre para refrescar las piernas, llegar a los costados y hacer los relevos en un equipo en el que la mayoría pone la vista al frente y los pies en campo contrario.

Inclusive, River se ajustaba a esa percepción de conjunto que va madurando los partidos, que los mastica hasta darse el bocado del éxito. Consiguió varios triunfos en los segundos tiempos. River es más una fuerza dominante que arrasadora, anuncia que va a llegar al gol, lo va advirtiendo. Por eso no había tanta cabida para la preocupación cuando el primer tiempo se le fue con un 0-0.

Había puesto las bases para sacar ventaja en la segunda etapa. Y no tardó, porque a los cuatro minutos, Driussi se encontró de frente al arco con un centro atrás de Nacho Fernández al que Moreira dotó de sorpresa al dejar pasar la pelota. No sólo el 1-0 era lógico, sino que parecía anunciar la llegada de más tantos. Quedaba en una anécdota que Driussi, Alario y Moreira no pudieran ajustar algunas definiciones, o que una chilena de Auzqui haya quedado dibujada en el aire sin poder impactar la pelota.

Hay algunas razones que explican que River no haya ganado un partido que, valga la paradoja, lo tenía ganado:

1) No contó con la puntualidad goleadora de Alario. Se sabe que el delantero puede pasar varios minutos sin tocar la pelota, pero eso no significa que no esté metido en el partido. Ayer esa sensación de aislamiento se acentuó cuando su primera intervención positiva fue el rechazo de un centro en el área propia. Antes no había podido conectar un desborde Casco y Chiarini mostró grandes reflejos para desviarle una media vuelta. Un cabezazo desviado y un remate que le tapó un defensor completaron su contribución. Gallardo no lo vio bien y lo reemplazó por Mora a 25 minutos del final, sin dejarse llevar por ese axioma que dice que a los goleadores hay que esperarlos, y más si el encuentro no está definido.

2) River pasa sobresaltos en la defensa. A espaldas de las proyecciones de los laterales caen varios pelotazos rivales. Martínez Quarta cubre y corrige con celeridad, pero Maidana, con una rodilla maltrecha, no tiene velocidad suficiente cuando lo sacan a correr en espacios abiertos. Aunque esporádicas, Sarmiento tuvo algunas oportunidades en el primer tiempo por los metros despejados con que se encontró. Es cierto que el empate llegó por una vía totalmente distinta, tras un córner que River no pudo despejar, la pelota que vuela de un lado al otro sin dueño hasta que Pérez Godoy la empalma con una parábola tan extraña como lo fue el empate

3) Chiarini se fue de River siendo suplente, primero de Barovero y después de Batalla. Nunca dio garantías para confiarle el arco con continuidad. Anoche volvió al Monumental para ser el mejor de Sarmiento. Atajó las fáciles y se lució en alguna complicada.

Siempre tan mimetizado con el discurso de su técnico, este River hizo válidas las palabras del viernes de Gallardo, en el sentido de que el candidato sigue siendo Boca, sobre todo si el equipo tiene días en los que es más verde que la camiseta de Sarmiento.

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