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Larga vida al jazz

El género parece estar más vivo que nunca: shows, clubes por doquier y programas de TV y radio se multiplican al compás de una audiencia que crece a pasos agigantados

Lunes 24 de abril de 2017 • 14:22
El regreso de un clásico, con opciones para todos los gustos
El regreso de un clásico, con opciones para todos los gustos.
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Es el sueño inapelable de Sebastian, el personaje que Ryan Gosling interpreta en la multipremiada La La Land. Pianista talentoso y harto de tocar melodías cursis, ambiciona abrir su propio club de jazz, el género del que está enamorado y en el que realmente se luce. Pero en la Los Ángeles en la que vive no parece haber lugar para un negocio así -y sí, en cambio, para integrar una boy band bien comercial-. A medida que la trama avanza, sin embargo, su sueño seguirá latiendo con fuerza y lo obligará a pararse frente a la disyuntiva de quedarse en lo seguro y rentable o arriesgarse y defender aquello que lo conmueve.

Sin intención de arruinarle el final a nadie, podríamos decir que la Buenos Aires de estos días sería de gran agrado para Sebastian. Es que, desde hace unos años, la ciudad bulle de propuestas donde escuchar buen jazz, desde clubes ad hoc hasta recitales de grandes figuras del género que visitan el país (y otros tantos locales), pasando por programas de TV y radio. Las opciones son cada vez más amplias, y crecen a la par de un público que se deja seducir por la gracia de esta música, en cuyos acordes es posible viajar a décadas doradas y a una elegancia atemporal.

En pleno florecimiento

Cuando Eduardo Canzobre creó el programa Jazz Blue, todo el arsenal con el que contaba eran sus propios discos y su amor por el género. Desde ese lugar y con la voz del locutor Gabriel Galar como presentación, gestó un espacio en el que incluso aquellos no conocedores del tema podían sentirse a gusto los domingos por la noche (de 20 a 22 hs. en FM Blue, 100.7). De eso hace ya 10 años, y el programa no solo es un espacio casi de culto, sino que también es uno de los grandes pioneros que se enorgullecen y alegran con este crecimiento. "Hoy, por suerte, la música es muy accesible, puedo mandarle un mail a un músico y que me envíe su disco para poner al aire. Cuando arranqué era solo yo y mis discos...", recuerda.

Para Canzobre, el hito podría marcarse hace unos tres años. Desde entonces florecieron los clubes (incluso abrió recientemente uno en Pilar, Regio) y se amplió la oferta de recitales del género, al tiempo que los más jóvenes empezaron a acercarse y demostrar interés. Y a la vez, los músicos locales comenzaron a encontrar más lugares donde exponer su arte y, por ende, abrirse a la posibilidad de una carrera. "Eran muy cerrados, porque vivían solo de dar clases y hacer una gira les costaba; tenían que dejar su trabajo cotidiano y perdían dinero", apunta el especialista. Hoy, además de tocar seguido en el circuito porteño y argentino, existen casos que traspasan fronteras, como el sexteto Escalandrum, que hace giras por el mundo y estuvo a principio de mes en el Cape Town Jazz Festival, en Sudáfrica, o el trompetista Mariano Loiácono, quien se presentó en el verano en Italia y España, entre varios otros. "Hay una gran cantidad de músicos argentinos de gran calidad, que sacan discos independientes, porque aún no llegan a la atención de las grandes compañías. Pero tienen enorme proyección, y si tuviesen pasaporte americano o europeo ya serían grandes estrellas", opina Canzobre.

Poblando la grilla

En un género con tantos años y exponentes, empero, la mejor forma de ir abriendo el público es a través de lo más clásico y fácil para el oído. Así, la programación de Jazz Blue hace hincapié en grandes consagrados como Miles Davis o Charlie Parker, pero a la vez los utiliza como vía de entrada a autores más recientes. En ese mix navega el éxito, que hace que personas de entre 25 y 60 años se dejen enamorar un poco más cada domingo.

Similar iniciativa de cautivar sobre todo al público no tan experto tiene el Festival Internacional Buenos Aires Jazz, que este año cumple 9 años y se realizará del 22 al 27 de noviembre. "El programa es amplio, va desde el jazz más tradicional hasta lo experimental y lo moderno, con artistas up and coming y leyendas nacionales e internacionales. Y además de los numerosos conciertos, se realizan presentaciones de discos y homenajes a grandes íconos", relatan desde la organización.

La celebración se realiza en distintas sedes de la ciudad, como el Centro Cultural Recoleta (donde se ofrecen presentaciones en formato acústico), la Usina del Arte, el teatro Presidente Alvear y clubes como La Trastienda, Café Vinilo y Thelonius, entre otros. Además, en la última edición se montó un escenario al aire libre en avenida Del Libertador y Agüero que contó con gran convocatoria.

Más allá de las presentaciones, entre las que se destacan los cruces, donde el público es testigo y juez del diálogo musical entre locales e invitados internacionales, y las jam sessions, el festival se destaca por su sección El Aula. Aquí la idea es reforzar la impronta pedagógica con workshops, clínicas y talleres de ensamble dictados por tres grandes referentes del jazz local: Juan Cruz de Urquiza, el ya mencionado Mariano Loiácono y Jerónimo Carmona.

Desde la pantalla de la TV, en tanto, también hay espacio para este género. Así lo demuestra Jazzología, en el Canal de la Ciudad, que trasladó a este universo el clásico ciclo del Centro Cultural San Martín, que ya lleva 33 años coordinado por Carlos Inzillo "en busca de difundir el jazz en todas sus formas". Precisamente, en él la idea es disfrutar del mejor jazz sin distinción de épocas o artistas, desde lo más mainstream hasta la versión latina, pasando por la pata Nueva Orleans o dixieland, entre muchas otras. También se puede disfrutar los domingos (parece ser un día muy propicio para el género), a las 22:30 hs.

Una nueva forma de salida

Los nuevos clubes de jazz suman, además de un repertorio muy nutrido, gran coctelería y gastronomía
Los nuevos clubes de jazz suman, además de un repertorio muy nutrido, gran coctelería y gastronomía.

A los clubes, finalmente, se les debe también la juventud del nuevo público. Exponentes como Thelonious, Notorious, Virasoro (los más clásicos), Bebop, Boris o Monk (los más nuevos) no solo ofrecen lugares agradables y bien ambientados donde escuchar un enorme registro de bandas, sino que también suman buena gastronomía y coctelería, lo que hace a una perfecta salida con amigos o en pareja. "Cuando venimos con mi marido a Buenos Aires, siempre nos hacemos un espacio para pasar alguna noche por Notorious o Thelonious. Es el programa ideal para escuchar y conocer buena música, y, a la vez, poder charlar y distenderte con tu pareja. Ojalá hubiera más opciones así en Paraná", ilustra Rosario Cepeda, una entrerriana en vías de convertirse en una conocedora del rubro.

La variedad de ciclos y artistas, además, hace que existan variantes todos los días de la semana. "Solo faltarían los happy hours a las 7 de la tarde, como pude disfrutar en París, en el club Duc des Lombards. Pero aunque tenía ese aliciente, podría decir que nuestro Bebop es mucho más lindo y lucido", sentencia Canzobre, la mente detrás de Jazz Blue. Apreciando su visión de éxito pionera en el tema, bien valdría la pena hacerle caso y sumar también esta iniciativa.

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