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Wagner antes de Wagner: una ópera temprana y olvidada

Inusual estreno que llega 180 años después de su primera audición; su inspiración, Medida por medida, de Shakespeare

Martes 25 de abril de 2017
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LA NACION
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En la ciudad de Palermo rige la “prohibición de amar”; es Carnaval y el desenfreno sexual es una pena capital
En la ciudad de Palermo rige la “prohibición de amar”; es Carnaval y el desenfreno sexual es una pena capital. Foto: Gentileza Sim Canetty-Clarke

Cuando se levante esta noche el telón en el Teatro Colón empezará a suceder algo inusual. El estreno de una ópera de Richard Wagner más de 180 años después de su primera audición. Das Liebesverbot (La prohibición de amar) puede parecer ahora una curiosidad (y probablemente lo es), pero no era ése el destino que, hacia 1836, tenía en la cabeza el compositor para su obra. Por el contrario, y según sabemos por su autobiografía, Wagner depositaba todavía alguna confianza en la pieza: "Mis proyectos futuros se basaban en el éxito de esta obra. También Minna [su mujer de entonces] parecía compartir mis esperanzas". Las cosas no salieron como él esperaba: no hubo más de dos funciones y hoy la ópera no integra tampoco el "canon de Bayreuth".

El estreno en Magdeburgo tuvo lugar en malas condiciones. Las particellas eran difíciles y no había más de diez días para todos los ensayos. "La empresa era harto temeraria -contaba Wagner-. A pesar del carácter ligero de la música, no se trataba de una simple opereta, sino de una gran ópera con varios coros y piezas de conjunto terriblemente arduas."

La frase de Wagner es significativa en dos sentidos: por un lado, porque revela las dudas del compositor que debe además dirigir su propia ópera; por el otro, porque todavía sigue llamando a sus trabajos "ópera" en lugar de drama musical. Esto revela que este Wagner era todavía un "Wagner antes de Wagner". Para empezar, el libreto, aunque propio, es subsidiario. La prohibición de amar procede de Medida por medida, de William Shakespeare. Pero, por otro lado, encontramos ya insinuaciones del Wagner posterior, ese que empezará a ser evidente de la manera más clara en El holandés errante. A diferencia de la tempranísima Las hadas, vemos aquí un progreso hacia Wagner más tardío y su uso sistemático del leitmotiv.

Foto: Arnaldo Colombaroli / T. Colón

Escribía Wagner en la introducción de Ópera y drama: "El error en el género artístico de la ópera consiste en haber convertido un medio de expresión -la música- en fin, y el fin de la expresión -el drama- en medio". El problema residía, ya en Lohengrin, estrenada en 1850, un año antes de ese texto, en acertar con la forma sinfónica del drama musical. El problema de fondo era, en principio, el sistema tabicado de arias y números de la ópera italiana, y luego, el desaprovechamiento de la orquesta, cuyas fuerzas se dilapidaban como mero acompañamiento de la voz. La llamada "melodía infinita" fue una de las invenciones propuestas por Wagner. El compositor pretendía construir así su propia genealogía, puesto que la "melodía infinita" aparecía, según él, ya en El clave bien temperado, de Bach, e incluso, como observa en el ensayo La música del futuro, está también en las sinfonías de Beethoven. La melodía infinita no es una melodía sin cesuras, sino una melodía incesantemente expresiva, es decir, sin fórmulas preformadas. Digámoslo sin vueltas: La prohibición de amar se recorta todavía sobre el horizonte de la ópera y no del drama. Es la prueba de la lucha de Wagner por violentar y torcer las reglas de un género que aún en esa etapa tan temprana le resultaba insuficiente. Lo mismo pasa con el tratamiento melódico, que se desmarca de las influencias italianas y francesas.

Kasper Holten, danés y wagneriano
Kasper Holten, danés y wagneriano. Foto: Gentileza Sim Canetty-Clarke

En la visión de Wagner, la sinfonía aparece como un drama musical aún irredento; la importancia del movimiento coral de la Novena de Beethoven consistía en haber dado, con el uso de la palabra, un primer paso en esa emancipación. Se le restituyen los fueros perdidos a la orquesta, que ya no será un mero acompañamiento sin sustancia, aunque, por otro lado, se le asignan particulares funciones narrativas. No se trata sólo de la caracterización propia del leitmotiv. Como señala el musicólogo Carl Dahlhaus, la música orquestal "expresa el aspecto interior de las acciones" y de las palabras cantadas y, por lo tanto, constituye un lenguaje detrás del lenguaje.

En Das Liebesverbot no tenemos todavía la evidencia de este lenguaje detrás del lenguaje. En cambio, se advierte ya el drama detrás del drama que dará lugar a esa poética. Un campo de batalla y una auténtica anticipación.

El elenco

La dirección musical de La prohibición de amar es de Oliver von Dohnanyi; la dirección de escena, de Kasper Loteen. Principales intérpretes: Lise Davidsen; Jaquelina Livieri, María Hinojosa, Mónica Ferracani; Peter Lodahl, Pablo Pollitzer, Christian Hübner, Mariano Gladis; Hernán Iturralde, Gustavo Gubert, Carlos Ullán, Iván Maier; Sergio Spina, Gabriel Centeno; Fernando Chalabe, Duilio Smiriglia; Norberto Marcos, Sebastián Sorarrain; Emiliano Bulacios, Alejandro Spies; Marisú Pavón, Vanessa Aguado Benítez. Funciones: hoy, viernes, sábado y martes 2, a las 20; domingo 3, a las 17. En el Teatro Colón, Libertad 621.

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