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Agustín Edwards: el poderoso empresario de medios que marcó los años más difíciles de Chile

Martes 25 de abril de 2017
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PARA LA NACION
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SANTIAGO, Chile.- A los 89 años, luego de pasar varios meses con complicaciones de salud, murió ayer el empresario Agustín Edwards, dueño del holding El Mercurio, una de las dos más grandes y poderosas cadenas periodísticas de Chile.

Edwards nació en París en 1927. Estudió periodismo en la Academia Woodrow Wilson, en Estados Unidos, y luego de trabajar en el Herald Tribune, de París, y en The Times, de Londres, asumió en 1958 la presidencia de la empresa editorial de su familia en Santiago, que incluye el diario con más historia y peso del país. De su padre también había heredado la administración de una embotelladora, una universidad, una compañía de seguros, una línea aérea y un banco.

Cercano a la derecha conservadora, Edwards tuvo seis hijos, dos de los cuales siguieron sus pasos en la industria de los medios. Uno de ellos, Cristián, fue secuestrado en 1991 por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que lo mantuvo 145 días en cautiverio. Fue el momento familiar más duro en la vida del jefe de El Mercurio.

Aparte de los negocios, Edwards fue fanático del rodeo y de la tecnología. Su influencia en la vida política chilena de fines del siglo XX fue central y se proyectó al extranjero. Informes desclasificados de Estados Unidos destacan el rol activo que tuvo desde 1970 en adelante, cuando comenzó a reunirse con Richard Helms, director de la CIA, y con el entonces presidente Richard Nixon.

Entre ese año, cuando asumió el socialista Salvador Allende en Chile, y 1975, cuando ya el país estaba bajo la dictadura de Augusto Pinochet, Edwards decidió autoexiliarse en Estados Unidos, donde fue vicepresidente de la empresa Pepsico. Lo hizo porque sentía que su seguridad corría peligro. Años más tarde diría en una entrevista que lo tenían vigilado en su casa.

Según investigaciones periodísticas de Estados Unidos, el empresario fue uno de los mayores aliados de la CIA en el proceso de desestabilización de Allende que terminó en Chile con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

La última controversia la zanjó en 2015 el Tribunal de Ética del Colegio de Periodistas, cuando expulsó a Edwards de las filas del gremio por faltas a la ética en las informaciones que entregó el diario El Mercurio durante la visita del papa Juan Pablo II a Chile en 1987. Ayer, el mismo colegio emitió un comunicado en el que se refirió a un "oscuro legado", pero aclaró que su deceso no le produce "satisfacción alguna".

Al conocerse su fallecimiento, los líderes políticos chilenos se volcaron a valorar que Edwards abriera espacios de diálogo en el país. Desde el comunismo y los movimientos de derechos humanos recordaron que fue cómplice del régimen de Pinochet. A su vez, la derecha más ferviente habló de "un defensor de la libertad".

El gremio de los comerciantes, más escueto, lo calificó como "un pionero" y "destacado empresario".

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