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Nadie se puede dormir en los laureles:el ballottage todavía no está ganado

Miércoles 26 de abril de 2017
The New York Times
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LONDRES.-¿Puede el graduado de las escuelas de élite de Francia, antes banquero de inversiones y ex ministro de Economía de un presidente socialista impopular imponerse, en tiempos en que el disgusto de los franceses por la política es... igual que siempre?

Me planteo la pregunta porque el mayor peligro que corre Emmanuel Macron, que es al mismo tiempo una cara fresca en la política francesa y un producto muy reconocible del sistema francés, es dar por sentado que una victoria en primera vuelta hace inevitable un triunfo en el ballottage.

Y no lo es. Así que Macron, un neófito en la política, tiene que ponerse a trabajar.

Marine Le Pen, que sacó un 21,4% en primera vuelta frente al 23,9% de Macron, no es la favorita, pero su triunfo es plausible, a diferencia del de su padre cuando fue aplastado en segunda vuelta en las elecciones de 2002. Unos 7,6 millones de franceses la votaron, 2,8 millones más que a su padre en la primera vuelta de hace 15 años. Nunca antes el Frente Nacional, un partido racista, había sacado más de un 20% de los votos. Y que ese resultado de Marine haya aliviado tanto a algunos círculos franceses marca la medida del firme crecimiento de su partido.

La disrupción flota en el aire como un síntoma de época, y la agitación nacionalista, antiinmigrantes y antieuropea de Le Pen es su manifestación más potente. Los partidos del establishment político de centroderecha y centroizquierda volaron por los aires, y con ellos también una parte esencial del tejido de la Quinta República.

Los llamados que ahora hace ese mismo establishment político a levantar la muralla de la república contra ese partido xenófobo salido del pozo séptico del fascismo de Vichy son sinceros, pero ya no son determinantes. El 7 de mayo, Macron tiene que ganar, y no esperar que Le Pen pierda. La grieta entre las metrópolis globalizadas y el interior deprimido que produjo el trastocamiento de la política en Gran Bretaña y Estados Unidos existe igualmente en Francia. París le dio a Le Pen menos del 5% de sus votos, mientras que en el afligido este del país Marine arrasó. Macron tiene que levantar una barrera contra la agitación cultural que prevalece en el mundo. Es esencial que lo haga, tanto para Francia como para Europa. La Unión Europea puede sobrevivir al Brexit, pero colapsaría ante un eventual Frexit.

Conocemos de memoria lo que nos espera en las próximas dos semanas. Le Pen atacará a Macron tildándolo de títere del hombre al que sirvió, el presidente François Hollande. Lo atacará por haber sido banquero de los Rothschild, un hombre "del sistema", un elitista y un globalizador. Intentará explotar el mismo enojo, ansiedad y resentimiento difusos que causaron el Brexit y encumbraron a Donald Trump. Estará sembrando en terreno fértil: nadie más dado al malestar que los franceses. Y Rusia, decidida a socavar a la Unión Europea, la ayudará todo lo que pueda.

Alrededor del 41% de los franceses de extrema derecha y de extrema izquierda votaron por candidatos que apoyan la posible salida de Francia de la Unión Europea y el abandono del euro. Los de izquierda votaron por Jean-Luc Mélenchon, cuyo movimiento Francia Insumisa todavía no llamó a sus partidarios a frenar a Le Pen. Muchos de ellos se abstendrán, algunos incluso tal vez voten por ella. Extremos que se tocan. A eso hay que sumarle la defección en favor de Le Pen de los seguidores más derechistas del conservador François Fillon. Cuando uno toma en cuenta todo eso, la amenaza para Macron se hace tangible.

Las encuestas, que resultaron acertadas para la primera vuelta, muestran a Macron claramente encima de Le Pen. El peor enemigo de Macron sería la arrogancia. Allí donde Hillary Clinton no prestó atención a las razones de la popularidad de Bernie Sanders, Macron tendrá que aceptar el factor Mélenchon.

El mes pasado estuve en Francia y escuché con sorpresa que Macron declaraba: "La modernidad es disruptiva, y yo apoyo eso". Palabras valientes y alentadoras, como su emotivo apoyo a la Unión Europea y su empatía con los refugiados. Pero el foco de los partidarios de Mélenchon está puesto en la preservación del Estado de Bienestar francés, la construcción de una "Europa social" y la lucha contra la desigualdad. De todas las naciones industrializadas, Francia es la que más reparos tiene con el capitalismo del siglo XXI. Macron tendrá que atemperar sus instintos innovadores pro libre mercado y pro tecnología con una fuerte dosis de solidaridad gala. Un juego de equilibrio en la cuerda floja.

Macron tiene 39 años y hasta el momento se las ha arreglado bastante bien, armando un espacio político nuevo en el lapso de un año. Ahora, el desafío supremo ha llegado, tanto para él como para la Quinta República.

Traducción de Jaime Arrambide

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