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El impacto político de la "herencia recibida" con el traspaso

LA NACION
Miércoles 26 de abril de 2017
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El gobierno porteño debe lidiar, por estas horas, con el fortísimo impacto político que significa que su jefe de policía, el primero de la nueva fuerza formada por la sumatoria de la Metropolitana y de casi la mitad de la Federal, esté preso.

A pesar de que el jefe comunal, Horacio Rodríguez Larreta, y su ministro de Justicia y Seguridad, Martín Ocampo, no pierden la esperanza de que José Pedro Potocar pueda responder ante la Justicia y salir libre de las acusaciones, ya nada será igual: él era el jefe de la Dirección General de Comisarías y bajo su deber de control ocurrieron los hechos de corrupción que son objeto de la investigación del fiscal Campagnoli. Por eso, quizás el costo político de reponerlo en el cargo sea demasiado alto.

El caso por las coimas de la comisaría 35», por el cual Potocar cayó ahora preso, puede no ser el único. Ya pasó con la seccional 49» (con ocho policías condenados), podría pasar pronto con la 51». Es, en todo caso, un síntoma común a la Federal y muchas otras policías: cuando se tiene el control de la calle, algunos usan ese poder en provecho propio. La corrupción, entonces, corre a través de las estructuras de las fuerzas y forma parte de "la herencia" a recibir tanto como los recursos materiales y humanos.

Antes de que se concretara el traspaso de las comisarías y de los cuerpos de seguridad metropolitana de la Federal a la órbita de la Ciudad, muchas voces, en especial de la oposición a la gestión Pro, advertían del peligro de comprar "un paquete a libro cerrado". Es cierto que el traspaso prácticamente exigía ese "tómalo o déjalo". Y que la complicada transición casi no dejaba margen para otra decisión que la de designar a un oficial superior de la antigua estructura como jefe de la nueva.

Hace 15 meses, Guillermo Calviño, entonces superintendente de Seguridad Metropolitana (jefe de todas las comisarías y cuerpos urbanos) quedó a cargo de la transición. A fines de año, el gobierno eligió a Potocar, ex director general de Comisarías, como jefe de la nueva Policía de la Ciudad, integrada en sus tres cuartas partes, justamente, por federales. Controlar a la tropa completa exigía, pues, un nombre propio de la vieja Federal. Esa solución incluía, por cierto, el problema de lidiar con el pasado.

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